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La final


Demasiado fácil. Si atendemos sólo a las encuestas, Martín Torrijos será presidente de la República y Guillermo Endara llegará segundo. En un lejano tercer lugar estará José Miguel Alemán y, pisando sus talones, Ricardo Martinelli. Eso es erróneo si no se toman en cuenta otros factores.
La experiencia histórica, por ejemplo, nunca debe ser despreciada. Sucede igual que en el fútbol. Brasil llegó dando traspiés al último mundial, con su máxima figura - Ronaldo - en muletas. Pese a eso, ningún experto dejó al gigante sudamericano lejos de sus vaticinios porque en el deporte, como en la política, la experiencia histórica pesa mucho. Y Brasil ganó su cuarto campeonato.
Igual ocurre en las elecciones. La experiencia histórica demuestra que el arnulfismo siempre ha dado batallas dramáticas, enconadas y finales, sobre todo al acercarse la última fase de la contienda. Pasarlo por alto, sería una torpeza. Basta sólo con recordar las embestidas finales en las campañas de 1994 y 1999.
Otro detalle, difícil de apreciar, es la dificultad que suelen encontrar las encuestadoras para medir el voto arnulfista. Los más sensibles radares inventados hasta ahora no logran registrar con exactitud su magnitud. Y sobre ese aspecto, los expertos ensayan mil explicaciones, mas ninguna supera la de algún político derrotado por la corriente morada que se lamentó: "¡Los arnulfistas salen debajo de las piedras!". Esa es otra realidad que sería tonto pasar por alto, salvo que se quiera agregar a la lista de abogados por la marea de culebritas, cántaros y sangabrieles.
Otro elemento a tener en cuenta es la primera regla en política electorera (no electoral): "Gobierno es gobierno". Cuando llegue marzo y nos venga abril, el oficialismo se abalanzará desde un interior que tendrá entonces absolutamente en sus manos, hacia la capital, y la tomará por asalto.
Los ministerios y entidades desparramarán todo su equipo y personal por los rincones de las urbes, tapando huecos, poniendo puentes vecinales, abriendo veredas, instalando tuberías, prestando servicios de salud y proveyendo decenas de miles de empleos temporales para obras comunales. Y tras cada pequeña obra, la Presidenta Moscoso - ella es la verdadera candidata - y algún aspirante a cargo de elección dará un discurso. No en vano los arnulfistas postularon 1,600 más candidatos que el PRD - el segundo mayor postulante - a puestos de elección. En otras palabras, son 1,600 generadores de votos de ventaja sobre su más cercano adversario.
Esa ventaja de 1,600 candidatos de más es como jugar once contra diez. Son millones y millones de balboas derramados por las urbes que serán más notables tras largos períodos de privación. De ese modo, con una victoria arrolladora en el interior y sacando así sea tablas en la capital, Colón, Arraiján y La Chorrera, el arnulfismo y sus aliados pueden dar la sorpresa. ¿Sorpresa? No realmente, salvo para los que no saben.

101 años de Panamá América

 
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