La fórmula Pinochet
Habíamos advertido en nuestros escritos meses atrás que el gobierno norteamericano había puesto en marcha un plan para derrocar al presidente venezolano Hugo Chávez. Trabajando con agentes de la CIA y con miembros del grupo militar que el Pentágono mantiene en Caracas, para supervisar la venta de armamento norteamericano en la región, los estrategas del Potomac combinaron sus esfuerzos con los opositores al mandatario. Banqueros, empresarios, comerciantes y políticos aportaron fondos para generar las marchas y las protestas que fueron el detonante de la crisis. Dineros de la oposición sirvieron para apuntalar las elecciones sindicales y el control del gremio petrolero, el más importante en Venezuela.
Preocupados por el giro izquierdista impulsado por Chávez y conscientes de que el país es el tercer suplidor de petróleo en importancia para Estados Unidos, era evidente que Washington no toleraría el caos y la suspensión de los envíos de crudo en momentos que la Intifida en Israel empuja hacia arriba los precios del combustible en Norteamérica. La cercanía de Chávez con la guerrilla colombiana fue otro factor que aceleró su caída. La implementación del Plan Colombia fracasaría si la guerrilla lograba refugiarse en territorio venezolano. El ejército venezolano no veía con buenos ojos los contactos con la guerrilla, como tampoco aceptaba la amistad cercana que el mandatario mantenía con Fidel Castro. Al igual que sucedió en Chile con Pinochet y las fuerzas armadas, los protagonistas marcharon hacia el final inevitable de confrontación y violencia. Con muertos en la calle y el peligro de una guerra civil, el ejército venezolano, con el visto bueno de Washington, actuó para preservar el orden público, arrestando a Chávez y nombrando una junta de gobierno presidida por el presidente de FEDECAMARAS, Pedro Carmona. Quedará por ver cuál será el desenlace de la historia. Ojalá no se inicie una cacería de brujas que traiga más violencia.
111Preocupados por el giro izquierdista impulsado por Chávez y conscientes de que el país es el tercer suplidor de petróleo en importancia para Estados Unidos, era evidente que Washington no toleraría el caos y la suspensión de los envíos de crudo...
Venezuela necesita volver a la senda racional con un buen gobierno capaz de frenar la corrupción y el nepotismo. Lo sucedido en la tierra de Bolívar debe mover a reflexión a los líderes políticos de la América hispana. Un mandato popular en las urnas no es garantía suficiente si el gobierno electo se olvida del pueblo e incumple sus promesas electorales. En Panamá, algunos allegados al Palacio de las Garzas se han olvidado que el pueblo es el soberano de donde emana el poder.
Si el Ejecutivo no corrige el curso, poniendo fin al nepotismo, al tráfico de influencias y la corrupción, puede encontrarse con un electorado en las calles exigiendo cambios radicales. El gobierno arnulfista todavía está a tiempo de enmendar y corregir errores, cumpliendo sus promesas de campaña y resolviendo los problemas más apremiantes de las clases necesitadas que depositaron su confianza en un cambio y en un Panamá mejor.
Abel Pacheco ha participado en política desde hace años, como combatiente en una de las pugnas civiles de su país, como diputado y como presidente del partido Social Cristiano. Por su parte, su contendor Rolando Araya es un político liberacionista experimentado y su otro contendor Otón Solís fue ministro bajo la presidencia de Oscar Arias, diputado liberacionista en el período constitucional que está por terminar y, al abandonar las toldas del PLN, procedió a fundar otro partido, el PAC. Ninguno de los tres llegó a la candidatura presidencial como apolítico o como independiente.
Sin embargo, Araya quedó identificado como el candidato más tradicionalmente político y Solís como el candidato más inconoclastamente político, ya que rompió con los partidos que han gobernado a Costa Rica durante el último medio siglo. Abel Pacheco se perfiló como el candidato más originalmente político. Para alcanzar la candidatura, se enfrentó y venció al caudillismo paternalista de Rafael Angel Calderón Fournier, que hasta entonces ejercía control incuestionable sobre el PUSC. Ha completado así la labor que comenzó el actual presidente de Costa Rica Miguel Angel Rodríguez de llevar dicho partido a su condición de organización adulta, con líder pero sin caudillo.
