La independencia y separación de los tres poderes del Estado
Cierta es la realidad de que los matraqueos de los partidos políticos por alcanzar el poder y los increíbles desatinos de aquellos que lo han alcanzado, 20 años en total, deben proporcionarnos suficiente entendimiento de nuestra carencia, como país, de una cultura política apropiada.
En poco tiempo nos enfrentaremos a una elecciones generales en la que nuestra participación se limitará a una oferta en la que poco tuvimos que ver; sin embargo, no votar o votar en blanco sería un desacierto inefectivo.
Me dedicaré a escribir sobre la temática constitucional en el orden conducente, con el objetivo de enfocar aspectos del “CAMBIO” prometido. Nuestra Carta Magna nos dice en su artículo 2:
El Poder Público sólo emana del pueblo. Lo ejerce el Estado conforme esta Constitución lo establece, por medio de los Órganos Legislativo, Ejecutivo y Judicial, los cuales actúan limitada y separadamente, pero en armónica colaboración.
La obligación de los tres Órganos del Estado es la de actuar separadamente, con independencia, según los requerimientos de nuestra institucionalidad democrática.
La “armónica colaboración” suena bien, pero se presta a interpretaciones, en efecto, a fatales acciones que impiden una gestión seria, formal y conducente al fortalecimiento de nuestra institucionalidad; por ende, se requiere una redacción que elimine tal requerimiento.
Cuando dos de los tres poderes del Estado actúan supeditados al Órgano Ejecutivo y tal, aquiescencia, se fortalece mediante el ingreso de funcionarios del mismo o del Legislativo al Órgano Judicial, particularmente, a la Corte Suprema de Justicia, se desvanece la credibilidad ciudadana. Termina fortaleciéndose la corrupción/impunidad y el tráfico de influencias malsanas.
Comparto, someramente, algunos comentarios del General retirado Paredes, que toca parcialmente este tema, el de la policía y otros. También estoy de acuerdo que Omar Torrijos deseaba retornar al sistema democrático. En una ocasión, durante la dictadura, escribí sobre el tema. Escrito cuya publicación no fue aceptada por el diario más popular en esos momentos históricos.
En lo que no estoy de acuerdo es en su aparente aceptabilidad de unas reformas constitucionales que, en ninguna época, fueron integrales ni dirigidas al fortalecimiento cierto de nuestra democracia. Parchecitos aberrantes algunos, cuya óptima consecuencia fue siempre el fortalecimiento de algunas empresas privadas: los partidos políticos, cuya funcionalidad y absolutismo, sin los pesos y contrapesos constitucionales, integrales pertinentes, continuarán por el mismo camino. ¿Habrá cambios?