La guerra detrs de la guerra
EN UN ARTÍCULO publicado en la Internet, el periodista del blog entrevista al escritor e historiador estadounidense David Mc Cullough (conocido en nuestro medio por su libro "The Path Between The Seas" -La senda entre los mares-), acerca de la preocupante realidad política que vive ese país del norte. He aquí una parte de este diálogo que describe de un plumazo la situación actual:
Periodista: -¿Por qué hoy los políticos (estadounidenses) son distintos a nuestros padres fundadores?
Mc Cullough: -Porque los de ahora nunca leyeron a Cicerón, mientras que quienes nos fundaron, lo ejercían.
Si analizamos la realidad política con un criterio abarcador podríamos encontrar razones aún más sorprendentes. La confianza en los medios y en la objetividad del periodismo está hoy alejada del público, de por sí demasiado vulnerable ante una industria publicitaria tergiversadora de la realidad y que promociona empresas, proyectos y candidatos como si éstos fueran un producto banal del mercado. Tal vez, en realidad lo sean, pero cuesta aceptar que en una democracia que se precie, el presidente surja del poder ejercido por empresarios mediáticos, petroleros, de la industria bélica y pastores protestantes que manejan capital, diezmos y votos. Sin dejar de lado la sutil coacción psicológica emprendida por las empresas encuestadoras, que vulneran el secreto del voto y la libertad de conciencia ciudadana para someterlos a los vaivenes de los intereses creados de quienes los contratan.
Esta otra guerra sutil por el voto, que la tecnología publicitaria encara con sus especialistas en propaganda y acción psicológica, es la que va destruyendo poco a poco las bases fundamentales de la democracia para convertirla en un simple proceso electoral viciado, sin otro valor que el de una legitimidad dudosa y falaz.
Hasta ahora, el "right wing neocon" republicano ha sostenido las banderas de la causalidad ontológica (designio superior o destino manifiesto), cuya misión es administrar la libertad y la democracia del mundo bajo una moral protestante basada en la virtud de la riqueza, la dualidad maniquea, la interpretación literal de la Biblia y el poderío militar. George Bush hijo, no fue, ni es, su mejor representante ideológico. Es la cara de una ideología perversa sostenida por el fascismo republicano dominante y su séquito corporativo, el verdadero poder tras bambalinas, que desafía la autoridad del congreso, manipula el poder judicial botando a los fiscales que investigan fraudes electorales cometidos por republicanos y perdona a quien es condenado por obstruir la justicia con los mismos criterios con que, en la administración pasada, impulsaron el vergonzoso y humillante juicio político al presidente demócrata Bill Clinton, sin intuir que en realidad juzgaban la credibilidad de un sistema político hipócrita y decadente.
Ese Bush símbolo del feudo petrolero, es la prueba irrefutable de que el pecador redimido puede transformarse en un Alejandro Magno americano por obra y gracia de la fe, asociada a las grandes corporaciones mediáticas, a la industria bélica y a la propaganda. Pero bastaría reconocer que lo malo tiene siempre su costado peor. Que la verdad en política, también es relativa, es decir: que un mal político puede en determinadas circunstancias y con la propaganda adecuada, convertirse en líder de la civilización occidental con la sola experiencia exterior de haber visitado, en alguna oportunidad, a Chihuahua, el estado mexicano fronterizo con Texas.
Un hombre que engaña a su pueblo y al mundo y que ha justificado su causa con una serie de subterfugios en complicidad con colaboradores extranjeros, pretende erigirse en el abanderado de la libertad, bajo la fianza de los ricos pozos iraquíes, razón última de su obstinada permanencia allí, oculta tras una cínica responsabilidad moral para con el gobierno iraquí impuesto, protegido y presionado por el país invasor. Decena de miles de muertos inocentes, de torturados bajo la sacrosanta ley de la Seguridad Nacional, prisioneros sin nombre ni causa evidente confinados en el limbo terrestre de Guantánamo, ha sido el triste saldo de una aventura llamada democracia y libertad, para vergüenza de los "Founders Fathers" y que, cuatro años después, aún es sostenida a punta de bayoneta para terminar siendo arrojada a las leyes teológicas de otro fundamentalismo religioso.
