La globalización en crisis
Los últimos acontecimientos en nuestro actual mundo internacionalizado van desde la renuncia del costarricense Miguel Angel Rodríguez al puesto de Secretario General de la Organización de los Estados Americanos, pasando por otros sucesos como ejemplos, las próximas elecciones en Estados Unidos, hasta las nuevas designaciones a los premios Nobel, otorgados a dos egregias figuras del mundo femenino actual: la keniana Wangari Maathai y la austriaca Elfriede Jelinek.
Cada uno de los temas anteriormente mencionados merece un enfoque serio. Mucho se ha escrito en los medios sobre cada uno, comenzando por las elecciones en Estados Unidos, donde la gran interrogante es: ¿Cómo puede George W. Bush, después de todas las acusaciones y sospechas iniciales de fraude en su primera elección, ante el actual fracaso de su guerra particular en Irak producto del dolo al afirmar la falsa existencia en ese país de armas de destrucción masiva, frente al fracaso de su política económica promoviendo un enorme déficit fiscal y además la pérdida millonaria de puestos de trabajo en la sociedad estadounidense, estar aún disputándole de manera cercana en las encuestas a John Kerry las elecciones para la jefatura del Estado?
Todo lo anterior sin mencionar los escritos de intelectuales como Noam Chomsky, Craig Ander, el libro de Kitty Kelley, las declaraciones de Richard Clarke e inclusive las afirmaciones en contra del Presidente de Estados Unidos de parte de republicanos conservadores como Stefan Holder, Jonathan Clarke o Pat Buchanan. Entonces, la razón de las posibilidades de ser reelecto del actual mandatario estadounidense, es realmente como afirma el profesor de la Universidad de Columbia, Todd Gittin: el miedo, producto del once de septiembre. Si ello es así, ¿le corresponde la responsabilidad al electorado estadounidense por elegir a un pésimo Presidente, debido a la incapacidad popular de poder discernir entre las cualidades y los defectos de George W. Bush? Creo que la respuesta es afirmativa, aunque diferimos del escritor mexicano Carlos Fuentes, al argumentar en base al planteamiento, "el patriotismo es el refugio de los canallas". Ello me parece muy poco apropiado e inconsecuente con nuestra historia nacional planteada a través de nuestra relación con Estados Unidos de América en el período entre 1903 y 1977. A pesar que el literato nació en el istmo de Panamá, pero según él mismo, no nos debe nada. Por ende pienso, la razón se encuentra en el sistema, en las diversas interrogantes que pueden surgir de la práctica de un liberalismo excesivo y mal aplicado a partir de la utilización chapucera del vocablo "libertad", lo cual va estructurando el origen de una forma "corporativa del poder político" inmerso en la estructura partidaria y democrática de nuestros Estados.
Como diría el filósofo y psicoanalista argentino Guillermo Maci, enfocando un tipo de "narcisismo político", el cual sólo tiene la obsesión por el poder a través de la construcción de una "imagen" para obtener aprobación, dando origen a un "doble discurso", disociando lo que se propone de lo que se hace, creando un problema de identidad, dando las bases y condiciones para la corrupción y la falta de institucionalidad propias a las garantías inherentes al estado de derecho.
¿No es acaso dicho problema el del renunciante Secretario General de la OEA? Porque la pregunta no es sobre la culpabilidad o inocencia de Miguel Angel Rodríguez, ello lo debe decidir los tribunales costarricenses; el problema grave es que en Costa Rica, al igual que en buena parte del hemisferio occidental, se utiliza el doble discurso, se dice una cosa y se hace otra, por lo que a pesar de la acción jurídica se constata una bancarrota moral en el seno de la sociedad costarricense, porque como bien declara la Premio Nobel de Literatura, Elfried Jelinek: "...la política es una actitud militante en lugar de hacer de la misma un objeto prescindible". Por eso me preocupa todos estos acontecimientos que nos conducen a situaciones dirigidas por "liberales improvisados", personas o dirigentes cuya única obsesión es el ejercicio del poder político mediante la exigencia de una conducta de adhesión incondicional, gracias a la ausencia de todo pensamiento en términos de política de Estado, de planeamiento, actuando sólo en función de las apariencias para salvar el momento, como es el caso panameño, por lo que espero ver antes del 9 de diciembre de 2004, al cumplir los cien días, el anuncio de un Plan de Acción Nacional del gobierno, donde inclusive pueda iniciarse de casi cero, como bien lo ha hecho proporciones guardadas Wangari Maathai, Premio Nobel de la Paz con su movimiento social más la práctica de reforestación y promoción de la mujer.
