La farsa del carnaval
El carnaval es sinónimo de muerte, ya sea por accidentes, VIH (Sida) o por ingesta de drogas, como causas principales, dejando luto y dolor en muchas familias.
Los medios informativos dan a conocer como bebés, niños y adultos nacionales y extranjeros mueren producto de una fiesta infernal, cuyo desenfreno a penas si pueden controlar las autoridades.
En el presente año el carnaval capitalino recibió un aporte del gobierno muy inferior a otras ocasiones; decisión que consideramos inteligente, y quienes lo dirigieron pensaron que la fiesta era propiedad de ellos, sin embargo, al salirse de los parámetros permitiendo consumir licor a menores de edad y otras irregularidades fueron sancionadas.
En Chitré, durante el domingo de carnaval, pasaron por la Sala de Guardia de la Policía más de medio centenar de personas por riñas tumultuarias, violencia doméstica por efectos del alcohol, menores de edad libando licor y hasta intoxicados y personas con actitudes sospechosas por diversos delitos. Situación similar que se registra en cada sector en donde se celebró la farsa.
En realidad la mayoría de las personas rechazan que se celebre el carnaval en su vecindad, les recuerdo tan solo como en Betania, Pueblo Nuevo y Bella Vista de la ciudad capital, la gente no deseaba la juerga en el sector. Igual sucedía con su recorrido.
En las Tablas se denunció que los gays se tomaban el Carnaval, situación que se refleja de manera semejante en otros sectores del país. Muchas veces no sabemos que género está representado en las personas que participan de esta fiesta. Hay confusión y pérdida de valores positivos.
Además el perjuicio que se causa a bebés, personas enfermas o mayores de edad es enorme, ya que los alcaldes dan permisos para discotecas o bailes sin tomar en cuenta las áreas residenciales al lado o cercanas, que con sus sonidos altisonantes le hacen la vida imposible a estos seres humanos.
Como si fuera una bandera de triunfo la marca de la película Freddy Krueger, símbolo de un demonio que asesina en serie, fue la más utilizada en tatuaje por parte de los asistentes a los carnavales.
La policía tuvo que intervenir con gas pimienta, para poder finalizar los “culecos” o “mojaderas”, ya que muchos de sus asistentes no querían dejar las diferentes plazas. Aquí se aplica el refrán “palo porque boga y palo porque no boga”, ya que todos los que estaban al lado o cerca de los “arrepinchosos”, también recibieron la misma medicina.
Como el gobernante es para todos y se debe pensar en esa población de la farsa que es minoritaria, sugerimos controlar la fiesta del momo: ubicando el escenario en un lugar que no perjudique a la mayoría y aplicando una serie de normas que conduzcan a minimizar tanto desastre.