La Habana
Si sus convicciones políticas lo permiten y tiene más de 50 años, viajar a La Habana es impostergable. El impacto que desde nuestra niñez nos causaron la música, el deporte, el cine y la Revolución, es imborrable. Hoy día, que movilizarse por nuestra capital es agobiante, llegar a La Habana es arribar a un oasis, poco tráfico, no hay "se lo limpio jefe", "bien cuidado", vendedores, ni recolectores de dinero. No existe contaminación acústica, ni visual, las pocas vallas se enfilan a la sostenida confrontación con los americanos. Los sitios de compras y consumo, que en nuestra ciudad por su cantidad alcanzan a avergonzarnos, en la capital cubana son mucho menos. El cuadro triste de orates, indigentes y revolvedores de basureros, que nos golpean diariamente, casi no existe. La ciudad está bastante despejada de basura.
El malecón habanero, el doble del nuestro, se aprecia en toda su extensión, no existen obstáculos naturales o creados y con su marea alta del Atlántico constituye un paisaje atrayente, a veces de calma y otras de fuerza. Al llegar vamos al encuentro de La Habana Vieja, es impresionante la cantidad de casas y edificios antiguos que existen y restauran, parece que la furia del modernismo de vidrio y cemento por aquí no pasó. Hoy día que el turismo revalora lo auténtico y antiguo, La Habana posee tesoros arquitectónicos que empiezan a descubrirse. Agrada el ambiente festivo que se encuentra desde media mañana en hoteles y restaurantes, amenizado por grupos y cuartetos. Los museos alojados en edificaciones hispánicas o de finales del siglo pasado, son impresionantes. El museo de la revolución, el Napoleónico, el de la Ciudad, la Casa de Martí y muchos otros, alientan el turismo actual y sobre todo, el de Cuba, lleno de historia política, cultura y entretenimiento.
La Habana ha sido tomada por Martí y el Che, contrario a lo que podíamos pensar, es decir, que la figura omnipresente fuera Fidel. Bustos, monumentos, literatura e instituciones, establecen la obra y pensamiento de estos dos hombres valorados por Cuba y el mundo. El monumento a Martí en la Plaza de la Revolución, cuya cúspide es un mirador sencillo, pero grandioso, solemne pero acogedor, al mostrarnos la vida y obra de este magnífico hombre.
Un atractivo único en La Habana, sobre todo en este año del centenario de su nacimiento, es seguirle los pasos a Ernest Hemingway: comprar un libro, quizás su obra más cubana: El Viejo y el Mar, tomarse un daiquirí en el bar restaurante Florida, almorzar tomándose un mojito en la bodeguita del Medio, saborear un café en el Hotel Ambos Mundos, luego de visitar la habitación donde vivió muchos años e inició algunas de sus obras; visitar la Marina, de donde partía para pescar en el litoral, y como epílogo cautivador, viajar a su casa de campo, a unos 30 kilómetros de La Habana. Es una casa modesta, pero bien distribuida, de una planta, blanca, atrás hay una piscina, una torre y bajo cubierta, la lancha utilizada para la pesca. La casa que debe observarse desde afuera, contiene muestras de las pasiones de Hemingway, miles de obras entre libros y revistas, cabezas de animales cazados en Africa y pinturas y carteles sobre el toreo.
Por el bloqueo y su situación económica, La Habana resulta cara respecto a la alimentación y transporte, no obstante, las artesanías y libros se obtienen a buenos precios. La carencia de transporte es notoria en la ciudad, mucha gente pide aventones, particularmente las mujeres. Cuba ha empezado explotaciones de petróleo, que cubre un porcentaje bajo de sus necesidades. Existen muchos vehículos de los años 50 y 60, y es curioso observar los megabuses fabricados en el país y que por su forma, se les llama camellos. Los cubanos utilizan variados transportes, además de los convencionales, coches, bicicletas con toldo y asiento para dos personas, motos con asiento a un costado y unos pequeños llamados cocos, de motor y que transportan a dos personas. En las calles habaneras te preguntan constantemente de dónde eres y tratan de acertar, venden en mayor cantidad dos productos: habanos y un medicamento creado en la isla para disminuir el colesterol y que le atribuyen beneficios similares a la viagra. La visita a La Habana se complementa con un viaje a Varadero, a dos horas de distancia, en cuyo recorrido se observa la campiña cubana, sobresaliendo la hermosa palma real, árbol nacional. Varadero cuenta con muchos hoteles y sus playas son hermosas y agrestes, la transparencia, tonalidades y temperaturas de sus aguas, las hacen ideal para los que disfrutan del mar.