En Irak han muerto alrededor de 3,600 soldados americanos y una cifra varias veces superior de iraquíes inocentes, sólo para cambiar la tiranía suní de Sadam Hussein por la de los chiítas afines a Irán.
La mentira tampoco es un invento de Bush, ni de Goebels o de Maquiavelo. Es el principio político para sostenerse en el poder, la base moral de la "realpolitik" desde Tracímaco a Morgenthau, pasando por Leo Strauss, Kissinger y Rumsfeld. Incluso, puede ser la imagen falsa con que se percibe la verdad. Baste esta cita de Tocqueville, el asombrado admirador de la democracia americana: "Los Estados Unidos fueron capaces de exterminar a los indígenas... sin violar, a los ojos del mundo, un solo principio de la moral".
Clausewitz afirmó que la guerra es la continuación de la política ejercida por otros medios y Humberto Eco añade que la posguerra es la continuación de la política bajo las premisas de la guerra. Así, en el corazón mismo de los Estados Unidos se libra, desde la época del asesinato del presidente Kennedy, otra guerra oculta. Una guerra ideológica entre el "nacional capitalismo" bélico y el progresismo que Richard Rorty define como "neocapitalismo" del bienestar social.
Concluyamos con esta opinión del historiador Richard Hofstadter sobre el modelo perseguido desde los Founders Fathers hasta los dos Roosevelt: "...el alcance de visión de ambos partidos, republicano y demócrata siempre ha estado determinado por el horizonte de la propiedad privada y la empresa...".
Todo esto deja bien en claro que las corporaciones que impusieron al actual gobierno de USA y al de Irak fueron las que edificaron una realidad ficticia para crear dos países virtuales.
drjcal@psi.net.pa
El teléfono para pedir las citas al centro de llamadas es el 800-0099.
Elena Bethancourt: Es interesante porque el doctor le da la cita a uno. Para nosotros, que estamos jubilados, es lo mejor, porque no es fácil levantarse a las 4 de la mañana para una cita.
Alejandrina Castillo: No sé si es la doctora, porque cuando estoy mal (asma), ella me da mi cita cada 8 días, está pendiente de mí y luego cuando estoy mejor me da las citas de seguimiento. Este sistema es bueno.
Basilia P. de Mojica: Mi médico de cabecera es una doctora y nunca he tenido problemas con ella. Ella me da mis citas y no tengo el problema de que no hay.
Periodista: -¿Por qué hoy los políticos (estadounidenses) son distintos a nuestros padres fundadores?
Mc Cullough: -Porque los de ahora nunca leyeron a Cicerón, mientras que quienes nos fundaron, lo ejercían.
Si analizamos la realidad política con un criterio abarcador podríamos encontrar razones aún más sorprendentes. La confianza en los medios y en la objetividad del periodismo está hoy alejada del público, de por sí demasiado vulnerable ante una industria publicitaria tergiversadora de la realidad y que promociona empresas, proyectos y candidatos como si éstos fueran un producto banal del mercado. Tal vez, en realidad lo sean, pero cuesta aceptar que en una democracia que se precie, el presidente surja del poder ejercido por empresarios mediáticos, petroleros, de la industria bélica y pastores protestantes que manejan capital, diezmos y votos. Sin dejar de lado la sutil coacción psicológica emprendida por las empresas encuestadoras, que vulneran el secreto del voto y la libertad de conciencia ciudadana para someterlos a los vaivenes de los intereses creados de quienes los contratan.
Esta otra guerra sutil por el voto, que la tecnología publicitaria encara con sus especialistas en propaganda y acción psicológica, es la que va destruyendo poco a poco las bases fundamentales de la democracia para convertirla en un simple proceso electoral viciado, sin otro valor que el de una legitimidad dudosa y falaz.
Hasta ahora, el "right wing neocon" republicano ha sostenido las banderas de la causalidad ontológica (designio superior o destino manifiesto), cuya misión es administrar la libertad y la democracia del mundo bajo una moral protestante basada en la virtud de la riqueza, la dualidad maniquea, la interpretación literal de la Biblia y el poderío militar. George Bush hijo, no fue, ni es, su mejor representante ideológico. Es la cara de una ideología perversa sostenida por el fascismo republicano dominante y su séquito corporativo, el verdadero poder tras bambalinas, que desafía la autoridad del congreso, manipula el poder judicial botando a los fiscales que investigan fraudes electorales cometidos por republicanos y perdona a quien es condenado por obstruir la justicia con los mismos criterios con que, en la administración pasada, impulsaron el vergonzoso y humillante juicio político al presidente demócrata Bill Clinton, sin intuir que en realidad juzgaban la credibilidad de un sistema político hipócrita y decadente.
