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La iglesia cubana en la visita del Papa


Desde antes de llegar a Cuba, en su mensaje del 20 de diciembre, el Papa, al anunciar que vendría como "mensajero de la verdad y de la esperanza", se refirió a su principal preocupación, a saber su expectativa de que la Iglesia después de su visita pudiera "seguir disponiendo, cada vez más, de la libertad necesaria para su misión y de los espacios adecuados para llevarla a cabo plenamente y seguir prestando así su servicio al pueblo cubano". En su visita la reiteró numerosas veces y otra vez a su regreso a Roma en su audiencia general del 28 de enero.
Con el Encuentro Nacional Eclesial Cubano (ENEC) realizado en 1986, que reunió desde Obispos a laicos, la iglesia decidió reencontrar su vitalidad en Cuba. Ello implicó, aceptando como punto de partida las condiciones que imponía el régimen, asumir una labor de formación espiritual y moral en la fe y progresivamente desde la fe discernir las consecuencias humanas de dichas condiciones en la vida de los cubanos, para impulsar su evolución en la reconciliación y la paz.
A partir de entonces, la renovación y el crecimiento se han dado a la par en la iglesia cubana. Mientras la Revolución está encabezada por quienes la jefaturaron hace 39 años y varias nuevas figuras, la iglesia cubana cuenta con un liderazgo totalmente nuevo. Cuenta, además, con 300 sacerdotes, un aumento de 30%, 500 religiosas, un aumento de 100% y 100 seminaristas. Los bautizos de niños han aumentado 500% y los bautizados que se confirman o casan religiosamente han aumentado 250%. Una encuesta gubernamental pretendió hace varios años que sólo el 17% de los cubanos eran creyentes en Dios, mientras que otra de 1987 reconocía que eran el 86%. Una publicación eclesial afirma que "sin poder realizar una encuesta rigurosa, es posible decir que aproximadamente el 70% de la población cubana es católica", de la cual una significativa minoría comparte también las creencias sincréticas de la santería, ya que ésta exige el bautizo como condición.
En 1991 se estableció Caritas, que proyecta la respuesta de la Iglesia a las necesidades apremiantes de la población, sin distingos de creencias. En donde funciona es un centro de contacto, comunicación y servicio social. En 1993, en pleno período especial, se publicó la Carta Pastoral "El amor todo lo espera" que asumió una función profética acerca del futuro cubano. Denunciaba "el carácter excluyente y omnipresente de la ideología oficial" y planteaba resolver los problemas "entre cubanos, en Cuba", por la vía del diálogo reconciliador. En 1996 se reunió el segundo ENEC, en un momento crítico en que disidentes intentaban reunirse públicamente, habiendo solicitado la presencia del Cardenal Ortega como testigo, y en que las autoridades cubanas derribaron dos de tres avionetas provenientes de Estados Unidos.
Ya en 1993 también se había establecido en la Diócesis de Pinar del Río el Centro de Formación Cívica Religiosa, bajo la dirección del laico Dagoberto Valdés. Ofrece catorce ciclos de encuentros, que parten de la vida cubana actual, se inspiran de la Doctrina Social de la Iglesia y del personalismo de Mounier y emplean una metodología participativa. Sus temas son: "Somos personas", "Vivimos en sociedad", "Somos familia", "Somos trabajadores", "Somos universitarios", "Aprendamos economía" (especialmente para las microempresas de los cuentapropistas), "Etica", "Derechos Humanos", "Proyecto de humanismo renovado para Cuba", etc... El Centro abarca tres Grupos de Profesionales que reflexionan sobre su economía, la educación y la vida intelectual y creativa. Publica la revista Vitral, que muchos consideran la mejor revista católica en Cuba. Esta pastoral cívicoreligiosa se extiende ahora a la Diócesis de Cienfuegos, Santiago de Cuba y La Habana. Representa, sin duda, el más importante esfuerzo de formación para vivir el Evangelio en la dimensión social de la Cuba actual.
