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La indefinición de la oposición


Mientras el principal partido de oposición no defina sus estrategias internas no habrá oposición organizada en el país. Este hecho ha creado en la vida política panameña un vacío de orientación política y, a su vez, ha dejado al gobierno del presidente Ricardo Martinelli sin interlocutores alternativos al sector oficial. El actual desequilibrio social que surge de este problema sólo lo corrige –parcialmente- la labor de los medios de comunicación y algunas voces críticas de la sociedad civil. Pero con ello no basta. El país exige equilibrar los poderes públicos y para ello necesita una oposición crítica y responsable.

Cuando el PRD perdió las elecciones, el momento era propicio para un cambio total de estrategia y una renovación de sus líderes para ejercer de inmediato su papel de oposición. Pero la obstinación de su dirigencia se impuso. Aunque ahora tienen un nuevo CEN, el resultado es un nuevo consejo ejecutivo con poco liderazgo y una indefinición política reveladora de las tensiones internas no resueltas.

Desde el pasado 3 de mayo (seis meses), los líderes del PRD se hallan a la deriva de sus propios intereses personales intentando una política de reacomodo que no les ha funcionado. El ex presidente Martín Torrijos se mueve entre el astuto silencio y los estrechos límites de la sede del partido. Los otros tradicionales dirigentes del agotado partido opositor, entre inocultables crispaciones y confrontaciones, únicamente sobreviven pues buena parte de sus bases creen convenientemente en las teorías de las conspiraciones políticas. Si el PRD está “invernando”, quizás el momento para una nueva oposición ha llegado.

101 años de Panamá América

 
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