La familia de Jesús
Terminamos el año y aunque tenemos que mirar adelante con esperanza, es inevitable detenernos y echar un vistazo retrospectivo a lo que quedo atrás. Por un lado agradecer a Dios por cada día que nos dio y lo que no nos dio en esos días. Por otro lado, bajar la cabeza por todo lo negativo de lo cual fuimos culpables aunque fuera sólo por omisión, por lo que pudiéramos haber hecho y no hicimos por apatía e indiferencia. Repetiremos año nuevo, vida nueva, nuevas esperanzas, nuevas sorpresas.
Hoy la liturgia eclesiástica católica, según la normal frecuencia, nos ofrece la celebración de la fiesta de la Sagrada Familia, la familia de Jesús, como un hito que siempre hay que ver, un ejemplo perenne para todos.
Jesús nació en una familia. Los padres de Jesús fueron María y José. Los evangelios que cuentan la infancia de Jesús, que se escribieron bastantes años después de los hechos que describen dicen que María, cuando ya comprometida con José, pero antes de vivir con él (Mt. 1, 18), tuvo una visión de un ángel del cielo. Ese ángel le dijo a María que iba a tener un hijo, al que le pondría por nombre Jesús (Lc. 1,31). Y le dijo también que su hijo sería reconocido como hijo del Altísimo (Lc.1,32) o lo que es lo mismo, que lo "llamarían hijo de Dios (Lc.1,35). Sin duda a esto se refiere lo que pensaban los cristianos cuando se escribieron los evangelios. Pero mucho antes, cuando Jesús andaba por el mundo, lo que la gente pensaba de él es que era hijo de José (Lc.3,23), de manera que, en el pueblo donde vivía la familia, todos los vecinos estaban convencidos de que José era efectivamente su padre (Lc 4,22). Incluso la misma María le dijo un día a Jesús: "Mira que tu padre (José) y yo te andábamos buscando "(LC 2-,48).
Lo que se puede decir es que si Jesús fue de mayor un hombre que tuvo tanta honradez, tanta bondad, tanta generosidad, todo eso se debe (como le pasa en esta vida normalmente a todo el mundo) a que se crió y se educó en un ambiente familiar en el que vivió y aprendió a ser tan buena persona. Por eso cuando se leen los evangelios y en ellos vemos cómo la gente quería y admiraba a Jesús, hasta quedarse asombrada de lo que hacía y decía, lo primero que no se nos tendría que ocurrir es: ¡Qué categoría de padres tuvo que tener ese hombre!. Porque una personalidad tan grande como la de Jesús es una cosa que no se improvisa. Ni resulta por casualidad. Eso es lo que Jesús heredó de su madre y se lo transmitió a su padre. Así funcionan las cosas en este mundo. Y sabemos que Jesús fue un hombre que, como todos los hombres, empezó por ser un niño que crecía y se hacía cada día más fuerte, aprendiendo y haciéndose más discreto y más sabio (Lc. 2,40.52).
Los padres de Jesús eran gente muy religiosa. Y de acuerdo a sus creencias, educaron a su hijo. Los evangelios nos informan que María era mujer creyente (Lc. 1,45), que aceptó los designios de Dios (Lc. 1,38), aunque seguramente no siempre los entendía (Lc.1,34). Además, ella vivía intensamente la piedad y la gratitud hacia el Señor (Lc.1,46-55). Por su parte, José era hombre honrado (Mt. 1,19) incapaz de hacer daño o quitarle la fama a nadie (Mt. 1,19) y siempre obediente a lo que Dios le mandaba (Mt, 1,20-25). Por eso, cuando nació Jesús, sus padres hicieron lo que hacían todos los judíos piadosos: la circuncisión (Lc. 2.21), la presentación de la madre y el niño en el templo (Lc. 2.22-24), las peregrinaciones anuales a la capital, Jerusalén, como hacían los judíos cumplidores de sus deberes (Lc 2,42-50).
Pero además de todo esto, Jesús tuvo que darse cuenta de que sus padres tenían algunas ideas que no eran compartidas por todos los ciudadanos de aquel tiempo. María, como hemos dicho creía en Dios. Pero un Dios que "derriba de su trono a los poderosos" y que levanta a la gente de condición humilde que "llena de bienes a los que pasan hambre" y que "despide a los ricos con las manos vacías" (Lc.1,52-53). O sea, la madre de Jesús no creía en el mismo Dios en el que creen los poderosos y ricos. Su fe estaba puesta en el Dios de la gente humilde y pobre. Por otra parte, José era muy distinto al José que nos presentan las estampitas, un ancianito de barbas blancas y una flor en la mano. Debió ser un hombre justo, amante de la justicia, de la liberación. Jesús no fue un nacionalista violento pero si revolucionario en sus ideas y manera de vivir y eso lo aprendió en su familia. Donde aprendió a trabajar. Esa fue la familia de Jesús, según los evangelios.
