La Iglesia y el deber de votar
Un comunicado de la Conferencia Episcopal Panameña hecho público el viernes pasado, exhorta a los panameños a cumplir con su obligación de votar en el referéndum sobre la reelección presidencial a celebrarse el 30 de agosto próximo.
El documento suscrito por los obispos del país presididos por el arzobispo José Dimas Cedeño formuló su convocatoria a las urnas, invitando a la ciudadanía a asumir una actitud "consciente y madura, que anteponga el bien común a criterios personalistas o a intereses particulares".
El mismo mensaje había sido adelantado a partir del domingo antepasado por el semanario "Panorama Católico" y antes de él, por algunos prelados cuyas opiniones en materia eclesiástica y social suelen tener gran impacto entre la población del país, abrumadoramente católica.
Obviamente que la exhortación a la "obligación" de votar, y a la "conciencia y madurez" de los electores, va claramente dirigida a la enorme masa de votantes indecisos, y sobre todo a quienes en cada encuesta de opinión marcan que no votarán o que es poco probable que lo hagan.
Asiste toda la razón a la Iglesia porque, con independencia de una u otra opción, ningún panameño debe rehuir su obligación moral de participar y decidir, porque el país es de todos; y no es justo que por cobardía, indiferencia, irresponsabilidad o, simplemente, por quedarse a gozar el ocio en casa, se ponga el destino de la nación entera, en manos de una minoría.
Tiene asimismo la razón la Iglesia cuando expone como guía y norte de orientación para los indecisos, el que se anteponga el "bien común a los criterios personalistas o a intereses particulares", lo cual puede ser interpretado como una invitación a votar pensando en el bien común y no en determinado gobierno, partido o candidato en particular.
El que el mensaje contenga o no una alusión a favor o contra una u otra alternativa es cuestión de opinión. A nosotros nos parece muy centrado y objetivo. Nadie con algo de objetividad puede pretender que una exhortación a ejercer el derecho ciudadano a votar sea negativo; y mucho menos si tal se hace con llamados a tener como guía para una decisión el bien común por sobre cualquier interés particular o personalista.
En lo demás, el mensaje concluye el tema exhortando a que la campaña política se desarrolle dentro de un marco de "cordura y respeto a la dignidad de las personas", lo cual es también loable, porque no podemos permitir que el país se divida ni exacerbe sus pasiones por cuestiones de mera opinión política circunstancial. En todo momento, debe imperar el respeto por el adversario y la opinión ajena.
El documento suscrito por los obispos del país presididos por el arzobispo José Dimas Cedeño formuló su convocatoria a las urnas, invitando a la ciudadanía a asumir una actitud "consciente y madura, que anteponga el bien común a criterios personalistas o a intereses particulares".
El mismo mensaje había sido adelantado a partir del domingo antepasado por el semanario "Panorama Católico" y antes de él, por algunos prelados cuyas opiniones en materia eclesiástica y social suelen tener gran impacto entre la población del país, abrumadoramente católica.
Obviamente que la exhortación a la "obligación" de votar, y a la "conciencia y madurez" de los electores, va claramente dirigida a la enorme masa de votantes indecisos, y sobre todo a quienes en cada encuesta de opinión marcan que no votarán o que es poco probable que lo hagan.
Asiste toda la razón a la Iglesia porque, con independencia de una u otra opción, ningún panameño debe rehuir su obligación moral de participar y decidir, porque el país es de todos; y no es justo que por cobardía, indiferencia, irresponsabilidad o, simplemente, por quedarse a gozar el ocio en casa, se ponga el destino de la nación entera, en manos de una minoría.
Tiene asimismo la razón la Iglesia cuando expone como guía y norte de orientación para los indecisos, el que se anteponga el "bien común a los criterios personalistas o a intereses particulares", lo cual puede ser interpretado como una invitación a votar pensando en el bien común y no en determinado gobierno, partido o candidato en particular.
El que el mensaje contenga o no una alusión a favor o contra una u otra alternativa es cuestión de opinión. A nosotros nos parece muy centrado y objetivo. Nadie con algo de objetividad puede pretender que una exhortación a ejercer el derecho ciudadano a votar sea negativo; y mucho menos si tal se hace con llamados a tener como guía para una decisión el bien común por sobre cualquier interés particular o personalista.
En lo demás, el mensaje concluye el tema exhortando a que la campaña política se desarrolle dentro de un marco de "cordura y respeto a la dignidad de las personas", lo cual es también loable, porque no podemos permitir que el país se divida ni exacerbe sus pasiones por cuestiones de mera opinión política circunstancial. En todo momento, debe imperar el respeto por el adversario y la opinión ajena.