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La globalización nos roba la Nación


La Iglesia Católica la ha criticado severamente; los índices de pobreza aumentan en el mundo, los países y hombres ricos, las grandes empresas, son los únicos que se están beneficiando y los economistas son los grandes defensores de esta filosofía que nos han impuesto las potencias económicas a las naciones en desarrollo, que tan sólo afecta ha ese desarrollo que deseamos alcanzar. Cada día perdemos algo de Panamá, primero fue la privatización de la fábrica de cemento estatal, adquirida por una empresa extranjera. Después la fábrica de cemento panameña privada por otra entidad extranjera. Luego el IRHE y EL INTEL, quedando en manos de empresas europeas. Hace menos de un año una de nuestras compañías de cerveza pasó a manos extranjeras y la semana pasada se expresó la intención que bajará sus precios para que la otra fábrica quede también en sus manos, aún con los señalamientos de la entidad oficial, que esto sería una concentración, un monopolio.
Ahora se rumora que una o varias cadenas de supermercado podrán pasar a capital extranjero y hasta uno de nuestros grande bancos. Poco a poco nos están robando nuestra nación con la excusa de la globalización, y que el mundo sólo puede estar en manos de los ricos.
No estoy en desacuerdo que vengan inversiones extranjeras, porque entiendo que la necesitamos, pero eso es una cosa y lo que está sucediendo es otra muy diferente. Si esas inversiones fueran compartidas con nacionales y existiera una legislación que incentivara, para que parte de las ganancias se reinvertiera en el país, ahí sí estaríamos trabajando para la consolidación de nuestro futuro, de lo contrario lo único que estará sucediendo será la entrada de una gran cantidad de dinero que queda en pocas manos y todas las ganancias, que son muchas, salen hacia otras fronteras. Esto es una estupidez y un gran peligro, porque la clase media cada vez más se debilita y se profundiza la frontera entre ricos y pobre, y esto nos llevará al rompimiento del equilibrio que debe existir en toda sociedad con consecuencias inimaginables.
Lo más triste es que dentro de algunos años, los mismos que hoy promueven esta filosofía, vendrán con otras propuestas contrarias a la actual, pero en perjuicio de nosotros. Sólo hay que recordar que en los años 70 esos países ricos y entidades financiera promovieron la estatización y los mega estados.
Ha llegado el momento que al margen de la filosofía de moda, los panameños diseñemos lo que debemos hacer para consolidar la economía. No es que vayamos contra la corriente, porque desgraciadamente no tenemos la fuerza para hacerlo, pero sí que busquemos las fórmulas para nuestro bienestar.
"Cuando los hombres decentes no participan en política, los indecentes se aprovechan de ella y entonces los decentes tendrán que callar." Ghandi.
(cdaa@sinfo.net)

101 años de Panamá América

 
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