La juventud interpela su mundo
Tomando como base un estudio recientemente terminado, que tomó como base la juventud estudiantil de nivel medio urbana, aventuramos algunas conclusiones: 1. Los /las jóvenes identifican la ciudadanía socioeconómica ambiental con la ciudadanía política, como dimensión clave de la democracia. La sociedad panameña expresa cada vez más visiblemente la existencia de una ciudadanía relegada al papel de consumidora, o presente con una participación limitada o simplemente excluida del desarrollo y la democracia, muchas veces sólo sobreviviendo en las ranuras de un crecimiento económico que parece ser privativo de una franja de la sociedad, y una democracia bajo la jurisdicción de intereses sectoriales. La tendencia parece ser ligar cada vez más democracia política con desarrollo sostenible. Esto significa la necesidad de una articulación interactiva entre los diversos componentes de la sociedad. La idea de solo referirse a libertades dejando de lados las igualdades e equidades, llega a su fin e igual a la inversa.
Los/las jóvenes se identifican como sociedad civil más que como sociedad política.
La sociedad civil es "un espacio público que tiene función normativa, regulativa, independiente y autónoma frente a la economía y el Estado para expresar su propio quehacer" (Michael Walser). Es un conjunto heterogéneo de personas, grupos sociales y organizaciones, cuyas decisiones son autónomas e independientes y se guían por valores, intereses y aspiraciones diversos.
La sociedad civil no aspira a tomar el poder público, sino a construir poder ciudadano con capacidad de incidencia y regulación del mercado y del Estado, y con posibilidad de aportar a un desarrollo pleno y una democracia verdadera. En la sociedad civil no todos tienen los mismos intereses, ni igual poder, es más, es arena de contradicciones entre aspiraciones, necesidades, intereses, sectores y grupos. Es un lugar de encuentro entre lo privado y lo público, una esfera de relaciones sociales y sus conflictos. Por tal razón no pueden asignársele a la sociedad civil papeles unidireccionales. No es un concepto "atrapa todo" ni puede ni debe mitificarse. Eso sí, ni Estado, ni mercado, ni sociedad civil tienen solos las respuestas a los desafíos, por lo que deben articularse y contrapesarse.
Si no se logra una profunda recomposición de la sociedad política, en términos de representación, eficacia y eficiencia en la gestión la tendencia será a la abstención electoral, preferencia hacia los "out sider", o la utilización oportunistas del voto o de la relación con los partidos. Más bien, los jóvenes tenderán a despolitizarse y adscribirse a asociaciones al margen, o converger en movimientos sociales cuestionadores de establecimiento político y de las asimetrías socioeconómicas.
Los/as jóvenes reclaman la participación: La cultura política estará referida a reclamos de participación metaelectoral que cuestionan la Escuela Elitista de la Democracia, para la cual, la democracia funciona con relativos bajos niveles de participación, lo que permite un elevado nivel de autonomía de las elites que, por su supuesta mayor cultura político y vocación democrática con relación a las masas, conviene para lograr el mantenimiento de las libertades políticas. Afirma esta escuela que la participación podría tener un efecto desestabilizador del sistema político, por ello, mejor son los gobiernos puramente representativos y no participativos. Es menester que el pueblo haga a través de sus representantes lo que no puede hacer por sí mismo.
Para los/las jóvenes la representación está mediatizada por un poderoso intermediario, el partido político. Los representados no escogen a sus representantes, éstos vienen presentados y avalados por un partido. Tampoco la voluntad popular es elaborada ni formulada por el pueblo, sino mediante la adhesión a las propuestas políticas de los candidatos y sus partidos, por lo que es la voluntad de éstos la que estructura la pluralidad de opiniones que da lugar a la voluntad popular y no al revés. El representante se somete a la disciplina de partido. La revocatoria de mandato en Panamá viene del partido que otorga o retira la confianza política.
La tendencia de los/las jóvenes es más bien a la Escuela de la Democracia Participativa. Para esta concepción el progreso camina hacia niveles más altos de participación, a través del desarrollo de mecanismos participativos, que incrementen el poder de incidencia de los gobernados sobre gobernantes.
Reclama más espacio de participación, pues para los gobernantes muchas veces la participación se reduce a involucrar a la gente en la ejecución de políticas definidas desde arriba, obstruyendo la posibilidad de participación en el plano decisional (desarrollo participativo).
