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La integración de las etnias


A veces vemos incidentes sin importancia o por lo menos, así lo creemos; incidentes sueltos que no nos llaman la atención u otros que sí nos impactan. No sé qué pensar sobre lo que sucedió en Kuna Yala hace unos días, donde una maestra fue azotada con ortiga por desobedecer las reglas de su cultura.
Es posible que la maestra se sobrepasara entrando a la casa del sahila para castigar a unos niños que se rieron de una pareja de maestros que estaban besándose. Es posible que en mi época los maestros tuvieran más respeto y por eso los niños, padres y toda la comunidad los respetaban a su vez. Pero, hemos vuelto a la era de las torturas o no hemos salido de ellas. El Presidente de la Asamblea lo justifica porque a él también se lo hicieron en su tiempo. ¿Son esas las costumbres que nuestros indígenas quieren conservar? Los considero y respeto mucho; pero ellos tienen que comprender que son panameños y que deben atenerse a las leyes del país.
No comparto la teoría de las comarcas, de dividir el territorio para encerrarlos como en un corral. Con eso sólo logramos aislarlos más con perjuicio de su salud y educación. La tendencia moderna es integrar las etnias indígenas a la vida normal del país, respetando sus costumbres y tradiciones. En esa forma podemos ayudarlos mejor con salud, educación, vivienda e infraestructuras de que goza el resto de los panameños.
En otros países vecinos donde la población indígena es más numerosa, no existen comarcas. México es un país que ha integrado a sus indígenas a la vida normal y se conserva y se estudia la cultura de sus antecesores, a la vez que la historia de los españoles en las colonias.
En los congresos mundiales de indigenismo de los últimos años, se tiende a que ellos pertenezcan al país donde viven. Panamá es un país cosmopolita donde existen diferentísimas etnias: negra, china, hindú, griega y otras; todas conservan su religión, sus tradiciones, pero son panameños con sus derechos y deberes. Es más, muchos de ellos han logrado incorporar a los panameños a sus costumbres, a sus comidas, por ejemplo. Imaginemos que a cada etnia existente tuviéramos que darle parte de nuestro territorio para que hicieran sus respectivas comarcas. Como dice el refrán: tras que éramos muchos, mi abuela tuvo trillizos. Es decir, tras que somos pequeños vamos a subdividirnos en otros territorios independientes y soberanos.
Si consideramos posible esa integración a la que me he referido, debemos dar por seguro que la pobreza extrema de esas regiones no las visitarían como ahora. Hay que enseñarles a tratar con equidad a sus mujeres, a no propugnar por el abstencionismo escolar para que los niños trabajen en vez de estudiar y mejorar su nivel de vida.
Los indígenas son libres de conservar sus tradiciones, pero no creo prudente aislarse y prohibir las leyes y costumbres panameñas, así como el progreso. Las desviaciones tanto de parte de los indígenas como de los gobernantes, nos ha llevado a cometer equivocaciones que los mantienen en condiciones paupérrimas, retrógrada muchas veces y con un aislacionismo perjudicial.
Panamá no propicia la discriminación racial. No digo que no la haya, pero es poca y los indígenas que han querido triunfar lo han logrado y el éxito se ha debido a la integración a la vida normal. Ninguno que permanezca en auto aislamiento surge; no es posible lograrlo si no forman parte del gran conglomerado, de la sociedad, del país.
Por estas reflexiones creo que es contraproducente seguir creando comarcas que empobrecen más a los indígenas. Pensemos en ellos como panameños, como parte de nuestra cultura y de nuestras costumbres. Mientras lo hagamos así, ayudamos a las etnias indígenas a surgir, a ser y sentirse panameños y parte importante de la vida social, política y económica de Panamá, como a vivir mejor.

101 años de Panamá América

 
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