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La información en tiempos de guerra


La primera guerra del siglo 21 no escapa del control y la manipulación de la información noticiosa. Esto ha sido práctica político-militar desde hace mucho tiempo. Los incidentes claramente notorios de esta práctica se encuentran documentados durante la guerra anglo-rusa de 1854 y la guerra civil en Estados Unidos poco después. El tratar de lograr una identificación psicológica del público y los periodistas con las tropas en conflicto ha sido una constante en las diferentes conflagraciones.
Cuando los regímenes totalitarios entran en conflicto, como fue el caso de la guerra entre Irán e Irak, en ambos casos, el control se hizo mucho más preciso y dominante; sin embargo, cuando un régimen de corte democrático parlamentario interviene, el muñequeo y la presión sobre los medios cobra nuevas dimensiones, tal como lo hemos observado durante el presente evento bélico.
La guerra de Vietnam fue un laboratorio de información, tanto para periodistas y medios como para los propios militares. Hay que recordar que inicialmente la opinión pública fue tomada desprevenida por el conflicto del sudeste asiático. Primero fue el envío de asesores, después el apoyo logístico-militar se dio gradualmente hasta que finalmente las tropas norteamericanas se encontraron luchando frontalmente con el ejército de Vietnam del Norte y los grupos guerrilleros del Vietcong. Al inicio de la guerra, el ejército norteamericano requería del apoyo de la prensa. Ofreció todo tipo de ayuda a los periodistas en los frentes. La televisión mundial captó las primeras imágenes de una guerra, muchas veces sin editar. A diferencia de los documentales de la Segunda Guerra Mundial, donde el público acudía a las salas de cine a ver la entrada triunfante de los ejércitos aliados en los pueblos de Europa e Islas del Pacífico, en Vietnam la opinión pública norteamericana presenció los cadáveres de sus muchachos envueltos en las bolsas negras y a los heridos y mutilados en los hospitales. Este impacto produjo tal choque colectivo que la reacción pública en Estados Unidos no se hizo esperar. La luna de miel entre el ejército y los medios había terminado.
El control de la información impuesto por Gran Bretaña en 1982, durante el conflicto de las Islas Malvinas resulto "eficaz", a juicio de los estrategas. Las primeras imágenes no se hicieron públicas hasta transcurridas seis semanas del inicio de la guerra. Para los ingleses su objetivo era ganar la guerra no informar equilibradamente.
Este ejemplo de los ingleses fue copiado por Estados Unidos en 1983 en Grenada y, posteriormente, en Panamá en 1989. El método, en ambos casos, fue excluir a los medios y periodistas durante las primeras horas de la invasión. Obviamente, las quejas de los periodistas no se hicieron esperar. Los testimonios escritos en artículos y libros así lo demuestran, sin embargo la táctica desarrollada por el Pentágono y la Casa Blanca produjo el efecto esperado.
A raíz de Grenada, las críticas fueron muy duras por el excesivo control de la información de parte de los militares de Estados Unidos. Washington aceptó, en parte, su responsabilidad al no permitir mayores libertades a los medios; no obstante en Panamá se planteó la misma estrategia de control y manipulación de las informaciones. El documental The Panama Deception, ganador del premio de la Academia, recogió escenas producto de investigaciones que se hicieron posterior a la invasión, no porque fueran filmadas durante el acto mismo de la intervención.
En la primera Guerra del Golfo comenzó a funcionar la nueva mecánica informativa ideada por los estrategas. Se creó el pool de periodistas por el que se canalizaba la información en toldas de campañas de los altos mandos militares. En aquella guerra de corta duración, se establecieron reglas de conducta para la prensa. Se prohibía el acceso de periodistas al frente y no se podía hacer entrevistas sin la autorizacion y presencia de un militar. El corresponsal del New York Times, Chris Hedges, fue sancionado al violar estas normas. Se le quitaron sus credenciales por entrevistar, sin autorización, a comerciantes en la frontera kuwaití.
El mismo procedimiento ha continuado aplicándose durante la presente guerra. Philip Smuker, "free lancer" para The Christian Science Monitor y The Daily Telegraph de Estados Unidos y Londres, respectivamente, fue sancionado y expulsado a Kuwait. Geraldo Rivera, ganador de varios premios, entre ellos, el Pulitzer, de la cadena Fox News se le pidió que saliera de Irak porque, a juicio del Alto Mando Militar, "proporcionó demasiada información sobre el desplazamiento de tropas".
Peter Arnett, otro corresponsal de guerra, ganador igualmente del Pulitzer, fue también víctima del peso enorme que significa cubrir para una de las grandes cadenas norteamericanas de televisión comprometidas, en la mayoría de las veces, con el sistema. El despido de Arnett, quien tuvo una destacada actuación para la CNN durante el conflicto de 1991, se debió al criticar planes de guerra estadounidense y conceder una entrevista a la televisión estatal iraquí. Hoy es conocido que hay una actitud corporativa que prejuicia en forma sistemática la información. En otras palabras, la censura puede generarse a través del poder corporativo. Tal es el caso de la General Electric (GE), propietaria de la NBC, que a su vez produce parte de los misiles que utiliza el Pentágono; por consiguiente, la guerra del Golfo fue un negocio redondo y lucrativo para la GE en 1991, así como lo será en el 2003. En igual forma, la cadena CBS pertenece a un círculo de accionistas poderosos en bienes y raíces y de la industria tabacalera que gestiona e invierte en el mismo círculo de la NBC.
En la guerra del Golfo del "91, todo el aparato de información estuvo en manos de expertos en comunicación y medios. Michael Sherman fue uno de los que condujo la estrategia de relaciones públicas y producción de audiovisuales. En el actual conflicto, el control y la manipulación se ha ejercido en los medios norteamericanos con rudeza y sin sofisticaciones, por ello Europa y Asia centran sus miradas en la televisora Al Jazzera y medios sirios y jordanos, donde presumiblemente estiman que pueden encontrar un mayor nivel de equilibrio en la información que se suministra al público.

101 años de Panamá América

 
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