La Legión de Loyola
En la marcha de San Ignacio que recordábamos hay una línea que dice:"La Legión de Loyola con fiel corazón, sin temor enarbola la cruz por pendón." Efectivamente, la cruz del evangelio la tuvieron que acarrear en sus distintas migraciones no buscadas de un país a otro.
El hecho de que Monseñor Telésforo Paúl , (1875-1885) llegara a Panamá, junto con su cohermano jesuita, Padre Roberto Pozo no fue por designación superior. Venían de comer el pan del destierro. Habían sido expulsados de Colombia ya desde que comenzaron sus estudios cuando en 1860 el general José Hilario López arremetió contra las comunidades religiosas. Luego de prestar servicios en Guatemala, pasaron a El Salvador y de allí , echados por el general cuscatleco Santiago González, liberal, en 1871.Y de allí a Nicaragua y de ahí a Panamá rumbo a Colombia.
Y en ese paréntesis , fue creado Obispo de Panamá, el segundo Obispo jesuita de los tres que figuran en el Episcopologio de Panamá.
Los otros dos fueron en 1594, Don Pedro de Rivera, S.J. y Francisco Javier Junguito, 1900-1910.
Pedro de Rivera, prominente jesuita, colegial del convento de Santa María de Jesús de Sevilla y Dean de la Iglesia Arzobispal de Santo Domingo. No pudo llegar a ejercer su ministerio pastoral en Panamá, porque murió en Cartagena, cuando venía a tomar posesión de su Diócesis.
El Rey, sin embargo, le hizo la merced de las dos terceras partes de la vacante, aun después de su muerte, para satisfacer las deudas de su viaje.
Afirma Pedro Mega que consigna su nombre como obispo de Panamá " porque fue elegido, nombrado y consagrado para esta Silla y de consiguiente debemos contarlo entre los obispos de Panamá."
Con esto damos el brinco al siglo XX y lo iniciamos con Don Francisco Javier Junguito, S.J (1901-1911).
Sucede a uno de los más connotados prelados de la historia pastoral de nuestra Iglesia, Monseñor Alejandro Peralta (1886-1899) quien sucedió a Monseñor Telésforo Paúl que había sido ascendido a la sede de Bogotá. Como vemos, tanto Monseñor Paúl, como los Monseñores Peralta y Junguito eran colombianos y aventajados intelectuales y su celo apostólico.
Volviendo a Junguito. De familia distinguida. Educación exquisita. Pasó por la Universidad distinguiéndose por su talento. Y ante todas las facilidades que le ofrecía la vida, optó por continuar la vocación de seguir a Jesús en su Compañía, abandonando los halagos del siglo. Una vez ingresado en las filas de Ignacio, estalló en 1861 la persecución contra esta comunidad por el general Tomás Cipriano Mosquera, presidente de Colombia. Fue a dar a Guatemala donde hizo los estudios religiosos que fueron interrumpidos por la persecución contra la Companía, y los concluyó en Nicaragua donde fue ordenado sacerdote y lo que parece increíble, nuevamente tuvo que salir por la persecución del general Zavala. Expulsado de Nicaragua, tuvieron que venir a Panamá a esperar otros destinos.
Por orden superior quedó el Padre Junguito en Panamá y pronto se entregó a las obras apostólicas que ya llevaban los de la Compañía, la Conferencia de San Vicente, las Hijas de María, enseñaba moral en el Seminario regentado por los Jesuitas y filosofía en el recién fundado Colegio Balboa. Instructor eclesiástico del Ejército y la asistencia al Hospital Santo Tomás y a la cárcel.
DURANTE 15 AÑOS SE GANO EL APRECIO DE LA COMUNIDAD PANAMEÑA.
Un hecho inesperado intra eclesial, muy típico, enturbió la acción de los jesuitas. Por disgustos de jurisdicción sobre el templo de San Francisco.que ellos tuvieron a su servicio durante un cuarto de siglo ya que el Ilustrísimo Señor Peralta se inclinó a favor de los Padres Escolapios ,dueños del resto del convento (hoy Instituto Bolívar), renunciaron a su ministerio de Panamá y abandonaron el istmo el 31 marzo de 1896, para evitar la fricción religiosa, yéndose a Cartagena.
Monseñor Mega añade:" Vacante la Silla episcopal con la defunción de Monseñor Peralta quien murió de pulmonía en las primeras horas de la mañana del 8 de julio de 1899, a los 52 años , luego de un breve interregno , " todo Panamá elevó a la Curia Romana reiteradas peticiones que el gobierno de Bogotá apoyó para que el Santo Padre confiriese la Mitra y el báculo de la Diócesis panameña, al ausente Padre Junguito. El sabio Pontífice León XIII se dignó escuchar el ruego de los feligreses panameños ya al efecto en el Consistorio del 15 de abril de 1901, hizo preconizar al virtuoso sacerdote como sucesor del Obispo Peralta. Mas un obstáculo se presentó : la resistencia a aceptar la alta dignidad con el apoyo de los superiores de la Compañía, de Roma, quienes se opusieron a la designación de un jesuita para la Mitra. Ante la invariable determinación del Pontífice , el agraciado tuvo que someterse a la exaltación por "santa obediencia". Así , el primer Obispo de la nueva República, y de este siglo XX, fue un jesuita. Y por el momento, el último.