(bosquezdeleon@hotmail.com)
Cada uno de los temas anteriormente mencionados merece un enfoque serio. Mucho se ha escrito en los medios sobre cada uno, comenzando por las elecciones en Estados Unidos, donde la gran interrogante es: ¿Cómo puede George W. Bush, después de todas las acusaciones y sospechas iniciales de fraude en su primera elección, ante el actual fracaso de su guerra particular en Irak producto del dolo al afirmar la falsa existencia en ese país de armas de destrucción masiva, frente al fracaso de su política económica promoviendo un enorme déficit fiscal y además la pérdida millonaria de puestos de trabajo en la sociedad estadounidense, estar aún disputándole de manera cercana en las encuestas a John Kerry las elecciones para la jefatura del Estado?
Todo lo anterior sin mencionar los escritos de intelectuales como Noam Chomsky, Craig Ander, el libro de Kitty Kelley, las declaraciones de Richard Clarke e inclusive las afirmaciones en contra del Presidente de Estados Unidos de parte de republicanos conservadores como Stefan Holder, Jonathan Clarke o Pat Buchanan. Entonces, la razón de las posibilidades de ser reelecto del actual mandatario estadounidense, es realmente como afirma el profesor de la Universidad de Columbia, Todd Gittin: el miedo, producto del once de septiembre. Si ello es así, ¿le corresponde la responsabilidad al electorado estadounidense por elegir a un pésimo Presidente, debido a la incapacidad popular de poder discernir entre las cualidades y los defectos de George W. Bush? Creo que la respuesta es afirmativa, aunque diferimos del escritor mexicano Carlos Fuentes, al argumentar en base al planteamiento, "el patriotismo es el refugio de los canallas". Ello me parece muy poco apropiado e inconsecuente con nuestra historia nacional planteada a través de nuestra relación con Estados Unidos de América en el período entre 1903 y 1977. A pesar que el literato nació en el istmo de Panamá, pero según él mismo, no nos debe nada. Por ende pienso, la razón se encuentra en el sistema, en las diversas interrogantes que pueden surgir de la práctica de un liberalismo excesivo y mal aplicado a partir de la utilización chapucera del vocablo "libertad", lo cual va estructurando el origen de una forma "corporativa del poder político" inmerso en la estructura partidaria y democrática de nuestros Estados.
Como diría el filósofo y psicoanalista argentino Guillermo Maci, enfocando un tipo de "narcisismo político", el cual sólo tiene la obsesión por el poder a través de la construcción de una "imagen" para obtener aprobación, dando origen a un "doble discurso", disociando lo que se propone de lo que se hace, creando un problema de identidad, dando las bases y condiciones para la corrupción y la falta de institucionalidad propias a las garantías inherentes al estado de derecho.
¿No es acaso dicho problema el del renunciante Secretario General de la OEA? Porque la pregunta no es sobre la culpabilidad o inocencia de Miguel Angel Rodríguez, ello lo debe decidir los tribunales costarricenses; el problema grave es que en Costa Rica, al igual que en buena parte del hemisferio occidental, se utiliza el doble discurso, se dice una cosa y se hace otra, por lo que a pesar de la acción jurídica se constata una bancarrota moral en el seno de la sociedad costarricense, porque como bien declara la Premio Nobel de Literatura, Elfried Jelinek: "...la política es una actitud militante en lugar de hacer de la misma un objeto prescindible". Por eso me preocupa todos estos acontecimientos que nos conducen a situaciones dirigidas por "liberales improvisados", personas o dirigentes cuya única obsesión es el ejercicio del poder político mediante la exigencia de una conducta de adhesión incondicional, gracias a la ausencia de todo pensamiento en términos de política de Estado, de planeamiento, actuando sólo en función de las apariencias para salvar el momento, como es el caso panameño, por lo que espero ver antes del 9 de diciembre de 2004, al cumplir los cien días, el anuncio de un Plan de Acción Nacional del gobierno, donde inclusive pueda iniciarse de casi cero, como bien lo ha hecho proporciones guardadas Wangari Maathai, Premio Nobel de la Paz con su movimiento social más la práctica de reforestación y promoción de la mujer.
(bosquezdeleon@hotmail.com)