Es fácil decirlo y difícil de hacerlo, pues existe en todas las esferas y niveles miedo o resistencia a la participación que representa en el fondo una concepción de la vida que mira las relaciones entre la gente, como una estructura vertical, dirigida, unidireccional. Participar invita a lo contrario a compartir, intercambiar, multidireccionar. Pero ambos extremos no son las únicas alternativas, también existen matices de semiparticipación o seudoparticipación que pueden entenderse tanto como preámbulos al autoritarismo, o limbos permanentes, o formas de transición hacia la participación más plena.(Procesos) raulleisr@hotmail.com
Los/las jóvenes se identifican como sociedad civil más que como sociedad política.
La sociedad civil es "un espacio público que tiene función normativa, regulativa, independiente y autónoma frente a la economía y el Estado para expresar su propio quehacer" (Michael Walser). Es un conjunto heterogéneo de personas, grupos sociales y organizaciones, cuyas decisiones son autónomas e independientes y se guían por valores, intereses y aspiraciones diversos.
La sociedad civil no aspira a tomar el poder público, sino a construir poder ciudadano con capacidad de incidencia y regulación del mercado y del Estado, y con posibilidad de aportar a un desarrollo pleno y una democracia verdadera. En la sociedad civil no todos tienen los mismos intereses, ni igual poder, es más, es arena de contradicciones entre aspiraciones, necesidades, intereses, sectores y grupos. Es un lugar de encuentro entre lo privado y lo público, una esfera de relaciones sociales y sus conflictos. Por tal razón no pueden asignársele a la sociedad civil papeles unidireccionales. No es un concepto "atrapa todo" ni puede ni debe mitificarse. Eso sí, ni Estado, ni mercado, ni sociedad civil tienen solos las respuestas a los desafíos, por lo que deben articularse y contrapesarse.
Si no se logra una profunda recomposición de la sociedad política, en términos de representación, eficacia y eficiencia en la gestión la tendencia será a la abstención electoral, preferencia hacia los "out sider", o la utilización oportunistas del voto o de la relación con los partidos. Más bien, los jóvenes tenderán a despolitizarse y adscribirse a asociaciones al margen, o converger en movimientos sociales cuestionadores de establecimiento político y de las asimetrías socioeconómicas.
Los/as jóvenes reclaman la participación: La cultura política estará referida a reclamos de participación metaelectoral que cuestionan la Escuela Elitista de la Democracia, para la cual, la democracia funciona con relativos bajos niveles de participación, lo que permite un elevado nivel de autonomía de las elites que, por su supuesta mayor cultura político y vocación democrática con relación a las masas, conviene para lograr el mantenimiento de las libertades políticas. Afirma esta escuela que la participación podría tener un efecto desestabilizador del sistema político, por ello, mejor son los gobiernos puramente representativos y no participativos. Es menester que el pueblo haga a través de sus representantes lo que no puede hacer por sí mismo.
Para los/las jóvenes la representación está mediatizada por un poderoso intermediario, el partido político. Los representados no escogen a sus representantes, éstos vienen presentados y avalados por un partido. Tampoco la voluntad popular es elaborada ni formulada por el pueblo, sino mediante la adhesión a las propuestas políticas de los candidatos y sus partidos, por lo que es la voluntad de éstos la que estructura la pluralidad de opiniones que da lugar a la voluntad popular y no al revés. El representante se somete a la disciplina de partido. La revocatoria de mandato en Panamá viene del partido que otorga o retira la confianza política.
La tendencia de los/las jóvenes es más bien a la Escuela de la Democracia Participativa. Para esta concepción el progreso camina hacia niveles más altos de participación, a través del desarrollo de mecanismos participativos, que incrementen el poder de incidencia de los gobernados sobre gobernantes.
Reclama más espacio de participación, pues para los gobernantes muchas veces la participación se reduce a involucrar a la gente en la ejecución de políticas definidas desde arriba, obstruyendo la posibilidad de participación en el plano decisional (desarrollo participativo).
Es fácil decirlo y difícil de hacerlo, pues existe en todas las esferas y niveles miedo o resistencia a la participación que representa en el fondo una concepción de la vida que mira las relaciones entre la gente, como una estructura vertical, dirigida, unidireccional. Participar invita a lo contrario a compartir, intercambiar, multidireccionar. Pero ambos extremos no son las únicas alternativas, también existen matices de semiparticipación o seudoparticipación que pueden entenderse tanto como preámbulos al autoritarismo, o limbos permanentes, o formas de transición hacia la participación más plena.(Procesos) raulleisr@hotmail.com