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La ex presidenta Moscoso


¿Cómo recordamos al ex presidente Endara?. Los criterios variarán según colores y tiempos. Los colores políticos de sus adversarios parecen en este tiempo haberse unido a los de algunos de sus amigos de ayer, que llenaron sus barrigas en el palacio. ¿Y al ex presidente Pérez Balladares?. Si entrevistamos hoy a los que unos pocos años atrás decían de él: "Nadie como él en todo el siglo"; seguramente se harán los chivos locos, e incluso, se referirán a Ernesto hasta con sentidos despectivos.
Cada uno de esos dos ex mandatarios tienen, no hay dudas, cualidades y méritos. Cuchungo, desde mi óptica, es un ser campechano como pocos, afable, pintoresco, sencillo; el Toro, organizado, inteligente, e hizo aportes significativos por la economía del país ( como decía de Carlos Andrés Pérez el difunto Gonzalo Barrios en Caracas, aplicable a Pérez Balladares: "lo único que le hace falta es un poquito de ignorancia"). Y, ¿cómo se verá en unos cuatro años a la ex presidenta Moscoso?. ¡Quién sabe!. Sus méritos, indudables, la llevaron a su sitial.
Primera mujer presidenta, y con un esfuerzo asombroso, en un país y en un partido, de supremacías machistas, se abrió paso hasta alcanzar tan elevado cargo. La vimos, con su camisa, sudando gotas, abriéndose paso en la pasada campaña por los sectores sociales más humildes, rodeados de rostros miserables, que se contagiaron con su eslogan, "llegó el cambio". Y esos votos, no el par de millones recogidos por los amigos de negocios, prestos a pasar sus facturas por sus inversiones de influencias, fueron los que la llevaron a gobernarnos.
Luego, en el clímax de su tarea, la observamos enérgica, emergiendo de ese ascensor especial en la plaza 5 de mayo, extendiendo sus brazos al estilo de Evita Perón (a la cual suponemos que leyó y admira). Nosotros, que simpatizamos de alma con aquella líder carismática de Argentina, intuíamos que la presidenta alentaba en su interior un sentimiento parecido a Evita. Ambas de clase media de provincia. Las dos unidas por el destino histórico a figuras impresionantes para sus pueblos. Aquella, artista, bohemia, denigrada por sus adversarios enconados, extremistas en sus pasiones como Eva Duarte; la acusaron de todo, hasta de lo más abyecto. Mireya, calumniada, despreciada, sin duda, por la alta clase que le rinde hoy halagos, para abanicar favores económicos. Las dos, capaces de identificarse con sus pueblos, en particular con los más pobres, que se ven en ellas mismas. ¿Cómo la tratará la futura memoria de ese pueblo que le dio su voto?. ¿Y cómo la saludarán mañana los mismos poderosos que hoy le sonríen?. Algunos conocemos esas diferencias. Ella, la mandataria, estuvo cerca de alguien que se le pudo contar. Que bebió del elixir del poder y las hieles del infortunio, extremos que pocos seres en esta vida tienen la experiencia de sentir.
Mireya Moscoso ganó en una jornada impresionante su presidencia. Le competían dos candidatos bien fuertes: Martín, joven e inexperto, de buen rostro y sentido humano, con una máquina de recoger votos; Alberto, con un ascenso brillante y un perfil muy poderoso para la gente, rodeado de dólares. A ambos los derrotó la muchedumbre popular, que siguió mayormente a la mujer de Azuero, a la viuda de Arnulfo, y a quien podía llevar el pueblo al poder, y traer un cambio, algo que significara otra cosa que ese gobierno de tecnócratas arrogantes que distinguió esa era de Pérez Balladares. Epoca además de enriquecimiento de pocos privilegiados, cercanos al Toro. ¿Por dónde va actualmente Mireya Moscoso?.
Hay percepciones contradictorias. Muchísima gente suya, la que la hizo ganar, ya no habla bien de su gestión. Aunque exageren o hablen simplemente porque los cargos no alcanzaron para todos. ¿Cómo será calificada la mandataria en unos años más?. ¿Cómo será la ex presidenta Moscoso para el pueblo nuestro?. ¡Quién sabe!. Pero ella misma podría ir eligiendo su futuro. Tiene el tiempo de decidirlo.
Como lo hicieron esos dos formidables adversarios históricos, Arnulfo y Omar, que aunque muchos los maten cada día, cada día resucitan en el corazón de miles que no los dejan morir. Los otros, aún vivos, ya están muertos.

101 años de Panamá América

 
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