De Calderón Fournier dijo Pacheco: "Aquí él siempre ha tenido quien lo quiere, pero no va a tener quien le ruege". Cuando después de la primera vuelta Luis Fishman, su candidato a la segunda vicepresidencia, amenazó con irse si no lo nombraba jefe único de la campaña para la segunda vuelta, Pacheco lo acompañó a la puerta y dijo que no le daría ningún cargo ejecutivo, afirmando: "Soy conciliador a muerte, pero tendía la mano y me la mordieron". Sus dos slogans de campaña fueron emotivos más que cerebrales: "Es la hora del abrazo" y "Vote por Usted", que enfatizaban su innegable don para relacionarse afectivamente con la gente común y corriente. En cumplimiento de su propósito de fortalecer la integración de los costarricenses, ha anunciado que incluirá en su gobierno a personalidades capacitadas de otros partidos diferentes. Pero en su trato ha demostrado carácter y temperamento. La noche de su triunfo, por ejemplo, no tuvo reparos en advertir que no había que confundir "el abrazo con la alcahuetería", pues su victoria era "sólo de los costarricenses buenos" y representaba una derrota, entre otros, para los que se dedicaban al comercio sexual con los niños, al narcotráfico y lavado de dinero, como también para los evasores de impuestos.
Con su hablar directo, afectuoso, pero franco y sí necesario firme, impregnado de humor y sobre todo de un humanismo popular, cálido y sin subterfugios, Abel Pacheco abordó los problemas que la gente siente a partir de los valores medulares del modo de ser costarricense. Con cerca de veinte años ofreciendo regularmente un corto programa de televisión, Abel Pacheco es un fenómeno de comunicación, familiar y entendible, entre un dirigente y su pueblo.
En mis dos recientes visitas a Costa Rica como observador electoral, por invitación del Partido Unidad Social Cristiana, le escuché afirmar metafóricamente que el desarrollo es como una ave que requiere dos alas para volar, a saber la economía y el humanismo, pero que ha estado tratando de volar únicamente con el ala de la economía y no ha podido. Él se compromete a ponerla a volar añadiendo el ala del humanismo a la de la economía, porque "mi compromiso absoluto es con los más pobres".
¿Podrá Costa Rica bajo la presidencia de Abel Pacheco poner a volar el ave del desarrollo económico con humanismo. Este es el gran desafío que tendrá que enfrentar el nuevo Presidente del hermano pueblo costarricense. Tiene la ventaja a su favor de suceder a otro presidente social cristiano, Miguel Angel Rodríguez, a quien rindió un merecido homenaje la noche de su triunfo. Rodríguez le entrega una economía que en los dos primeros años de su gobierno alcanzó altas tasas de crecimiento anual del PIB antes de verse afectada por la crisis internacional y por la deuda pública acumulada que heredó. Sobre todo ha demostrado una integridad muy diferente a la de los presidentes de nuestra región que permiten que la corrupción acose gravemente a sus países y terminan con la reputación de corruptos.
Con esa base como punto de partida es razonable esperar que el fenómeno Abel Pacheco logre para Costa Rica un éxito económico que sea al mismo tiempo una humanización de la convivencia sobre todo a favor de los pobres. Eso es lo que más necesita nuestra América Latina.
(ariyan@sinfo.net)
Preocupados por el giro izquierdista impulsado por Chávez y conscientes de que el país es el tercer suplidor de petróleo en importancia para Estados Unidos, era evidente que Washington no toleraría el caos y la suspensión de los envíos de crudo en momentos que la Intifida en Israel empuja hacia arriba los precios del combustible en Norteamérica. La cercanía de Chávez con la guerrilla colombiana fue otro factor que aceleró su caída. La implementación del Plan Colombia fracasaría si la guerrilla lograba refugiarse en territorio venezolano. El ejército venezolano no veía con buenos ojos los contactos con la guerrilla, como tampoco aceptaba la amistad cercana que el mandatario mantenía con Fidel Castro. Al igual que sucedió en Chile con Pinochet y las fuerzas armadas, los protagonistas marcharon hacia el final inevitable de confrontación y violencia. Con muertos en la calle y el peligro de una guerra civil, el ejército venezolano, con el visto bueno de Washington, actuó para preservar el orden público, arrestando a Chávez y nombrando una junta de gobierno presidida por el presidente de FEDECAMARAS, Pedro Carmona. Quedará por ver cuál será el desenlace de la historia. Ojalá no se inicie una cacería de brujas que traiga más violencia.
111Preocupados por el giro izquierdista impulsado por Chávez y conscientes de que el país es el tercer suplidor de petróleo en importancia para Estados Unidos, era evidente que Washington no toleraría el caos y la suspensión de los envíos de crudo...
Venezuela necesita volver a la senda racional con un buen gobierno capaz de frenar la corrupción y el nepotismo. Lo sucedido en la tierra de Bolívar debe mover a reflexión a los líderes políticos de la América hispana. Un mandato popular en las urnas no es garantía suficiente si el gobierno electo se olvida del pueblo e incumple sus promesas electorales. En Panamá, algunos allegados al Palacio de las Garzas se han olvidado que el pueblo es el soberano de donde emana el poder.
