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La lectura y los niños


Fomentemos más la lectura en nuestros niños. Los adultos de algún modo u otro ya formamos nuestros hábitos, difíciles de modificar. Pero los niños son una esponja. Casi serán en el mañana lo que queramos los adultos, sobre todo sus padres y seres queridos. Démosles una oportunidad de ser mejores.
Colocarlos frente al televisor, convirtiendo al aparato de nana, para obviar nuestras responsabilidades, no es buena idea. Por buenos que sean los programas, ha de alternarse con la lectura directa de libros, con la menor cantidad de imágenes posibles.
¿Por qué las imágenes? Porque en vez de la visión del artista o del productor, queremos que el niño y el lector en general estimule su mente, su imaginación, en vez de adoptar la ajena. Y no es que tengamos nada contra la última, sino que queremos desarrollar la propia, la del lector, nuestros niños. Hablamos de alternarlas, no privarlas.
La televisión y los videos son adictivos, no dejan margen para el juego creativo. La realidad virtual, que es la peor falsedad, lo sustituye todo, alejando al sujeto del mundo, del aquél allende las puertas y ventanas de la casa. La cámara de la computadora reemplaza la interacción personal en quienes jamás han sentido el cosquilleo del encanto de la presencia física de alguien que nos interese.
Cierto, nuestros hijos deben ver a Harry Potter en el cine; pero nada sustituye la fantasía y riqueza de la lectura directa de los libros. Si acaso una fracción de la obra se pierde; y se priva de ello a los niños.
¿Largo y tedioso? ¡No es excusa! Quince o veinte minutos de lectura de fantasía diaria de un capítulo de esto, mañana otro de aquello, va enriqueciendo la imaginación y ejercitando el más valioso músculo de nuestro cuerpo y de los niños, la mente.

101 años de Panamá América

 
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