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La lección de las manifestaciones


Protestaban porque no quieren pagar la luz que consume el principal centro de educación pública del país. La causa, como se verá, era injustificada y proyectaba un pésimo ejemplo al resto de la ciudadanía.
Gente enmascarada asaltó a los transeúntes, apedreó vehículos y robó a diestra y siniestra. Los agentes del orden, mal dotados y peor entrenados no pudieron hacer cosa distinta que permitir los desmanes y contribuir al éxito del tranque de calles impidiendo el paso de personas y vehículos, que provocaron un embotellamiento descomunal.
El tercer día, viernes pasado, sin embargo, se produjo un cambio cualitativo en la metodología de la represión de las fuerzas del orden. A alguna cabeza perdida se le ocurrió infiltrar agentes entre las hordas de manifestantes de modo que, llegado el momento de más frenética violencia, sorprendieron a los revoltosos in fraganti y les entraron a patadas y puño limpio, llevándolos a rastras a la cárcel.
La televisión local y los medios escritos registramos los hechos, que casi todos comentamos adversamente, destacando sobre todo los peligros de emplear métodos no ortodoxos de represión de manifestaciones, ausentes del tradicional uso del uniforme reglamentario, símbolo de la autoridad del Estado.
No obstante, para nuestro asombro, la indiferencia ciudadana frente a la insólita represión policial fue casi generalizada. Y ella solo se explica por el hartazgo que en la comunidad ha producido el continuo abuso de los estudiantes del cierre de calles y el apedreo de personas y vehículos, como forma de protesta. Y es más, algunos hasta aplaudieron a las fuerzas del orden.
Habrá denuncias, investigaciones y juzgamientos. Pero deberá hacerse por parejo, a policías y estudiantes, sin excluir a los administrativos y acaso a las propias autoridades universitarias que pudieron por acción u omisión instigar los bochornosos actos de protesta. Porque tan condenable es pisotear los derechos humanos de los manifestantes, los policías; como los derechos humanos de la ciudadanía, los universitarios.
La lección para unos y otros ha de ser clara. Los estudiantes deben cambiar urgentemente su método de lucha y protesta, porque seguir fastidiando a terceros inocentes, no les dará dividendo alguno sino mucha antipatía popular. Y por el lado de las autoridades policiales, deberán profesionalizarse más, de modo que no se vean precisados a usar prácticas deleznables de represión.


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