El hecho de que Monseñor Telésforo Paúl , (1875-1885) llegara a Panamá, junto con su cohermano jesuita, Padre Roberto Pozo no fue por designación superior. Venían de comer el pan del destierro. Habían sido expulsados de Colombia ya desde que comenzaron sus estudios cuando en 1860 el general José Hilario López arremetió contra las comunidades religiosas. Luego de prestar servicios en Guatemala, pasaron a El Salvador y de allí , echados por el general cuscatleco Santiago González, liberal, en 1871.Y de allí a Nicaragua y de ahí a Panamá rumbo a Colombia.
Y en ese paréntesis , fue creado Obispo de Panamá, el segundo Obispo jesuita de los tres que figuran en el Episcopologio de Panamá.
Los otros dos fueron en 1594, Don Pedro de Rivera, S.J. y Francisco Javier Junguito, 1900-1910.
Pedro de Rivera, prominente jesuita, colegial del convento de Santa María de Jesús de Sevilla y Dean de la Iglesia Arzobispal de Santo Domingo. No pudo llegar a ejercer su ministerio pastoral en Panamá, porque murió en Cartagena, cuando venía a tomar posesión de su Diócesis.
El Rey, sin embargo, le hizo la merced de las dos terceras partes de la vacante, aun después de su muerte, para satisfacer las deudas de su viaje.
Afirma Pedro Mega que consigna su nombre como obispo de Panamá " porque fue elegido, nombrado y consagrado para esta Silla y de consiguiente debemos contarlo entre los obispos de Panamá."
Con esto damos el brinco al siglo XX y lo iniciamos con Don Francisco Javier Junguito, S.J (1901-1911).
Sucede a uno de los más connotados prelados de la historia pastoral de nuestra Iglesia, Monseñor Alejandro Peralta (1886-1899) quien sucedió a Monseñor Telésforo Paúl que había sido ascendido a la sede de Bogotá. Como vemos, tanto Monseñor Paúl, como los Monseñores Peralta y Junguito eran colombianos y aventajados intelectuales y su celo apostólico.
Volviendo a Junguito. De familia distinguida. Educación exquisita. Pasó por la Universidad distinguiéndose por su talento. Y ante todas las facilidades que le ofrecía la vida, optó por continuar la vocación de seguir a Jesús en su Compañía, abandonando los halagos del siglo. Una vez ingresado en las filas de Ignacio, estalló en 1861 la persecución contra esta comunidad por el general Tomás Cipriano Mosquera, presidente de Colombia. Fue a dar a Guatemala donde hizo los estudios religiosos que fueron interrumpidos por la persecución contra la Companía, y los concluyó en Nicaragua donde fue ordenado sacerdote y lo que parece increíble, nuevamente tuvo que salir por la persecución del general Zavala. Expulsado de Nicaragua, tuvieron que venir a Panamá a esperar otros destinos.
Por orden superior quedó el Padre Junguito en Panamá y pronto se entregó a las obras apostólicas que ya llevaban los de la Compañía, la Conferencia de San Vicente, las Hijas de María, enseñaba moral en el Seminario regentado por los Jesuitas y filosofía en el recién fundado Colegio Balboa. Instructor eclesiástico del Ejército y la asistencia al Hospital Santo Tomás y a la cárcel.
DURANTE 15 AÑOS SE GANO EL APRECIO DE LA COMUNIDAD PANAMEÑA.
Un hecho inesperado intra eclesial, muy típico, enturbió la acción de los jesuitas. Por disgustos de jurisdicción sobre el templo de San Francisco.que ellos tuvieron a su servicio durante un cuarto de siglo ya que el Ilustrísimo Señor Peralta se inclinó a favor de los Padres Escolapios ,dueños del resto del convento (hoy Instituto Bolívar), renunciaron a su ministerio de Panamá y abandonaron el istmo el 31 marzo de 1896, para evitar la fricción religiosa, yéndose a Cartagena.
Monseñor Mega añade:" Vacante la Silla episcopal con la defunción de Monseñor Peralta quien murió de pulmonía en las primeras horas de la mañana del 8 de julio de 1899, a los 52 años , luego de un breve interregno , " todo Panamá elevó a la Curia Romana reiteradas peticiones que el gobierno de Bogotá apoyó para que el Santo Padre confiriese la Mitra y el báculo de la Diócesis panameña, al ausente Padre Junguito. El sabio Pontífice León XIII se dignó escuchar el ruego de los feligreses panameños ya al efecto en el Consistorio del 15 de abril de 1901, hizo preconizar al virtuoso sacerdote como sucesor del Obispo Peralta. Mas un obstáculo se presentó : la resistencia a aceptar la alta dignidad con el apoyo de los superiores de la Compañía, de Roma, quienes se opusieron a la designación de un jesuita para la Mitra. Ante la invariable determinación del Pontífice , el agraciado tuvo que someterse a la exaltación por "santa obediencia". Así , el primer Obispo de la nueva República, y de este siglo XX, fue un jesuita. Y por el momento, el último.