La falsedad de las palabras
SEGÚN EL Marco Polo de Italo Calvino (Las ciudades invisibles), tan embustero como el real, la falsedad no está en las palabras sino en las cosas. Es decir, la mentira no está en el significado sino en el significante. De allí que las palabras deben ser tomadas no por lo que dicen sino por quién las dice. A lo largo de la vida este aprendizaje suele ser doloroso pero también excitante. Con los años uno aprende a leer entre líneas y en más de una ocasión, detrás de ellas. La trampa de las palabras no está en lo que nombran sino en lo que se quiere que se entienda de ellas y además en lo que el intérprete quiera entender.
La palabra tierra dicha así sin inflexión alguna, tal como está escrita, sin entorno ni contexto puede referirnos a lo que constituye el suelo natural del planeta, también puede ser algo sucio cubierto de polvo, o un continente a la vista del navegante o el lugar donde uno nace o donde yacen sus muertos. La palabra sola no es nada o poco más que eso: un conjunto de símbolos sonoros. Lo mismo sucede con la palabra casa, cada uno de los lectores evocará una distinta. Si como vemos existe gran dificultad para nombrar una cosa simple, una materia o un objeto universalmente conocido: ¿qué no ocurrirá con los términos que se refieren a abstracciones?
Si yo digo: el Canal es el bien más importante de Panamá y quien escucha es un sociólogo, este pensará inmediatamente en la importancia que tiene ese canal para la sociedad. En cambio, yo médico, lo que quise decir es que el canal es el bien psicológico más importante para la nación panameña. Así, cuando un economista afirme lo mismo seguramente querrá que se lo interprete como la posesión económica más valiosa.
Si como afirma el pseudo Marco Polo, la falsedad está en las cosas, el Canal puede ser al mismo tiempo tranquilidad, paz y riqueza, según se mire. De tal modo que para el médico paz y riqueza serán dos falsedades y para el economista lo serán la tranquilidad y la paz. El verdadero Marco Polo sabía muy bien que la falsedad de las cosas radica en la interpretación de quién la percibe y de la intención de quien la dice y no en las cosas. El inventó el término asesino. Lo sacó de una secta musulmana ismaelita donde a los fumadores de hachís le llamaban hachisins o assesins pues mataban por encargo. Cómo bien dice un viajante árabe contemporáneo del veneciano, Ibn-Battutta, los musulmanes matan pero no fuman hachís, ni tabaco, ni beben licor.
He notado que en casi todas las discusiones sobre el tema del Proyecto de Ampliación existe un prejuicio lingüístico de orden psicológico. Cada uno lo interpreta según su parecer. Pero la mayoría acepta que en un futuro no inmediato la modernización, modificación, ampliación o mejoramiento del sistema de transporte interoceánico necesitará actualizarse. Pero el proyecto propuesto es de tal magnitud y de tanta urgencia que se han prendido todas las luces de alarma. Muy pocos están en capacidad de discutir puntos técnicos y de hecho estos son los menos cuestionados. Los asuntos financieros tienen casi la misma raíz problemática que la lingüística porque en economía como en ciencia o en filosofía, al fin y al cabo, todas las afirmaciones y creencias, en realidad son conjeturas.
Si la fiebre no está en la manta: ¿Dónde está? Está en la "biosfera social". En dos concepciones distintas de desarrollo. La económica y la social. Todo el mundo sabe lo que significa para nosotros el Canal pero nadie previó las reacciones que el tema una vez desnudado y arrancado de la imaginación popular -fomentada por una incertidumbre que sirvió para alimentar aún más al monstruo que las fabrica- desencadenaría en la desconfianza, incredulidad y sospecha política de algunos estratos sociales del país, los más golpeados, mientras otros alimentan sueños de progreso y de bienestar económico. Me gustaría saber cuántos panameños conocen el Canal. ¿Cuántos lo han atravesado?
Para las autoridades de la ACP este es un tema técnico y financiero. Para la gente es un dinero que se necesita invertir con más urgencia en otras áreas. Al parecer la ACP no contó con un cuerpo de consulta psicológica para evaluar sus repercusiones en la población, ni el gobierno lo había previsto. Asombra porque este es un proyecto que estaba pensado desde mucho antes de elegir a este gobierno.
La ansiedad por la espera mil veces anunciada y parida con retraso, venció la calma del "quinteto de cuerdos" quienes reflejaron muchos de los puntos que preocupan a un sector considerable de la ciudadanía. El G5 no es el del NO, si interpretamos correctamente sus palabras, sólo se pidió medir el riesgo y trasladar el monto de la producción financiera del Canal a cubrir necesidades que sí son de urgencia notoria, como el empleo, la seguridad, la salud y la educación entre otras. Ellos ven el tema en función social. De pronto el dilema no es la Ampliación sino que ésta ha servido de catalizador de un problema mayor, el que vive toda América Latina: qué modelo de país se quiere. Debajo de todas las conjeturas y argumentos presentados subyacen estas dos teorías: un modelo neoliberal y uno de desarrollo social. Eso es lo que en definitiva se terminará votando en el referéndum.
Lo prudente sería dejar pasar la tormenta de esta mala copia estratégica del "shock and awe" y desmontar hasta que el sol asome. Dejar que la gente se informe, facilitar toda información y unirnos como hermanos en esta cruzada cívica. Votemos pensando en un Panamá mejor para todos y no como en la célebre obra de Jacinto Benavente (Premio Nobel 1922), donde "el protagonista no miente pues no dice que no es rico, pero vive como tal, el criado que no lo es, tampoco miente, pero le sirve bien, el señor no dice que es conde o marqués pero exige ese trato y al final del engaño, el embuste es aceptado por todos como un mal necesario". La obra se titula: Los intereses creados.
