¿La Iglesia cuestionada?
En un reciente artículo de La Prensa, se nos presentó una encuesta nacional realizada por Dichter & Neira. En el mes de marzo se encuestaron a mil 215 personas mayores de 18 años sobre el tema del celibato y los sacerdotes. Más del 56% opinó que los sacerdotes deberían tener una pareja; 40.4% consideró que no deberían tener la opción, y un 3.6 % no supo qué contestar. Hubiera sido también muy interesante saber cuántos de los encuestados se profesan católicos practicantes. Sorprende, por otra parte, que no es tan bajo el número de los que piensan de manera contraria a la mayoría.
Cuando se suscitan debates como la citada encuesta u otros tópicos sobre la Iglesia, la más beneficiada es la misma iglesia y nosotros sus miembros, y para que nuestra labor sea más creíble, auténtica y efectiva, no debemos temer a los cuestionamientos, mucho menos dejarnos condicionar por ellos.
He dicho en otro momento, por éste mismo medio, cabe la posibilidad de que en un futuro la Iglesia abra las puertas a la opción del sacerdocio casado; pero lo que nunca podrá suprimir es el valor y la elección libre del celibato por ser un signo evangélico que apunta al Reino de Dios.
Somos de la opinión que antes que la Iglesia se decida por esta iniciativa, deberá resolverse el tema de la división que perdura en las diversas denominaciones. Por ejemplo, la separación con las iglesias ortodoxas de rito oriental y rusa. Es bueno ilustrar a los que desconocen a la iglesia de rito oriental, que en ella conviven las dos opciones: El sacerdote casado es bien recibido, pero en los monasterios y a los llamados a ser obispos se les exige el celibato. Sólo en la iglesia latina o de occidente no existe esta alternativa.
222 ...cabe la posibilidad de que en un futuro la Iglesia abra las puertas a la opción del sacerdocio casado; pero lo que nunca podrá suprimir es el valor y la elección libre del celibato por ser un signo evangélico que apunta al Reino de Dios.
Los efectos también hablan por sí solos. Curiosamente, la iglesia latina es mucho más dinámica, más pujante y con mayor número de vocaciones. ¿Cuál es el secreto? Pensamos que la disponibilidad total de sus ministros célibes. Dicho en otras palabras, sin compromisos al vínculo familiar.
Hay otro aspecto interesante que merece consideración para la opción celibataria y es el llamado al martirio. Recordemos a San Maximiliano Kolbe, quien sin estar en la lista de los sentenciados a muerte en un campo de concentración de la Alemania nazi, se ofreció a morir por un padre de familia que lloraba desconsoladamente por la pena de dejar a los suyos desamparados. Ante la sorpresa del oficial alemán, el Padre Kolbe respondió: "Soy un simple sacerdote católico y quiero morir por él."
Pensemos en los muchos mártires de América Latina; en Monseñor Romero, Padre Rutilio, Padre Gallego, entre muchos; ellos no hubieran arriesgado su vida hasta la muerte si los condicionaran mujeres e hijos que mantener.
Que conste que en nada se desmerita el valor del sacramento matrimonial, pero lo que es indiscutible en palabras del apóstol San Pablo es que "el célibe se cuida de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor. El casado ha de cuidarse de las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer" (1Cor 7, 31).
Concluimos: De lo que se trata es de una opción vocacional que ha de ser libre y generosa. Y la Iglesia enseña que tanto en el celibato como en el matrimonio lo que importa es nuestra santificación, ya que en Su presencia, en la Vida Eterna, seremos como ángeles.
Replanteamos que los cuestionamientos no desmeritan a la Iglesia; ella está puesta en el mundo, en palabras de nuestro Señor, para ser sal y luz. La sal sirve para dar sabor y la luz para iluminar en la oscuridad.
Exhortamos a los de la firma Dichter & Neira (y a quienes contratan sus servicios) a seguir, con criterio científico, presentando diversos aspectos de cómo miran los panameños su iglesia católica. Así también podremos responder mejor a nuestro trabajo de evangelización en bien del pueblo.
Cuando se suscitan debates como la citada encuesta u otros tópicos sobre la Iglesia, la más beneficiada es la misma iglesia y nosotros sus miembros, y para que nuestra labor sea más creíble, auténtica y efectiva, no debemos temer a los cuestionamientos, mucho menos dejarnos condicionar por ellos.
He dicho en otro momento, por éste mismo medio, cabe la posibilidad de que en un futuro la Iglesia abra las puertas a la opción del sacerdocio casado; pero lo que nunca podrá suprimir es el valor y la elección libre del celibato por ser un signo evangélico que apunta al Reino de Dios.
Somos de la opinión que antes que la Iglesia se decida por esta iniciativa, deberá resolverse el tema de la división que perdura en las diversas denominaciones. Por ejemplo, la separación con las iglesias ortodoxas de rito oriental y rusa. Es bueno ilustrar a los que desconocen a la iglesia de rito oriental, que en ella conviven las dos opciones: El sacerdote casado es bien recibido, pero en los monasterios y a los llamados a ser obispos se les exige el celibato. Sólo en la iglesia latina o de occidente no existe esta alternativa.
222 ...cabe la posibilidad de que en un futuro la Iglesia abra las puertas a la opción del sacerdocio casado; pero lo que nunca podrá suprimir es el valor y la elección libre del celibato por ser un signo evangélico que apunta al Reino de Dios.
Los efectos también hablan por sí solos. Curiosamente, la iglesia latina es mucho más dinámica, más pujante y con mayor número de vocaciones. ¿Cuál es el secreto? Pensamos que la disponibilidad total de sus ministros célibes. Dicho en otras palabras, sin compromisos al vínculo familiar.
Hay otro aspecto interesante que merece consideración para la opción celibataria y es el llamado al martirio. Recordemos a San Maximiliano Kolbe, quien sin estar en la lista de los sentenciados a muerte en un campo de concentración de la Alemania nazi, se ofreció a morir por un padre de familia que lloraba desconsoladamente por la pena de dejar a los suyos desamparados. Ante la sorpresa del oficial alemán, el Padre Kolbe respondió: "Soy un simple sacerdote católico y quiero morir por él."
Pensemos en los muchos mártires de América Latina; en Monseñor Romero, Padre Rutilio, Padre Gallego, entre muchos; ellos no hubieran arriesgado su vida hasta la muerte si los condicionaran mujeres e hijos que mantener.
Que conste que en nada se desmerita el valor del sacramento matrimonial, pero lo que es indiscutible en palabras del apóstol San Pablo es que "el célibe se cuida de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor. El casado ha de cuidarse de las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer" (1Cor 7, 31).
Concluimos: De lo que se trata es de una opción vocacional que ha de ser libre y generosa. Y la Iglesia enseña que tanto en el celibato como en el matrimonio lo que importa es nuestra santificación, ya que en Su presencia, en la Vida Eterna, seremos como ángeles.
Replanteamos que los cuestionamientos no desmeritan a la Iglesia; ella está puesta en el mundo, en palabras de nuestro Señor, para ser sal y luz. La sal sirve para dar sabor y la luz para iluminar en la oscuridad.
Exhortamos a los de la firma Dichter & Neira (y a quienes contratan sus servicios) a seguir, con criterio científico, presentando diversos aspectos de cómo miran los panameños su iglesia católica. Así también podremos responder mejor a nuestro trabajo de evangelización en bien del pueblo.