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La estupidez corre por río San Juan


Desde siempre, Nicaragua y Costa Rica disputan la soberanía sobre el río que las separa, sobre el cual no debiera caber más discusión que la inherente a un río fronterizo cualquiera, como tantos que demarcan la frontera entre dos o más naciones. Pero no en este caso. Hasta ahora, los gobiernos de ambas naciones habían procurado no provocar innecesarias tensiones, restringiendo la presencia de fuerzas armadas en el área, salvo las de patrullaje policial y migratorio.
Ha habido ocasiones, sin embargo, que el río San Juan se ha convertido en un sitio de tensión bélica. Ocurrió por ejemplo durante la guerra civil de Nicaragua que dio al traste con la dictadura de la familia Somoza. Fuerzas insurgentes usaban el río para movilizar tropas y pertrechos. El ejército somocista aprovechó el hecho para agredir a Costa Rica, hasta el punto que Venezuela llegó a emplazar aviones de guerra para defender a los ticos, que carecen de ejército. El mismo Omar Torrijos envió apresuradamente un contingente de tropas en su respaldo, pero no fueron aceptadas.
Esta vez, el gobierno del presidente Abel Pacheco, de Costa Rica, colmado por la inmigración ilegal y por lo permeable de la indefinida frontera, demandó a Nicaragua ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya. Y la reacción de Nicaragua, cuyo mandatario es Enrique Bolaños, fue bárbara.
Llamó a consultas a su embajador en San José y ordenó a su ejército a ocupar el río, con órdenes de no permitir patrullas ticas.
¿A qué juega el presidente Bolaños de Nicaragua con su país ahogado en la miseria y en la inestabilidad politica? Sencillamente a la misma carta nacionalista que jugó en su momento la dictadura argentina cuando invadió las Malvinas, con resultados conocidos. Y Costa Rica, en cambio, jugó la única opción civilizada posible, la pacífica, entendida como la negociada, la arbitral o la judicial.

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