La fuga del presidente
Se dice con razón que técnicamente no huyó porque al salir del país todavía no se había girado impedimento judicial de salida. Pero si bien no huyó, al menos sí se fugó al salir justo a tiempo, antes de ser detenido por supuestos actos de corrupción. El ex presidente guatemalteco, Alfonso Portillo (2000-2004), atraviesa así muy malos ratos y su familia también.
"Quien no la debe, no la teme", dice el dicho. Eduard Shevardnadze, por ejemplo, se vio forzado a renunciar de la presidencia de Georgia, por la presión de multitudes que exigieron su dimisión y la celebración de nuevas elecciones. Su oposición ganó luego en las urnas el poder, pero él permaneció tranquilamente en el país, en su casa de siempre.
Y aunque es posible que las circunstancias políticas obliguen a Shevardnadze a irse, cuando su victoriosa oposición, convertida en gobierno, opte por maquillar su ineptitud con la búsqueda de culpables y chivos expiatorios, como en el Perú de Alejandro Toledo, de todos modos vale su ejemplo porque su primera actitud, que aun mantiene, es la de permanecer en su país como un ciudadano cualquiera "que no la debe ni la teme". Pero esa no fue la actitud de Portillo en Guatemala.
Culpable o no, no es nuestro problema. Eso corresponde determinarlo a las autoridades de su país. Lo que nos interesa subrayar es el hecho de su actitud frente a las acusaciones de corrupción y el hecho de que su caso se sume al creciente número de mandatarios latinoamericanos que, una vez han cesado en el cargo, son perseguidos por la justicia con base a supuesta corrupción o abusos de poder. Es el caso de Arnoldo Alemán, en Nicaragua. Y esto nos hace recordar el discurso de Colin Powell en la reciente cumbre de mandatarios en Monterrey, México, cuando explicó que parte de la nueva política de su país es la de perseguir y no dar refugio a la corrupción oficial en nuestro continente.
Otro detalle lamentable, es la actitud de nuestro Procurador General de la Nación, José Antonio Sossa. Al menos desde diciembre pasado viene insistiendo demasiado en que el ex presidente Portillo no tiene cuentas bancarias en Panamá y que ninguna orden de congelamiento o persecución de fondos ha recibido en ese sentido desde Guatemala.
Y es más, hace tres semanas, viajó al hermano país a llevar la misma versión y hasta brindó una conferencia de prensa, la cual fue muy criticada por los medios de esa nación. Eso nos dolió como panameños, porque lució como que nuestro procurador cubría y defendía a Portillo, cuando de eso debieran ocuparse el mismo Portillo y sus abogados. En fin, habríamos preferido a un procurador panameño en actitud neutral, desmintiendo lo que hay que desmentir, sin involucrarse en la forma que lo hizo con su viaje al hermano país.
"Quien no la debe, no la teme", dice el dicho. Eduard Shevardnadze, por ejemplo, se vio forzado a renunciar de la presidencia de Georgia, por la presión de multitudes que exigieron su dimisión y la celebración de nuevas elecciones. Su oposición ganó luego en las urnas el poder, pero él permaneció tranquilamente en el país, en su casa de siempre.
Y aunque es posible que las circunstancias políticas obliguen a Shevardnadze a irse, cuando su victoriosa oposición, convertida en gobierno, opte por maquillar su ineptitud con la búsqueda de culpables y chivos expiatorios, como en el Perú de Alejandro Toledo, de todos modos vale su ejemplo porque su primera actitud, que aun mantiene, es la de permanecer en su país como un ciudadano cualquiera "que no la debe ni la teme". Pero esa no fue la actitud de Portillo en Guatemala.
Culpable o no, no es nuestro problema. Eso corresponde determinarlo a las autoridades de su país. Lo que nos interesa subrayar es el hecho de su actitud frente a las acusaciones de corrupción y el hecho de que su caso se sume al creciente número de mandatarios latinoamericanos que, una vez han cesado en el cargo, son perseguidos por la justicia con base a supuesta corrupción o abusos de poder. Es el caso de Arnoldo Alemán, en Nicaragua. Y esto nos hace recordar el discurso de Colin Powell en la reciente cumbre de mandatarios en Monterrey, México, cuando explicó que parte de la nueva política de su país es la de perseguir y no dar refugio a la corrupción oficial en nuestro continente.
Otro detalle lamentable, es la actitud de nuestro Procurador General de la Nación, José Antonio Sossa. Al menos desde diciembre pasado viene insistiendo demasiado en que el ex presidente Portillo no tiene cuentas bancarias en Panamá y que ninguna orden de congelamiento o persecución de fondos ha recibido en ese sentido desde Guatemala.
Y es más, hace tres semanas, viajó al hermano país a llevar la misma versión y hasta brindó una conferencia de prensa, la cual fue muy criticada por los medios de esa nación. Eso nos dolió como panameños, porque lució como que nuestro procurador cubría y defendía a Portillo, cuando de eso debieran ocuparse el mismo Portillo y sus abogados. En fin, habríamos preferido a un procurador panameño en actitud neutral, desmintiendo lo que hay que desmentir, sin involucrarse en la forma que lo hizo con su viaje al hermano país.