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La guerra - destape


En ocasiones, un recuerdo inofensivo cobra importancia. Es el caso de la situación público-social que vivió España tras la muerte del general Francisco Franco, dictador tiránico medieval por espacio de cuarenta años. El discutido gobernante había instaurado un régimen de terrorismo político, de tiranía religiosa o teocracia abismal, de horribles persecuciones, de moralismo caduco y asfixiante, amén de otras características del mismo jaez. Cuando murió el "inmortal" Franco, la sociedad española reaccionó con una liberación totalitaria, sobre todo en materia política, religiosa y de costumbres diarias, época denominada del "destape", porque en tiempo corto se pasó principalmente en lo moral- colectivo, a la situación antípoda, una terrible sentina de excesos personales y de grupos.
Lo hemos recordado en presencia de las condiciones que comienzan a prevalecer con el triunfo bélico estadounidense en Irak, permitiéndonos hablar de la "guerra-destape". Porque las condiciones sociales y políticas que velozmente han comenzado en Irak, a ocupar el lugar de "los contrarios", son ya un verdadero y progresivo destape, que va camino de colocar a los Estados Unidos en un insospechado, sorpresivo, disparadero internacional. Es impensable que las sociedades árabes -islámicas hayan iniciado, sobre todo en Irak, una senda post-bélica verdaderamente destapante: guerra indefensa y demoledora, saqueo generalizado por quiebra del orden público, restauración religiosa de las dos terceras partes de la población (chiítas), que en grandes masas salieron del ghetto musulmán a que las confinó Sadam por largos años, acompañadas de privación de alimentos, electricidad y agua potable: un verdadero caos.
222 ...tal descontrol en el Oriente Medio puede ser síntoma de conflictos y diferencias de profundo calado... abriendo una época de desastrosas luchas y oposiciones armadas entre Occidente y el Islamismo.
Quizás al segundo Bush le haya sucedido lo que al aprendiz de brujería: convoca al aquelarre de las potencias diabólicas y después no sabe cómo controlarlas, las que se aprestan a devorarlo. Pero tal descontrol en el Oriente Medio puede ser síntoma de conflictos y diferencias de profundo calado, que hasta pueden envolver a Occidente, abriendo una época de desastrosas luchas y oposiciones armadas entre Occidente y el Islamismo. Es posible ganar la guerra aislada en Afganistán, en Irak, etc., y es triste perderla por descuido parlamentario.
Los síntomas son extraordinariamente peligrosos, pues sectores sociales diversos y mayoritarios en Irak ya le agradecen de viva voz a Estados Unidos que los hubiera liberado del tiránico discípulo de Stalin, el del Archipiélago GULAG, pero al mismo tiempo han levantado el puño de anti-norteamericanismo, con petición al Ojo de Filipo, para que abandone a Irak, se haga cada vez más hondo el desastre ya iniciado en cuanto a saqueo, destrucción y robo del patrimonio histórico nacional, anarquía, vandalaje, desgobierno, que será difícil convertir al "bien" de los buenos, que es la democracia occidental, a tan paradójico y fraccionado conjunto de fanáticos de terroristas, de secuestradores, de adictos al suicidio como instrumento de exterminio político, que puede ser un factor desencadenante, viendo en perspectiva, de una tercera guerra mundial, en la que se emplearían los instrumentos de destrucción militar quintaesenciada, situación abierta hacia un verdadero desastre de dimensiones universales, que quién sabe cuáles consecuencias traería semejante confrontación absurda, que tal vez podría ser la última aventura bélica de la humanidad, por mucho tiempo.
No puede negarse que el comienzo de esta crisis norteamericana se granjeó la animadversión de grandes masas en las grandes ciudades del mundo y hasta en muchas ciudades menores también se llevó las palmas de tan dudosa gloria.
No somos profetas de nada, pero los hechos han comenzado a presagiar las situaciones a que provisionalmente nos hemos referido, con el gran temor de que vayan formando un conjunto de prevenciones que luego podrían concretarse en amargas realidades, que serían debidas a los síntomas negros de hoy. Las condiciones actuales de Afganistán no son tan halagüeñas como para pensar que ese camino brinda seguridades de un porvenir de certeras soluciones.
Esperamos que, como ha sucedido en los últimos siglos, el periplo del hombre sobre la tierra, todavía con resultados parcialmente negativos y repudiables, al menos continúa equilibrándose con pasos de convivencia salvadora, que permitan ir en superación, aunque sea con lentitud, en tal forma que se conviertan en concreciones esperanzadas, en conquistas generales de mérito indiscutible, como las que hoy nos salvan del pesimismo colectivo total, que vendría a emponzoñar la vida próxima de los panameños. Aunque débiles todavía, podemos andar con ciertas esperanzas de redención.

101 años de Panamá América

 
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