Hoy en día las diferentes Diócesis editan cerca de diez publicaciones regulares con circulación de varios miles de ejemplares. No se han podido construir nuevos templos, pero existen unas 500 "casas de misiones", residencias de particulares donde se dice misa y se reúnen grupos eclesiales. Hace dos años y medio asistí a misa en Camagüey y comprobé que más de la mitad de los presentes en la Iglesia tenían entre 15 y 25 años. A las conversiones de retorno, que incluyen familiares de altos funcionarios, hay que añadir las conversiones de ingreso entre muchos jóvenes. Habiendo perdido la confianza en la ideología y la praxis oficiales de su país, buscan darle un sentido a su existencia a través de una visión y un estilo de vida cristianos, a la vez diferentes y enraizados en su cultura e identidad nacional.
El carisma del Papa actualizó potencialidades presentes en una Iglesia cubana renovada. Como preparación a su visita, sacerdotes y laicos misioneros repartieron, en contacto personal, un millón de Evangelios de San Marco y tres millones de catecismos. Una reproducción de la Virgen de la Caridad del Cobre recorrió las iglesias parroquiales de La Habana y cientos de miles de cubanos la visitaron.
En sus mensajes a la Iglesia cubana el Papa entrelazó sus preocupaciones en una visión impresionantemente articulada y firme. Según la misma, la libertad de conciencia religiosa exige espacios adecuados para que la Iglesia, a pesar de las indudables pruebas que ha sufrido, pero sin posición hegemónica o excluyente, cumpla su triple misión: cultural, profética y caritativa. Es un derecho inalienable no simplemente de la Iglesia, sino de cada persona y cada pueblo. Su ejercicio enaltece a todos los hombres y a todos los pueblos. La fe en Jesucristo, que es quien le revela al hombre su propia identidad y en quien sólo podemos encontrar el sentido de todo lo humano, es fuente y savia de la cultura y la identidad nacional cubanas. De allí la importancia del Siervo de Dios Félix Varela, la mejor síntesis entre fe cristiana y cultura cubana, de Martí, quien afirmaba que "la religión del Nazareno sedujo a todos los hombres honrados" y que "todo pueblo necesita ser religioso", y también de Céspedes, Agramonte, Maceo, Calixto García y los mambises. De estas raíces cristianas de la cubanía del "alma cristiana" de Cuba y del ejercicio de la libertad de conciencia, surge una exigencia de protagonismo personal y nacional, que reclama derechos humanos, democracia e independencia.
Conjuntamente estos valores configuran para el Papa un proyecto de futuro nuevo, "cada vez más digno y más libre", que depende particularmente de los jóvenes y para alcanzar el cual "ésta es la hora de emprender nuevos caminos". No se trata, en Cuba u otro país de construir el Estado moderno sobre al ateísmo o sobre una religión, ni de subordinar la persona y los pueblos pobres a la manera del neoliberalismo capitalista, sino de conjugar la libertad y la justicia social y colocar la dignidad del hombre, que no es ni simple consumidor ni simple productor, por encima de toda estructura. Estos son cambios de reconciliación, diálogo y fraternidad "entre todos los cubanos sin excepción", que han de conducir "por medios pacíficos a graduales" a una Cuba y un mundo abiertos entre sí en "una civilización de la justicia y la solidaridad, de la libertad y la verdad..., del amor y la paz". Y "a causa de la posición singular de Cuba en la historia mundial de este siglo", el Papa consideró que su visita era "un momento privilegiado para hacer conocer la doctrina social de la Iglesia" en Cuba y desde Cuba en el mundo. Lo logró.
Juan Pablo II impulsó así magistralmente a la Iglesia cubana hacia el futuro, a través del servicio a todos los cubanos, a los creyentes y no creyentes, incluso a los exiliados y a los encarcelados por razones de conciencia, en la misma medida en que ya la encontró encaminaba en esta dirección. El confirmó y exaltó su rumbo.
Por último, consideraré las condiciones de Cuba a raíz de la visita del Papa.

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