Cuba, conocida como la mayor de las Antillas, La Perla del Caribe, La Llave del Golfo, acogerá esta semana a los Presidentes y Jefes de Gobierno de Iberoamérica. Esperamos que de allí surjan soluciones para este país y Latinoamérica.
El malecón habanero, el doble del nuestro, se aprecia en toda su extensión, no existen obstáculos naturales o creados y con su marea alta del Atlántico constituye un paisaje atrayente, a veces de calma y otras de fuerza. Al llegar vamos al encuentro de La Habana Vieja, es impresionante la cantidad de casas y edificios antiguos que existen y restauran, parece que la furia del modernismo de vidrio y cemento por aquí no pasó. Hoy día que el turismo revalora lo auténtico y antiguo, La Habana posee tesoros arquitectónicos que empiezan a descubrirse. Agrada el ambiente festivo que se encuentra desde media mañana en hoteles y restaurantes, amenizado por grupos y cuartetos. Los museos alojados en edificaciones hispánicas o de finales del siglo pasado, son impresionantes. El museo de la revolución, el Napoleónico, el de la Ciudad, la Casa de Martí y muchos otros, alientan el turismo actual y sobre todo, el de Cuba, lleno de historia política, cultura y entretenimiento.
La Habana ha sido tomada por Martí y el Che, contrario a lo que podíamos pensar, es decir, que la figura omnipresente fuera Fidel. Bustos, monumentos, literatura e instituciones, establecen la obra y pensamiento de estos dos hombres valorados por Cuba y el mundo. El monumento a Martí en la Plaza de la Revolución, cuya cúspide es un mirador sencillo, pero grandioso, solemne pero acogedor, al mostrarnos la vida y obra de este magnífico hombre.
Un atractivo único en La Habana, sobre todo en este año del centenario de su nacimiento, es seguirle los pasos a Ernest Hemingway: comprar un libro, quizás su obra más cubana: El Viejo y el Mar, tomarse un daiquirí en el bar restaurante Florida, almorzar tomándose un mojito en la bodeguita del Medio, saborear un café en el Hotel Ambos Mundos, luego de visitar la habitación donde vivió muchos años e inició algunas de sus obras; visitar la Marina, de donde partía para pescar en el litoral, y como epílogo cautivador, viajar a su casa de campo, a unos 30 kilómetros de La Habana. Es una casa modesta, pero bien distribuida, de una planta, blanca, atrás hay una piscina, una torre y bajo cubierta, la lancha utilizada para la pesca. La casa que debe observarse desde afuera, contiene muestras de las pasiones de Hemingway, miles de obras entre libros y revistas, cabezas de animales cazados en Africa y pinturas y carteles sobre el toreo.
Por el bloqueo y su situación económica, La Habana resulta cara respecto a la alimentación y transporte, no obstante, las artesanías y libros se obtienen a buenos precios. La carencia de transporte es notoria en la ciudad, mucha gente pide aventones, particularmente las mujeres. Cuba ha empezado explotaciones de petróleo, que cubre un porcentaje bajo de sus necesidades. Existen muchos vehículos de los años 50 y 60, y es curioso observar los megabuses fabricados en el país y que por su forma, se les llama camellos. Los cubanos utilizan variados transportes, además de los convencionales, coches, bicicletas con toldo y asiento para dos personas, motos con asiento a un costado y unos pequeños llamados cocos, de motor y que transportan a dos personas. En las calles habaneras te preguntan constantemente de dónde eres y tratan de acertar, venden en mayor cantidad dos productos: habanos y un medicamento creado en la isla para disminuir el colesterol y que le atribuyen beneficios similares a la viagra. La visita a La Habana se complementa con un viaje a Varadero, a dos horas de distancia, en cuyo recorrido se observa la campiña cubana, sobresaliendo la hermosa palma real, árbol nacional. Varadero cuenta con muchos hoteles y sus playas son hermosas y agrestes, la transparencia, tonalidades y temperaturas de sus aguas, las hacen ideal para los que disfrutan del mar.
Cuba, conocida como la mayor de las Antillas, La Perla del Caribe, La Llave del Golfo, acogerá esta semana a los Presidentes y Jefes de Gobierno de Iberoamérica. Esperamos que de allí surjan soluciones para este país y Latinoamérica.