La palabra tierra dicha así sin inflexión alguna, tal como está escrita, sin entorno ni contexto puede referirnos a lo que constituye el suelo natural del planeta, también puede ser algo sucio cubierto de polvo, o un continente a la vista del navegante o el lugar donde uno nace o donde yacen sus muertos. La palabra sola no es nada o poco más que eso: un conjunto de símbolos sonoros. Lo mismo sucede con la palabra casa, cada uno de los lectores evocará una distinta. Si como vemos existe gran dificultad para nombrar una cosa simple, una materia o un objeto universalmente conocido: ¿qué no ocurrirá con los términos que se refieren a abstracciones?
Si yo digo: el Canal es el bien más importante de Panamá y quien escucha es un sociólogo, este pensará inmediatamente en la importancia que tiene ese canal para la sociedad. En cambio, yo médico, lo que quise decir es que el canal es el bien psicológico más importante para la nación panameña. Así, cuando un economista afirme lo mismo seguramente querrá que se lo interprete como la posesión económica más valiosa.
Si como afirma el pseudo Marco Polo, la falsedad está en las cosas, el Canal puede ser al mismo tiempo tranquilidad, paz y riqueza, según se mire. De tal modo que para el médico paz y riqueza serán dos falsedades y para el economista lo serán la tranquilidad y la paz. El verdadero Marco Polo sabía muy bien que la falsedad de las cosas radica en la interpretación de quién la percibe y de la intención de quien la dice y no en las cosas. El inventó el término asesino. Lo sacó de una secta musulmana ismaelita donde a los fumadores de hachís le llamaban hachisins o assesins pues mataban por encargo. Cómo bien dice un viajante árabe contemporáneo del veneciano, Ibn-Battutta, los musulmanes matan pero no fuman hachís, ni tabaco, ni beben licor.
He notado que en casi todas las discusiones sobre el tema del Proyecto de Ampliación existe un prejuicio lingüístico de orden psicológico. Cada uno lo interpreta según su parecer. Pero la mayoría acepta que en un futuro no inmediato la modernización, modificación, ampliación o mejoramiento del sistema de transporte interoceánico necesitará actualizarse. Pero el proyecto propuesto es de tal magnitud y de tanta urgencia que se han prendido todas las luces de alarma. Muy pocos están en capacidad de discutir puntos técnicos y de hecho estos son los menos cuestionados. Los asuntos financieros tienen casi la misma raíz problemática que la lingüística porque en economía como en ciencia o en filosofía, al fin y al cabo, todas las afirmaciones y creencias, en realidad son conjeturas.
Si la fiebre no está en la manta: ¿Dónde está? Está en la "biosfera social". En dos concepciones distintas de desarrollo. La económica y la social. Todo el mundo sabe lo que significa para nosotros el Canal pero nadie previó las reacciones que el tema una vez desnudado y arrancado de la imaginación popular -fomentada por una incertidumbre que sirvió para alimentar aún más al monstruo que las fabrica- desencadenaría en la desconfianza, incredulidad y sospecha política de algunos estratos sociales del país, los más golpeados, mientras otros alimentan sueños de progreso y de bienestar económico. Me gustaría saber cuántos panameños conocen el Canal. ¿Cuántos lo han atravesado?
Para las autoridades de la ACP este es un tema técnico y financiero. Para la gente es un dinero que se necesita invertir con más urgencia en otras áreas. Al parecer la ACP no contó con un cuerpo de consulta psicológica para evaluar sus repercusiones en la población, ni el gobierno lo había previsto. Asombra porque este es un proyecto que estaba pensado desde mucho antes de elegir a este gobierno.
La ansiedad por la espera mil veces anunciada y parida con retraso, venció la calma del "quinteto de cuerdos" quienes reflejaron muchos de los puntos que preocupan a un sector considerable de la ciudadanía. El G5 no es el del NO, si interpretamos correctamente sus palabras, sólo se pidió medir el riesgo y trasladar el monto de la producción financiera del Canal a cubrir necesidades que sí son de urgencia notoria, como el empleo, la seguridad, la salud y la educación entre otras. Ellos ven el tema en función social. De pronto el dilema no es la Ampliación sino que ésta ha servido de catalizador de un problema mayor, el que vive toda América Latina: qué modelo de país se quiere. Debajo de todas las conjeturas y argumentos presentados subyacen estas dos teorías: un modelo neoliberal y uno de desarrollo social. Eso es lo que en definitiva se terminará votando en el referéndum.
Lo prudente sería dejar pasar la tormenta de esta mala copia estratégica del "shock and awe" y desmontar hasta que el sol asome. Dejar que la gente se informe, facilitar toda información y unirnos como hermanos en esta cruzada cívica. Votemos pensando en un Panamá mejor para todos y no como en la célebre obra de Jacinto Benavente (Premio Nobel 1922), donde "el protagonista no miente pues no dice que no es rico, pero vive como tal, el criado que no lo es, tampoco miente, pero le sirve bien, el señor no dice que es conde o marqués pero exige ese trato y al final del engaño, el embuste es aceptado por todos como un mal necesario". La obra se titula: Los intereses creados.