La fusión INAC-IPAT
El gobierno panameño anunció hace poco su pretensión de anexar el Instituto Nacional de Cultura al Instituto Panameño de Turismo. Inmediatamente, para los círculos intelectuales, académicos y artísticos del país la información resultó una bomba. Las reacciones no han cesado. Por el momento se tornan sutiles: ¿Por qué no se anexa a la Dirección de Aseo?, se preguntaron algunos que abiertamente han cuestionado la iniciativa gubernamental. Y otros sectores, con mayor ironía e inocultable tristeza, se preguntan ¿por qué no al Instituto Nacional de Deportes?, “pues es como estaba antes”. Si la propuesta logra concretizarse, queda claro que desandamos los largos y difíciles caminos de lucha cultural.
El asunto, además de inconsulto y desfasado, tiene pocos defensores. La actitud oficial, tras haber soltado la bomba de la fusión institucional, ha sido la indiferencia ante las reacciones provocadas. No obstante, lo grave de la propuesta del gobierno del presidente Ricardo Martinelli, es que existen muchas formas para un gobernante de acabar con la cultura de un país, aún sin proponérselo. Una de ellas es el silencio oficial. La otra es la inercia, practicada con creces por los gobiernos anteriores. Y, quizá la más peligrosa, es la actual: la ambigüedad de la propuesta.
Lo más notorio es que la propuesta oficial de fusionar estas dos instituciones no tiene quien la defienda. Esta conclusión se fundamenta en que los actuales directores del INAC, quienes, pese a sus obligaciones legales, han aclarado con relativa timidez el embrollo y, mucho menos, han sido capaces de liderar un amplio debate para fijar posiciones. El complejo tema exige exponer claramente la viabilidad de esta incomprensible iniciativa gubernamental, la cual podría convertirse en un best seller de pura ficción política.