Ese Bush símbolo del feudo petrolero, es la prueba irrefutable de que el pecador redimido puede transformarse en un Alejandro Magno americano por obra y gracia de la fe, asociada a las grandes corporaciones mediáticas, a la industria bélica y a la propaganda. Pero bastaría reconocer que lo malo tiene siempre su costado peor. Que la verdad en política, también es relativa, es decir: que un mal político puede en determinadas circunstancias y con la propaganda adecuada, convertirse en líder de la civilización occidental con la sola experiencia exterior de haber visitado, en alguna oportunidad, a Chihuahua, el estado mexicano fronterizo con Texas.
Un hombre que engaña a su pueblo y al mundo y que ha justificado su causa con una serie de subterfugios en complicidad con colaboradores extranjeros, pretende erigirse en el abanderado de la libertad, bajo la fianza de los ricos pozos iraquíes, razón última de su obstinada permanencia allí, oculta tras una cínica responsabilidad moral para con el gobierno iraquí impuesto, protegido y presionado por el país invasor. Decena de miles de muertos inocentes, de torturados bajo la sacrosanta ley de la Seguridad Nacional, prisioneros sin nombre ni causa evidente confinados en el limbo terrestre de Guantánamo, ha sido el triste saldo de una aventura llamada democracia y libertad, para vergüenza de los "Founders Fathers" y que, cuatro años después, aún es sostenida a punta de bayoneta para terminar siendo arrojada a las leyes teológicas de otro fundamentalismo religioso.
En Irak han muerto alrededor de 3,600 soldados americanos y una cifra varias veces superior de iraquíes inocentes, sólo para cambiar la tiranía suní de Sadam Hussein por la de los chiítas afines a Irán.
La mentira tampoco es un invento de Bush, ni de Goebels o de Maquiavelo. Es el principio político para sostenerse en el poder, la base moral de la "realpolitik" desde Tracímaco a Morgenthau, pasando por Leo Strauss, Kissinger y Rumsfeld. Incluso, puede ser la imagen falsa con que se percibe la verdad. Baste esta cita de Tocqueville, el asombrado admirador de la democracia americana: "Los Estados Unidos fueron capaces de exterminar a los indígenas... sin violar, a los ojos del mundo, un solo principio de la moral".
Clausewitz afirmó que la guerra es la continuación de la política ejercida por otros medios y Humberto Eco añade que la posguerra es la continuación de la política bajo las premisas de la guerra. Así, en el corazón mismo de los Estados Unidos se libra, desde la época del asesinato del presidente Kennedy, otra guerra oculta. Una guerra ideológica entre el "nacional capitalismo" bélico y el progresismo que Richard Rorty define como "neocapitalismo" del bienestar social.
Concluyamos con esta opinión del historiador Richard Hofstadter sobre el modelo perseguido desde los Founders Fathers hasta los dos Roosevelt: "...el alcance de visión de ambos partidos, republicano y demócrata siempre ha estado determinado por el horizonte de la propiedad privada y la empresa...".
Todo esto deja bien en claro que las corporaciones que impusieron al actual gobierno de USA y al de Irak fueron las que edificaron una realidad ficticia para crear dos países virtuales.
drjcal@psi.net.pa
El teléfono para pedir las citas al centro de llamadas es el 800-0099.
Elena Bethancourt: Es interesante porque el doctor le da la cita a uno. Para nosotros, que estamos jubilados, es lo mejor, porque no es fácil levantarse a las 4 de la mañana para una cita.
Alejandrina Castillo: No sé si es la doctora, porque cuando estoy mal (asma), ella me da mi cita cada 8 días, está pendiente de mí y luego cuando estoy mejor me da las citas de seguimiento. Este sistema es bueno.
Basilia P. de Mojica: Mi médico de cabecera es una doctora y nunca he tenido problemas con ella. Ella me da mis citas y no tengo el problema de que no hay.