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La histórica gira del Papa


Cualquiera que sea la perspectiva que se emplee para analizar la trascendencia de la primera visita oficial del Sumo Pontífice a Israel, se encontrarán connotaciones de valor histórico sin paralelo. Desde el punto de vista religioso, más que de una reconciliación se podría reflexionar sobre el reencuentro en el tiempo de la heterodoia cristiana y la ortodoxia hebrea. Con el ejemplo de humildad de Juan Pablo II, los católicos debemos aceptar que hace dos mil años Jesucristo rompió el molde de una teología que existía desde tres mil años antes, construyendo una nueva religión sobre la matriz histórica de una vieja.
Las relaciones entre cristianos y hebreos fueron sangrientas al principio, hostiles y recelosas desde la Edad Media hasta la época contemporánea cristianos y hebreos.
No es el momento de ajustarle cuentas a la historia y plantear quién tuvo la responsabilidad de la expulsión de judíos en España en tiempo de los reyes católicos, los macabros dogmatismos de la Santa Inquisición, los progroms en Europa Oriental, el holocausto nazi. El Papa ha pedido perdón por los errores de la Iglesia en el tiempo,
Aunque en el caso específico del holocausto no hay fundamento para achacarle responsabilidades directas por lo que ordenó y ejecutó un genocida demente como Adolfo Hitler y sus perversos sicarios. Es menester situarse en el contexto internacional del nazismo y el fascismo para debatir quién tiene responsabilidades por esto y aquello.
Lo trascendente y rescatable es que el jefe de la iglesia ha tomado la iniciativa en la búsqueda de un entendimiento armonioso e igualitario con religiones como el hebraísmo, el islamismo, el protestantismo y el budismo, y otras religiones, si Dios le da vida a este extraordinario polaco que, con formidable coraje, cambia radicalmente las relaciones inter-iglesias.
Con manos temblorosas y voz apenas audible, pero con una reciedumbre espiritual y física que supera contratiempos, el Papa ha brindado al mundo una lección de amor e integridad moral que no se podrá olvidar.


101 años de Panamá América

 
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