Si el Ejecutivo no corrige el curso, poniendo fin al nepotismo, al tráfico de influencias y la corrupción, puede encontrarse con un electorado en las calles exigiendo cambios radicales. El gobierno arnulfista todavía está a tiempo de enmendar y corregir errores, cumpliendo sus promesas de campaña y resolviendo los problemas más apremiantes de las clases necesitadas que depositaron su confianza en un cambio y en un Panamá mejor.
Abel Pacheco ha participado en política desde hace años, como combatiente en una de las pugnas civiles de su país, como diputado y como presidente del partido Social Cristiano. Por su parte, su contendor Rolando Araya es un político liberacionista experimentado y su otro contendor Otón Solís fue ministro bajo la presidencia de Oscar Arias, diputado liberacionista en el período constitucional que está por terminar y, al abandonar las toldas del PLN, procedió a fundar otro partido, el PAC. Ninguno de los tres llegó a la candidatura presidencial como apolítico o como independiente.
Sin embargo, Araya quedó identificado como el candidato más tradicionalmente político y Solís como el candidato más inconoclastamente político, ya que rompió con los partidos que han gobernado a Costa Rica durante el último medio siglo. Abel Pacheco se perfiló como el candidato más originalmente político. Para alcanzar la candidatura, se enfrentó y venció al caudillismo paternalista de Rafael Angel Calderón Fournier, que hasta entonces ejercía control incuestionable sobre el PUSC. Ha completado así la labor que comenzó el actual presidente de Costa Rica Miguel Angel Rodríguez de llevar dicho partido a su condición de organización adulta, con líder pero sin caudillo.
De Calderón Fournier dijo Pacheco: "Aquí él siempre ha tenido quien lo quiere, pero no va a tener quien le ruege". Cuando después de la primera vuelta Luis Fishman, su candidato a la segunda vicepresidencia, amenazó con irse si no lo nombraba jefe único de la campaña para la segunda vuelta, Pacheco lo acompañó a la puerta y dijo que no le daría ningún cargo ejecutivo, afirmando: "Soy conciliador a muerte, pero tendía la mano y me la mordieron". Sus dos slogans de campaña fueron emotivos más que cerebrales: "Es la hora del abrazo" y "Vote por Usted", que enfatizaban su innegable don para relacionarse afectivamente con la gente común y corriente. En cumplimiento de su propósito de fortalecer la integración de los costarricenses, ha anunciado que incluirá en su gobierno a personalidades capacitadas de otros partidos diferentes. Pero en su trato ha demostrado carácter y temperamento. La noche de su triunfo, por ejemplo, no tuvo reparos en advertir que no había que confundir "el abrazo con la alcahuetería", pues su victoria era "sólo de los costarricenses buenos" y representaba una derrota, entre otros, para los que se dedicaban al comercio sexual con los niños, al narcotráfico y lavado de dinero, como también para los evasores de impuestos.
Con su hablar directo, afectuoso, pero franco y sí necesario firme, impregnado de humor y sobre todo de un humanismo popular, cálido y sin subterfugios, Abel Pacheco abordó los problemas que la gente siente a partir de los valores medulares del modo de ser costarricense. Con cerca de veinte años ofreciendo regularmente un corto programa de televisión, Abel Pacheco es un fenómeno de comunicación, familiar y entendible, entre un dirigente y su pueblo.
En mis dos recientes visitas a Costa Rica como observador electoral, por invitación del Partido Unidad Social Cristiana, le escuché afirmar metafóricamente que el desarrollo es como una ave que requiere dos alas para volar, a saber la economía y el humanismo, pero que ha estado tratando de volar únicamente con el ala de la economía y no ha podido. Él se compromete a ponerla a volar añadiendo el ala del humanismo a la de la economía, porque "mi compromiso absoluto es con los más pobres".
¿Podrá Costa Rica bajo la presidencia de Abel Pacheco poner a volar el ave del desarrollo económico con humanismo. Este es el gran desafío que tendrá que enfrentar el nuevo Presidente del hermano pueblo costarricense. Tiene la ventaja a su favor de suceder a otro presidente social cristiano, Miguel Angel Rodríguez, a quien rindió un merecido homenaje la noche de su triunfo. Rodríguez le entrega una economía que en los dos primeros años de su gobierno alcanzó altas tasas de crecimiento anual del PIB antes de verse afectada por la crisis internacional y por la deuda pública acumulada que heredó. Sobre todo ha demostrado una integridad muy diferente a la de los presidentes de nuestra región que permiten que la corrupción acose gravemente a sus países y terminan con la reputación de corruptos.
Con esa base como punto de partida es razonable esperar que el fenómeno Abel Pacheco logre para Costa Rica un éxito económico que sea al mismo tiempo una humanización de la convivencia sobre todo a favor de los pobres. Eso es lo que más necesita nuestra América Latina.
(ariyan@sinfo.net)