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La Ley de los Cuidados Inversos


Al mirar detenidamente a aquel paciente el primer cuestionamiento que me hice fue: ¿Es este un habitante o es este un ciudadano?, su aspecto, más allá del terrible estado en que se le veía, con una salud precaria a su corta edad, evidenciaba la incuria del estado en su existencia.

Enfermo casi terminal, indígena, desempleado, iletrado, desamparado, un excluido social en todo rigor, sin otro acceso a la atención más que la medicina de caridad y sin ficha ni carné de la seguridad social, todo lo situaba en un estado de postración y anonimato social.

“La ley de los cuidados inversos” en su más dramática expresión, pensé. Expresa esta ley que el paciente recibe cuidados en proporción inversa a su necesidad, dicho de otra manera, que aquellos que más necesitan de la atención son los que menos la reciben, y que esto se cumple más donde más se orienta hacia el mercado el sistema sanitario. Ya hablé de los habitantes, término con el que quiero definir a aquellos que viven por debajo del umbral de la pobreza, existen porque se consigno su nombre en el registro civil, son en términos de alguno: los insignificantes; son casi invisibles, pero existen, habitan. Las trabajadoras del sexo, drogadictos, vagabundos, ancianos olvidados, inmigrantes, pobres, indocumentados y otros.

Generalmente la atención médica que se les proporciona es vicariante y esporádica, ocasionalmente tienen contacto con el sistema sanitario en los cuartos de urgencia o a través de alguna Organización No Gubernamental. Se les proporciona una atención tipo “apaga fuegos” que no entraña ningún propósito de continuidad o integralidad, se realiza fugazmente con el ánimo de tratar el problema presente y nada más.

Esta ley se cumple donde las fuerzas del mercado son más intensas: los indolentes intereses privatizadores en cualquier sistema sanitario conspiran en contra de los que necesitan más los cuidados, de manera que la orientación del mercado promueve y agrava la exclusión social y sus consecuencias en la salud.

Se cumple con mayor crueldad, su efecto es más descarnado y es más difícil de revertir en donde cobertura de la seguridad social es precaria; donde no existe un médico de cabecera para cada paciente; donde la atención primaria es macilenta, en los que el gasto de bolsillo en salud es ocasión de aniquilación y ruina.

Revertir esta ley y sus efectos precisa redefinir nuestro modelo sanitario el cual debe gravitar alrededor de una atención primaria fuerte, en la reestructuración de una nación en la prevalezca el estado sobre el mercado, en el que la provisión sanitaria no parta de la caridad que perpetúa la injusticia y la inequidad, sino de la solidaridad que genera y promueve la justicia social.

*Salud Pública Internacional.

101 años de Panamá América

 
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