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La Historia tiene su partera (II)


El actual sindicato industrial, al que todavía asesoro, mantiene un núcleo de dirección disminuido en su accionar por las flaquezas del oportunismo ramplón y de la traición artera de algunos que en el pasado reciente fueron "dirigentes", ahora plegados a los intereses patronales.
Este sindicalismo ejemplar se yergue sobre estos sinsabores buscando ofertar a sus pocos agremiados nuevas alternativas y oportunidades de un mejor futuro, sin recurrir a la demagogia ni a la fuerza (que no tiene), sin diatribas ni poses teatrales que en muchas ocasiones están dirigidas a la búsqueda de intereses electorales partidistas, o para lograr recompensas económicas de patronos venales, o cargos gubernamentales altamente remunerados. De este tipo de "sindicalista", suponemos, escribió el señor Samuel Lewis Galindo.
La crisis en el sindicalismo sí es real, pero no generalizada. Es por falta de mayor capacitación o educación sindical, y por carencia de la plena conciencia de clase.
No puede haber sindicalismo sin fuente de trabajo; y por eso hay que realizar una reingeniería en todo el sector laboral. No habrá tranquilidad social, mientras existan empresarios nacionales y extranjeros con esa mentalidad de caja registradora, como dice el señor Lewis Galindo, y como acuñara en su momento el General Omar Torrijos Herrera.
Vale señalar que la crisis mencionada en el artículo en comento, ha tenido como complemento la actitud de un ex Ministro del Trabajo quien, en una ocasión, declaró que si rebajaban los salarios ministeriales, él se retiraría a sus actividades empresariales privadas. Esta ha sido la autoridad que más sindicalismo amarillo ha propiciado. Esperamos que ahora que no es ministro, la asesoría en otra entidad no sea con el salario de ministro. Sería una burla a la pobreza nacional. Más dignidad tuvo otro empresario que no aceptó ese cargo ministerial porque no sería imparcial en sus ejecutorias o decisiones, aunque la gestión pública se debe dar en función del interés nacional y no en función de gremios. Aquel alto funcionario que solamente estaba en el cargo por el salario, recurrió a los sindicatos amarillos aprobados por él para que solicitaran al Poder Ejecutivo que le dejaran en el cargo.
En la época de los militares, dijo un alto oficial retirado, que a los activistas populares, políticos y demás, los "cartucheaban", les concedían los contratos, o los expatriaban... O "se morían". Así fue en el pasado; ocurre en el presente, y ojalá se erradique en el futuro. La dignidad debe ser en todos los niveles sociales.
Todavía hay en el país ciudadanos que con honestidad tratan de defender los intereses históricos de los trabajadores, y así construir palmo a palmo, junto al empresariado también honesto y responsable, un mejor futuro para Panamá.
Frente a la crisis sindical- empresarial, incluida la gestión gubernamental, tenemos confianza en poder superar los escollos, aunque en el empeño se nos vayan las fuerzas vitales. Esto sí es un compromiso de vida con el cual estamos identificado.
En caso de que nuestros asesorados actuasen contrario a su actual conducta irreprochable, cerraríamos este capítulo de nuestra vida pública. Confiamos que ellos no serán como los descritos por el señor Lewis Galindo, y como los que saltaron del barco creyendo que se hundía. Y en este núcleo de dirección del sector eléctrico honesto, se activa el primer despedido por la Ley 95 de 1976, entonces activista del sindicato de aquella Cervecería Nacional.
Ni se ha rajado ni se ha vendido. Es preferible que la gente lo señale a uno como aquel pendejo que no se aprovechó de la oportunidad, a que lo señalen como "un tal por cual que nos vendió". Lo más valioso que podemos dejar a nuestra descendencia será el buen nombre, como herencia mínima.
Aquellos empresarios "juega vivos" que son la contraparte del tipo de sindicalista descrito por el Sr. Lewis Galindo en su artículo publicado en este diario el pasado 19 de enero, deben recordar que mientras haya memoria histórica y no haya cabida para el diálogo franco y honesto con resultados compartidos (ganar-ganar, le llaman ahora), habrá caldo de cultivo insurreccional. Aún hay tiempo para evitar que la Historia acuda a su partera natural: la violencia. (La primera entrega de este artículo fue publicada en esta sección, el pasado lunes 24 de febrero).

101 años de Panamá América

 
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