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La juventud panameña y la crisis de identidad


"Nuestra fascinación por la adolescencia se debe al reconocimiento de que los jóvenes constituyen nuestro vínculo cultural con el futuro, nuestra garantía de la continuidad de nuestra especie, nuestro triunfo indirecto sobre la muerte y el fracaso".
John Conger
La problemática juvenil y la crisis de su identidad que hoy envuelve a nuestra sociedad panameña no es nada nuevo. Desde la antigua Grecia decía Aristóteles que los jóvenes "apasionados... Tendientes a dejarse llevar por sus impulsos".
Hoy día para su análisis de la identidad panameña se hace casi necesario llevar a cabo una revisión concienzuda de la Organización Iberoamericana de la Juventud (OIJ), ministerio de la Juventud, sobre la situación actual de estos últimos, donde se observa que la crisis de identidad ya no es un producto de un solo factor (impulso), sino que se ve abocado por otros elementos extrínsecos a su consciencia.
Así su identidad no sólo va a depender de su propio desarrollo intelectual como individuo consciente, sino más bien como un ser dotado de toda una serie de oportunidades brindadas por nuestra sociedad para el encuentro con la misma (identidad).
Tenemos que para el año de 1995, la población panameña en su totalidad se calculaba en 2 millones 631,013, de las cuales nuestra población juvenil oscilaba entre los setecientos cincuenta y cuatro mil ochocientos veintitrés (756,823); de esta última, 54 mil 100, al principio de esta década se encontraban en el rango de analfabeto.
Sin embargo, lo que más nos preocupa no es sólo el hecho de que los jóvenes no encuentran su identidad, sino por el contrario, desarrollan una "identidad negativa", donde éstos se enorgullecen de esos valores invertidos, delincuencia, violencia, etc., convirtiéndose algunos de ellos lastimosamente en verdaderos "parásitos sociales".
En otro orden de ideas, como medida preventiva es curioso observar los disímiles proyectos orientados a confrontar dicha problemática, pero carentes de objetivos diáfanos y faltas de una metodología homogénea.
Así estos programas se presentan aislados unos de otros. La alcaldía por un lado, municipios por otro, instituciones cívicas, deportivas, etc.
Pues queridos lectores, la juventud y la crisis de su identidad no es sólo una problemática del yo consciente como sujeto que piensa o como ser social, ni siquiera de Gobierno, sino más bien de Estado, que a través del nuevo ministerio de la Juventud debe ir encaminado a proporcionar, valga la redundancia, todo un universo de oportunidades que coadyuve a facilitar su identidad (positiva), como un ente integral o productivo a nuestra sociedad.

101 años de Panamá América

 
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