Hoy la liturgia eclesiástica católica, según la normal frecuencia, nos ofrece la celebración de la fiesta de la Sagrada Familia, la familia de Jesús, como un hito que siempre hay que ver, un ejemplo perenne para todos.
Jesús nació en una familia. Los padres de Jesús fueron María y José. Los evangelios que cuentan la infancia de Jesús, que se escribieron bastantes años después de los hechos que describen dicen que María, cuando ya comprometida con José, pero antes de vivir con él (Mt. 1, 18), tuvo una visión de un ángel del cielo. Ese ángel le dijo a María que iba a tener un hijo, al que le pondría por nombre Jesús (Lc. 1,31). Y le dijo también que su hijo sería reconocido como hijo del Altísimo (Lc.1,32) o lo que es lo mismo, que lo "llamarían hijo de Dios (Lc.1,35). Sin duda a esto se refiere lo que pensaban los cristianos cuando se escribieron los evangelios. Pero mucho antes, cuando Jesús andaba por el mundo, lo que la gente pensaba de él es que era hijo de José (Lc.3,23), de manera que, en el pueblo donde vivía la familia, todos los vecinos estaban convencidos de que José era efectivamente su padre (Lc 4,22). Incluso la misma María le dijo un día a Jesús: "Mira que tu padre (José) y yo te andábamos buscando "(LC 2-,48).
Lo que se puede decir es que si Jesús fue de mayor un hombre que tuvo tanta honradez, tanta bondad, tanta generosidad, todo eso se debe (como le pasa en esta vida normalmente a todo el mundo) a que se crió y se educó en un ambiente familiar en el que vivió y aprendió a ser tan buena persona. Por eso cuando se leen los evangelios y en ellos vemos cómo la gente quería y admiraba a Jesús, hasta quedarse asombrada de lo que hacía y decía, lo primero que no se nos tendría que ocurrir es: ¡Qué categoría de padres tuvo que tener ese hombre!. Porque una personalidad tan grande como la de Jesús es una cosa que no se improvisa. Ni resulta por casualidad. Eso es lo que Jesús heredó de su madre y se lo transmitió a su padre. Así funcionan las cosas en este mundo. Y sabemos que Jesús fue un hombre que, como todos los hombres, empezó por ser un niño que crecía y se hacía cada día más fuerte, aprendiendo y haciéndose más discreto y más sabio (Lc. 2,40.52).
Los padres de Jesús eran gente muy religiosa. Y de acuerdo a sus creencias, educaron a su hijo. Los evangelios nos informan que María era mujer creyente (Lc. 1,45), que aceptó los designios de Dios (Lc. 1,38), aunque seguramente no siempre los entendía (Lc.1,34). Además, ella vivía intensamente la piedad y la gratitud hacia el Señor (Lc.1,46-55). Por su parte, José era hombre honrado (Mt. 1,19) incapaz de hacer daño o quitarle la fama a nadie (Mt. 1,19) y siempre obediente a lo que Dios le mandaba (Mt, 1,20-25). Por eso, cuando nació Jesús, sus padres hicieron lo que hacían todos los judíos piadosos: la circuncisión (Lc. 2.21), la presentación de la madre y el niño en el templo (Lc. 2.22-24), las peregrinaciones anuales a la capital, Jerusalén, como hacían los judíos cumplidores de sus deberes (Lc 2,42-50).
Pero además de todo esto, Jesús tuvo que darse cuenta de que sus padres tenían algunas ideas que no eran compartidas por todos los ciudadanos de aquel tiempo. María, como hemos dicho creía en Dios. Pero un Dios que "derriba de su trono a los poderosos" y que levanta a la gente de condición humilde que "llena de bienes a los que pasan hambre" y que "despide a los ricos con las manos vacías" (Lc.1,52-53). O sea, la madre de Jesús no creía en el mismo Dios en el que creen los poderosos y ricos. Su fe estaba puesta en el Dios de la gente humilde y pobre. Por otra parte, José era muy distinto al José que nos presentan las estampitas, un ancianito de barbas blancas y una flor en la mano. Debió ser un hombre justo, amante de la justicia, de la liberación. Jesús no fue un nacionalista violento pero si revolucionario en sus ideas y manera de vivir y eso lo aprendió en su familia. Donde aprendió a trabajar. Esa fue la familia de Jesús, según los evangelios.