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La fiesta de las artesanías


Este año volví a visitar la Feria Nacional de Artesanía, lo que reafirmó la importancia que para un país tiene la producción masiva de la artesanía como expresión de identidad y cultura popular.
El encuentro de artesanos, músicos, arte culinario apoyado por sus propias agrupaciones y entidades oficiales, expresó la vitalidad de las manifestaciones culturales floreciendo en un medio que favorece el consumo superfluo y superficial. Personas como Ramiro González, quien dedicó muchos años a la promoción artesanal son levadura que hace crecer estas expresiones multicolores.
El alma de la identidad es la cultura. Debemos afirmar la creación cultural y compartirla intensamente, amorosamente.
Hay decisiones que afectan la capacidad de construir cultura para la identidad. Bonfil Batalla, habla de cuatro aspectos fundamentales que intervienen en la construcción de la cultura propia:
1. La cultura autónoma, sobre la cual poseemos poder de decisión sobre sus elementos (materiales, organizativos, cognoscitivos, simbólicos y emotivos), y tenemos capacidad de producirlos, usarlos y reproducirlos. Ejemplo, la agricultura tradicional del maíz o arroz, las formas de cooperación campesina, o la organización comunal indígena.
2. La cultura apropiada, que son los elementos culturales ajenos, pero que podemos usar y decidir sobre sus usos porque no son válidos. Ejemplo, las radiograbadoras cada vez más comunes en los pueblos indígenas que sirven para muchas cosas entre ellas para grabar las tradiciones, relatos y músicas propias.
3. La cultura impuesta, en la cual no poseemos poder de decisión sobre los elementos culturales y no son propios de la cultura autónoma. Son, por ejemplo, los hábitos de consumo impuestos por el mercantilismo.
4. La cultura enajenada en la cual los elementos son propios, pero la decisión es expropiada. Ejemplo la explotación comercial de los dibujos de molas estampados en telas.
La cultura autónoma y la cultura apropiada conforman el universo de la cultura propia, que es la capacidad de producir nuestra cultura como aporte a nuestra identidad. La construcción de la cultura propia, no desprecia la ajena sino que sabe apropiársela. Contrarresta la impuesta y enajenada con el control democrático cultural. El arte (plástica, literatura, música, etc) de autores es parte de este proceso de construcción pues levanta el aporte de las propuestas de identidad.
La identidad también requiere una visión pluricultural de la Nación, pues corremos el peligro de ver a la cultura sólo como folclore, o como la expresión absoluta de una región, generando una especie de colonialismo cultural interno. Un caso común es el de los indígenas, pues para un sector de los no indígenas se trata de integrarlos exigiéndole que pierdan sus valores propios, en función de la "civilización".
Los tiempos nos desafían pues a abrirnos a un espacio pluricultural, donde se transiten con ojos abiertos y oídos receptivos en la interacción de dinamismos culturales pletóricos de complicidades y seducciones.

101 años de Panamá América

 
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