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La fila es el orden


Hace varias décadas asistimos, conjuntamente con representantes de profesionales del periodismo latinoamericano, a un Congreso de esta especialidad que se realizara en Bogotá, Colombia. Independiente de lo ocurrido recuerdo que fuera de agenda, mientras esperábamos para ubicarnos en el lugar correspondiente a cada participante, los organizadores solicitaron que hiciéramos una fila.
Ya formados así saltó un periodista venezolano que tratando de hacerse el gracioso, en voz alta y como para que todos lo oyeran, dirigiéndose al periodista cubano le dijo algo así como: "mira chico, ustedes si no tienen problema, porque allá en Cuba todo es fila".
El cubano no se inmutó y simplemente le dijo lacónicamente: "La fila es el orden". Señalo lo anterior a modo de preámbulo, porque ahora que la comisión de legisladores correspondiente a los asuntos de comunicación, estudia la posibilidad de convertir en ley un proyecto que regule el ejercicio del periodismo en Panamá, vuelan de diferentes élites, coces contra el aguijón de una verdad necesaria.
Vale aclarar que nuestra circunstancia no es en inicios del siglo XXI la del Leviatán que nos hiciera conocer el inglés Thomas Hobbes, al explicarnos con suficiente claridad, la vida del hombre en ese Estado de Naturaleza.
Si quienes vociferan hoy (contra dicha ley) desean que volvamos a tal situación contraria al concepto de propiedad y de civilización, es sin dudarlo porque cuentan con suficiente seguridad protectora en su entorno y mucha vocación por el capitalismo individualista, además de encontrarse en el grupo señalado por Manuel Vásquez Montalbán, de los que persiguen "utilizar a los medios de comunicación como material estratégico de primera categoría a tal grado de manipulación, que amenazan a quienes no tenemos su poder, con la capacidad que tienen de imponer sus "verdades" uniformadoras. Para ellos ninguna noticia es inocente.
En su Contrato Social, Rousseau y antes que él, el mismo Hobbes y luego John Locke, se refieren al ordenamiento social; destacando el hecho que para alcanzar éste debemos ceder parte de nuestros derechos, para colectivamente lograr un derecho mayor.
Así observamos que la famosa, poderosa y manipuladora Sociedad Interamericana de Prensa -SIP-, que nunca consideró siquiera discutir sus estatutos con los trabajadores de sus fábricas de noticias- no admite en su seno sino a sus pares de las empresas periodísticas, ya que esta es una asociación de dueños de medios. Con iguales características y finalidades de una asociación de dueños de caballos. Solo que con mayor poder; porque ellos se han tomado para sí el llamado que hacía Marx a los trabajadores del mundo y lo están aplicando como si éste hubiera dicho: "Empleadores del mundo uníos".
Señores legisladores, Arosemena, Arce, Wilson, González y otros, aprecien nada más, dónde realizan sus reuniones tales personalidades: para mencionar uno: El Palacio de Chapultepec. En donde han elucubrado una especie de constitución que han hecho firmar a gobernantes incautos, timoratos y de poca visual de diferentes países latinoamericanos, intentando que sus disposiciones sean de forzoso cumplimiento para todos los pobladores de los países cuyos gobiernos firmaron tal mamotreto. Y lo peor es que lo hacen vender en nombre de los derechos humanos; lo cual es un verdadero irrespeto a la razón humana.
La tal SIP en nada y para nada representa a los periodistas, que siguen siendo en la práctica sus explotados asalariados. Entre estos empresarios y los profesionales del periodismo, hay la misma distancia que entre la Cámara Panameña de la Construcción y los trabajadores de construcción.
Señores legisladores: el ejercicio del periodismo debe regularse para beneficio público y de un público que tiene derecho a recibir una información veraz, honesta, completa y desligada de intereses sociales, económicos, políticos y de otras índoles y lo cual solo se le puede garantizar con la existencia de profesionales idóneos por vocación, capacitación, principios y valores, especialmente éticos.
No aceptar la existencia de una legislación propia para quienes ejerzan esta profesión con definiciones propias, o aceptar el lesseferismo como lo piden grupúsculos interesados, será igual que someter a la nación panameña al manejo manipulador programado por quienes tienen el control y poder de los medios de comunicación y sus amanuenses, quienes precisamente ante esta aspiración, se han cerrado como bien saben hacerlo, en defensa de sus intereses permanentes -fuerza política, fuerza económica- control social. El poder tras el poder.
La ley del ejercicio del periodismo, reconoce la libertad de pensamiento y de expresión del mismo, contrario a lo que sucederá si no se establece y se continúa dejando al libre criterio de quienes manejan los medios, que actualmente solo lo hacen en forma sesgada y como un favor.
La ley reconocería la objeción de conciencia, tan desconocida por los dueños de medios que, como práctica generalizada, obligan en una u otra forma a sus empleados a no solo ser parte de sus inclinaciones políticas, sino además a limitarse a ejercer un periodismo mediatizado, ya que se les prohíbe entrevistas a fuentes que no les sean gratas y se les asigna como si se tratara de un mandado, buscar declaraciones, reportajes, entrevistas en los de su agrado.
Señor presidente de la Asamblea Legislativa, la ley que debe establecer lo requerido para ser reconocido y autorizado para ejercer la profesión de periodista profesional, tal como se ha hecho con otras -abogados, médicos, ingenieros, visitadores médicos, enfermeras, etc.- aseguraría verdaderamente el derecho a la información de las mayorías y minorías, facilitaría la aplicación de la ley de transparencia, evitando en buena medida corruptelas públicas, tráfico de influencias y enriquecimientos ilícitos; todo lo cual, sin ella, quedaría en manos de los dueños y allegados de los dueños de medios de comunicación de masas, quienes continuarían manipulando, sesgando, tergiversando y uniformando sus acomodaticias verdades, ahora, con apoyo legal.

101 años de Panamá América

 
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