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La incompetencia surrealista de “la patria nueva”


EL SURREALISMO, movimiento literario y artístico nacido en los años 20 del pasado siglo, proponía desbordar la realidad imponiendo sobre ella lo imaginario e irracional. En Panamá, sólo que 90 años más tarde, el surrealismo, en su versión política, está en pleno apogeo. Su incubación comenzó hace ocho años y medio, cuando "el líder de la patria nueva" aspiró a la presidencia, por primera vez, en las elecciones de mayo de 1999 y se proclamó depositario de la sabiduría y poseedor indiscutido de todas las respuestas a los problemas nacionales.
Desde su primera aventura electoral, fallida, hasta su victoria en las elecciones de mayo de 2004, se consagró en cuerpo y alma a profundas meditaciones, eso pregonaba él y repetían sus corifeos, para madurar las respuestas que ya tenía, asistido por el grupo especial de gurúes que hoy le acompañan como asesores, a un costo mensual para el Estado de muchas decenas de miles de balboas.
¿Para qué le han servido al país tanta proclamada sabiduría y tan profundas meditaciones? Pues absolutamente para nada. Para quienes detentan el poder público, ese es otro cantar. Se han repartido entre sus comilitones todos los cargos públicos. A aquellos que por su turbio pasado no podían exhibir sin provocar el estupor de la ciudadanía, los acomodaron en asesorías y mediante contratos, no importa que algunos ya anduvieran arrastrando las cutarras. Y cuando los cargos no les alcanzaron para acomodarlos a todos, inventaron "las autoridades", que se reproducen como los hongos después de la lluvia o le cambiaron los nombres a algunas entidades existentes como fórmula para defenestrar a sus titulares y ubicar a otros favoritos.
Hagan un repaso rápido y pregúntese: ¿Cuál de los problemas principales del país, para los que se prometió presentar "alternativas" en los primeros cien días de gobierno, ha sido siquiera medianamente resuelto, después de transcurridos dos años y medio del gobierno de "la patria nueva"? Ni los más serviles aduladores del gobierno intentan explicarlo.
Soluciones no hemos visto; pero sí derroches de demagogia durante la mitad de su mandato que ya ha consumido "la patria nueva". El dinero para financiar la propaganda oficial ha corrido igual que un caudaloso río desbordado. Ningún gobierno en nuestra historia ha gastado tanto dinero para promover su imagen. Ojalá que la Contraloría aceptara el reto que desde aquí le lanzamos y se atreviera a publicar, sin engaños ni subterfugios, las cantidades reales que se ha gastado el gobierno de turno en propaganda. Cualquier estimación que se haga, se queda corta, pues las cifras son escandalosas.
Soluciones no hemos visto; pero sí somos testigos, porque lo publican sin ningún sonrojo, que se han invertido cinco millones de balboas para remodelar, al gusto y capricho de sus actuales inquilinos, el Palacio de las Garzas. Tal pareciera que su intención (no me extraña que esa idea ronde por sus cabezas) sea pretender ocuparlo por muchos años.
Soluciones no hemos visto; pero sí sabemos, porque lo han divulgado como si de una hazaña se tratara, que en "gastos discrecionales", los mismos que fueran tan duramente criticados cuando gobernaba su predecesora, se ha repartido la escandalosa cifra de siete millones de balboas. Decirnos, como justificación, que unos cuantos miles de balboas, de esa abismal suma han sido destinados a socorrer a unos pocos desamparados, sólo confirma lo muy poco que al gobernante de turno le preocupa respetar a sus conciudadanos.
Soluciones no hemos visto; pero sí hemos comprobado que el gobierno de turno está convencido que puede comprar la conciencia de la ciudadanía con "pan y circo". Eso y no otra cosa es la mascarada de destinar cuatro millones de fondos públicos en un carnaval que ya se retrata como una crónica anunciada de los fracasos anteriores; que, aparte de repartir muchos miles de dólares entre los amigos de los organizadores, sólo persigue distraer la atención publica, mientras prosiguen las vergonzosas sesiones extraordinarias en las que se aprobarán, a tambor batiente, reformas penales, con nombres y apellidos, y se preparará el montaje de una nueva sala en la Corte Suprema de Justicia, para acomodar, no a independientes y, desde luego, tampoco a opositores.
Soluciones no hemos visto; pero sí hemos comprobado cómo el gobierno de turno esconde, tras la pantalla de los espectáculos publicitarios en los que se distribuyen pequeñas dádivas a humildes panameños necesitados, a los que se obliga a servir de público cautivo para las fotografía y publicidad de "la generosidad presidencial", la desenfrenada carrera que ha disparado la deuda pública a niveles de absoluta irresponsabilidad.
Soluciones no hemos visto; pero sí hemos visto cómo un gobierno demagógico pretende, en un despliegue de surruealismo político, disfrazar su incapacidad para brindar las respuestas que prometió y que nunca ha llegado siquiera a bosquejar.
La incapacidad surruealista de "la patria nueva", ha alcanzado su cota con la farsa del "diálogo para la concertación nacional". Antes de llegar al poder, el gobierno predecesor era el culpable de todo; después, cuando lo alcanzaron, por dos años siguieron echándoles todas las culpas; y hora, cuando todos comprobamos su flagrante incapacidad, acusan a todo el que no le haga el juego de negarse a aportar las soluciones que necesita el país.
Aunque lo contrario es elemental, parece que en los predios de "la patria nueva" se sigue creyendo que la carreta va por delante de los bueyes. Quien reclama el mandato del pueblo para gobernar, debe demostrar que lo merece. Pero si en lugar de asumir sus responsabilidades, demuestra incapacidad o insiste en "pasárselas a otros", es evidente que alguien está donde no debe estar.
En mi próximo artículo: "Si por un lado llueve; por el otro no escampa", me ocuparé de "la llamada oposición".
Samaniego asegura que es hora de que las autoridades prohíban la competencia desleal.
Piden que se inspeccionen mejor los buses de paseo.
Larissa Samaniego, vocera del Sistema Nacional de Protección Civil, explicó las razones de que no exista presencia de la institución en el área Este, como piden los bañistas.
Dice que durante el verano han realizado operativos en el río Mamoní, localizado en Chepo, entre otros puntos de este sector; sin embargo, la falta de personal impide que puedan cubrir cien por ciento otros balnearios.
Sólo tienen 117 guardavidas para todo el territorio, que sumados a los de la Cruz Roja Nacional, ascienden a 200.
Pero, aclaró que aunque tienen estos inconvenientes, realizan monitoreos esporádicamente.
"Lo que se recomienda es que los dueños de los balnearios privados contraten a guardavidas idóneos para realizar estas tareas de vigilancia", agregó.

101 años de Panamá América

 
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