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La Historia tiene su partera (I)


El 19 de enero reciente se publicó en la edición dominical de El Panamá América un análisis del empresario y político Samuel Lewis Galindo, y que lo intituló "La crisis en el sindicalismo", particularmente en Panamá. No entraré ni a refutar ni a calificar sus apreciaciones acerca de algunos dirigentes sindicales a los que, incluso, a uno de ellos le analizó desde una óptica freudiana al señalar que este dirigente sindical "gritaba desaforado con descontrol hormonal". Una apreciación muy personalizada, no sustentadora ni fundamental del tema que trató en su escrito. Me referiré a la expresión en la cual calificó a la otrora Cervecería Nacional, S.A. y a su sindicato de entonces, como modelo de relaciones obrero-patronales; y en lo referente a la misma empresa "con alma y no (con) una mentalidad de caja registradora".
Me agité toda mi vida laboral en el sector eléctrico, en el IRHE desde 1967, durante el proceso de integración de la Fuerza y Luz en 1972 e ingresando a inicios de 1973 en el sindicalismo del sector. Conocí de los intentos de los militares y de los activistas de su Partido (en su primera edición), amalgamados con la administración de aquella empresa estatal, por controlar al entonces SITIRHE. Supimos de los compromisos económicos de algunos cuadros sindicales emergentes al calor de las vacilaciones ideológicas de entonces, que abrieron el camino a los intentos iniciales privatizadores en la medianía de la década del "80, mientras la fachada beligerante y populista sindical ocultaba una segunda intención, y se expresaba en la confrontación contra el militarismo de las postrimerías del proceso reorientado en 1972 hacia el populismo o hacia el bonapartismo, como indican los más radicales de izquierda. Posteriormente, con la última invasión armada al país, el intento de retomar la fórmula de confrontación para nuevos logros económicos llevó a un proceso de desmoronamiento del sindicalismo eléctrico y a la atomización de sus activistas. Y con el proceso privatizador desde noviembre de 1998, el SITIRHE se transformó en sindicato de carácter industrial, ahora SITIESPA, por mandato de la ley 6ª de 1997. La mayoría de los antiguos ejecutivos del IRHE, y que encauzaron tal privatización, pasaron a integrar los directorios de las nuevas empresas ahora concesionadas; y éstos, en asocio con los empresarios extranjeros, procedieron a tomar el control de la actividad sindical en algunas de las empresas eléctricas; eso sí, contrario a lo aseverado por el señor Lewis Galindo: la docilidad y el amarillismo es la tónica de ese nuevo sindicalismo auspiciado por estos empresarios.
Los propios empresarios extranjeros, con el apoyo logístico de "sindicalistas" de vieja data y de anteriores ejecutivos del IRHE, solicitaron al último ministro de Trabajo del gobierno anterior, el refrendo ministerial para lograr la personería jurídica. ¡Ni siquiera lo solicitaron los sindicalistas de "a dedo"! No publicables son los términos vulgares utilizados por un "respetado" empresario al negarse el entonces ministro a refrendar semejante parto sindical, producto de una relación aberrante. Hoy tienen hasta una "convención colectiva" que permite externar servicios básicos obligatorios por mandato de la ley de la actividad pública de electricidad. Y ese sindicato de "nuevo tipo", así se hacen llamar, permite que a sus afiliados le apliquen las pruebas del polígrafo o detector de mentiras; y frente a cualquier "titubeo" les aplican el cese laboral. Estas actitudes prepotentes podrían obedecer, similarmente, al cobro de la factura de aquellos que financian campañas electorales (de todos los candidatos), y después esperan que, incluso, las leyes ya aprobadas sean adecuadas a sus intereses empresariales. Aquí no operaría el respeto a la llamada Seguridad Jurídica.
Tales intentos de controlar la actividad sindical también han tocado el área estatal de la electricidad. Estas actitudes empresariales rayanas en prácticas desleales contrarias al Código de Trabajo y a los convenios de la Organización del Trabajo, han sido y serán denunciadas, también las próximas, a nivel internacional. Toda la vida no tendrán autoridades laborales venales y complacientes.
Muchas de las intimidades del proceso privatizador han sido denunciadas ante las entidades fiscalizadoras, pero después de varios años no se ve resultado alguno.
Los poderosos, que siempre serán transitorios, aún ejercen influencia de cualquier tipo. Mientras haya dirigentes acomodaticios, habrá sindicalistas responsables, que son mayoría.
Lo cierto es que todo indica que el PRD y su candidato ganarán sin apremio los próximos comicios electorales.
Los movimientos que se realicen en función de la aplicación de la política a futuro en la búsqueda de un buen gobierno, en estos momentos, son exclusivos del criterio al respecto de nuestros futuros gobernantes.

101 años de Panamá América

 
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