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La fiebre en las sábanas



Quienes crean que la situación de la criminalidad se corrige nada más que con represión policial y amenazas por el aumento de penas, vive en el pasado. Son personas que responden a la situación tal como lo hicieron nuestros ancestros europeos, quienes enfrentaron el problema de la lepra aislando a los enfermos en cuevas oscuras, y el de la peste disciplinando hasta el terror a las ciudades.
Esto significaría que la humanidad ha cambiado muy poco en dos mil años, y que todavía seguimos buscando soluciones primitivas a hechos modernos. Denota también una lamentable falta de creatividad y visión de conjunto ante situaciones cada vez más complejas. Debido a la falta de capacidad, se reacciona con lo primero que se tiene a mano. Es curioso que ante la evidente proliferación y modernización de pandillas, nos hallamos quedado en ese blanco, perdiendo de vista a los clanes mayores, las organizaciones mafiosas, los encumbrados poderosos que permiten y propician la existencia de estos subgrupos elementales que, eso sí, cada día tienen mejores armas y manejan más droga, lo que los hace harto peligrosos.
Nos estamos olvidando del verdadero problema; es decir, de los capos, de los banqueros que con el lavado de dinero hacen fácil que siga habiendo narcotráfico; de las ineptitudes y corruptelas de policías, fiscales y jueces que se hacen de la vista gorda ante el delito más grande; de los políticos que por ambición transan con el diablo y llenan las calles de armas ilegales y droga.
El problema de las pandillas va más allá de los pandilleros. Está en nuestras narices y, como siempre, cerramos los ojos.

101 años de Panamá América

 
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