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La guerra y los medios


Nunca antes, en la historia de la humanidad, se había podido conocer tanto de una guerra sin tener que estar en medio de ella. A cientos y miles de kilómetros de distancia, casi inmediatamente se puede saber sobre las acciones en el frente de combate, gracias a la tecnología y a la disposición de los gobiernos de utilizar a los medios de comunicación. Los periodistas y camarógrafos, armados con todo tipo de equipos, acompañan a las unidades de combate y se incorporan a las embarcaciones, instalaciones y edificios desde donde pueden divisar gran parte de la actividad.
Esta es la primera en la historia en que los ejércitos en avanzada permiten que periodistas independientes acompañen a las tropas en sus actividades y reporten, sin mayores restricciones, lo que está ocurriendo. Hemos visto cómo camarógrafos y reporteros, en algunos casos con balas y cohetes a sus espaldas, informan sobre lo que está pasando en el campo de batalla. También hemos visto en vivo mientras cientos de bombas sofisticadas detonan en la ciudad de Bagdad. Estas han sido informaciones y videos recibidos de televisoras relacionadas de una forma u otra con las fuerzas aliadas de Estados Unidos e Inglaterra, las cuales rápidamente informan sobre sus principales logros. Pero tampoco se han quedado atrás los reportajes de la televisión Iraquí y de la cadena árabe de Qatar Al Jazira, los cuales inmediatamente después de ataques que afectan a civiles salen con tomas conmovedoras de niños y mujeres heridos o muertos.
Ya se han salido de su camino muchos profesores, periodistas e intelectuales independientes para acusar a los medios de ambos lados de servir como "cotorras" de uno u otro. Esa crítica no se ha limitado a las televisoras, las cuales no han dejado de cubrir minuto a minuto, 24-7, todo lo acontecido desde el primer bombazo. También han señalado a los medios escritos por su evidente parcialidad, ya sea sub-valorando lo hecho por la contraparte, ignorando las protestas o repitiendo sin cesar las informaciones obtenidas por los canales oficiales. Y los propios gobiernos en combate tampoco han sido indiferentes a la cobertura, ambos deportando a periodistas y otros negándole acceso a unos, cuando ya tienen otros presente. Pero no se trata de una película de Hollywood, ni de una telenovela. Esta es una guerra, tan sangrienta como cualquiera, en la cual muchos miles morirán.
Ambos bandos están utilizando a los medios para sus propios propósitos propagandísticos y muchos de ellos se están aprovechando de la gracia gubernamental para mantener informados a sus televidentes, radioescuchas y lectores. Afortunadamente, en la era de la informática y del Internet, en la cual se cuenta con fácil acceso a un universo de información, resultará difícil para uno u otro lado imponer su perspectiva.

101 años de Panamá América

 
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