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La importancia de la información


El diario El Panamá América, en las últimas semanas, ha formulado diversos denuncios públicos de presuntas irregularidades cometidas por funcionarios públicos en detrimento del Estado, que no es el caso entrar a enumerar. Ello ocasionó gran revuelo en la ciudadanía y agitación dentro del gobierno, pues se develó la realidad interna de la presente administración pública que difiere mucho de la imagen que sus integrantes pretenden proyectar. El derecho a informarse es considerado como un principio democrático básico, así lo establece nuestra Constitución Nacional en su artículo 37. Este derecho comprende la libertad de buscar, recibir y difundir información e ideas de toda índole y así lo hacen los medios de comunicación. Es por este hecho que la clase política corrupta que detenta el poder, en un momento dado, suele ver a los medios como un poder antagónico y es que la corrupción lucra sobre la ignorancia y la incertidumbre popular. La corrupción es menos frecuente cuando existe amplia información respecto de qué están haciendo los funcionarios.
Los medios de comunicación en Panamá se han convertido en el gran escenario de la justicia ausente, llegando en muchos casos a sustituir a los tribunales de justicia, que a menudo funcionan lentamente o simplemente no funcionan, lo que lleva a la impunidad judicial, que es posible comprobar sólo con revisar el listado de funcionarios involucrados en corrupción que no han recibido su correspondiente sanción legal. Constituye un hecho obvio que la justicia panameña no ha sido capaz de sacar a la democracia panameña del punto muerto en que se encuentra en la lucha contra la corrupción, cada vez se cometen más actos de corrupción y la impunidad se destaca. Por ello, resientes encuestas denotan el mayoritario porcentaje de panameños que no creen en la justicia panameña y que la estiman corrupta.
Pero los medios no pueden con toda la carga, pues su función tampoco es la de substituir a las instituciones. Ellos son como un reflector que se mueve en todas direcciones, sacando episodio tras episodio de la obscuridad y llevándolo al conocimiento público. Los medios son servidores y guardianes de las instituciones que ante la falta de justicia, la incapacidad o desidia institucional de luchar contra la corrupción, han adoptado la delantera y logrado la sanción social de muchos actos de corrupción, que no es suficiente por cuanto a que es menester la sanción jurídica. Además, los hechos que salen a la luz pública, gracias a los medios de comunicación, no son sino la parte visible del "iceberg", es apenas una ínfima parte de la realidad, de allí que muy pocos son los actos corruptos que llegan al conocimiento público y casi ninguno es juzgado y sancionado por la justicia.
Alguien me enunció las diferentes actitudes de la clase política gobernante ante la denuncia pública de corrupción contra un funcionario de la administración y que refleja, a carta cabal, su peculiaridad frente a estas imputaciones.
a- En campaña electoral: "en mi futuro gobierno, cualquier funcionario corrupto deberá renunciar". b- Cuando se publica por primera vez la investigación: "Pongo las manos en el fuego por ese funcionario". c- Cuando han pasado unos días y el tema permanece en tapete: "vamos a investigar hasta las últimas consecuencias". d- Cuando la prensa publica evidencias de corrupción: "esto es parte de una burda campaña de desprestigio contra la administración". e- Cuando alguien de la oposición exige que se investiguen los hechos: "la oposición hace denuncias irresponsables para encubrir la falta de propuestas". f- Cuando excepcionalmente se produce el procesamiento del funcionario: "siempre ha ocurrido corrupción porque es un fenómeno común a todos los países de la tierra". g- Cuando el caso está en manos de la fiscalía: "el caso está en manos de la Justicia y hasta que ella no dictamine lo contrario, todo funcionario es inocente". Lo cierto es que la clase política panameña se le señala como corrupta, no porque todos roben sino porque muestran una imagen de autores, cómplices, encubridores o, lo que es peor: de indiferentes.

101 años de Panamá América

 
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