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La libertad de decidir


Quizás se piense que los acontecimientos que hemos presenciado dentro del principal partido gobernante escapan a la incumbencia de aquellos que no pertenecemos al mismo. Cuando hace algunos años trascendían los comentarios o propuestas que se hacían, por parte de los organismos representativos de la sociedad civil al momento de debatir las eventuales reformas al Código Electoral, las oposiciones de quienes se sentaban a la mesa en representación de los partidos políticos, giraban en torno a no permitir que tales agrupaciones tuvieran derecho a votar en esa comisión revisora.
No faltaron voces que decían que los partidos son los únicos llamados a regular el ejercicio de la actividad electoral y que la sociedad civil no tenía derecho a votar en el tema de las reformas porque no era de su competencia incidir en tales decisiones, las cuales sí tienen efectos extra partidarios. El resultado comenzó ya a verse en algunos aspectos de la propia vida institucional de los partidos. La eliminación de las primarias obligatorias cobra dos víctimas más. Nada menos que dos de los voceros más notorios de entonces, uno por ser legislador y respaldar con su voto la Enmienda Vallarino de diciembre pasado y, el otro, porque jamás pensó que lo iban a excluir del grupo y menos en la forma como lo han hecho. Como decimos los panameños, a ambos le dieron del frasco una cucharada.
Todos hemos aprendido a entender el lenguaje en poto con que hablan los más altos jerarcas del gobierno. Cuando apuntan hacia la izquierda, esperen los tiros por la derecha. A Marco Ameglio y a Víctor Juliao le aplicaron una práctica que sí resultaba buena cuando le tocaba a otro pagar la cuenta. Pero ahora, con sorpresa y discursos candentes, reclaman reglas claras, imparcialidad en las decisiones, la eliminación del dedo como única forma de elegir o imponer candidaturas, entre otras críticas que jamás escuchamos antes salir de sus bocas. Rápido olvidaron todo. En algo coincido con la señora Presidenta, si uno de ellos hubiera sido el ungido, de la misma manera como ungieron al candidato José Miguel Alemán, les aseguro que hubieran estado, cualesquiera de los dos, defendiendo el método de elección adelantada con que se dieron los acontecimientos. De eso estoy seguro.
Sin embargo, lo sucedido y lo que sucederá después del próximo domingo afecta a todo el conglomerado político y a la democracia como sistema, que significa mucho más que votar cada cinco años. Salvo el PRD -quién lo hubiera pensado-, todos los demás partidos, por circunstancias diferentes al arnulfismo, han adoptado el método de convención.
Los planteamientos y debates que se escuchan en distintas esferas comienzan a descender de nivel, presagiando confrontaciones y divisiones en el oficialismo y cuestionamientos respecto de cuál candidato es más legítimo por razón del método empleado para su designación. El avance que dio Ameglio de no reconocer al candidato Alemán y el tono de su defensa, parecieran asegurar su despedida del partido, alegando ilegitimidad de la convención y por ende de la representatividad del candidato triunfador. El domingo veremos muchas cosas suceder, podemos estar seguros.
Soy del criterio que el adelantar la elección en la forma como lo hizo la mandataria, actuando como convencional -para usar el eufemismo-, fue innecesaria.
Para nadie era un secreto lo que ahora con claridad sucederá en Penonomé, pero todos esperábamos llegar a esa fecha y comprobar que el método en el fondo sería el mismo; es decir, al hacer público su voto, todo lo demás venía por añadidura, con la única diferencia -y grande-que ahora en vez de candidato “electo”, que hubiera sido el resultado formalista de la convención, saldrá el candidato impuesto, cosa que, a mi juicio, flaco favor le hace al aspirante Alemán, ya que parte débil, mucho más de lo que ya anda, de la línea de partida hacia la contienda del 2 de mayo próximo. Si se recapacitara un poco en lo sucedido, cosa que ya es tarde, sus consejeros le debieron haber dicho que pusiera distancia y que rechazara el método, bien invocando unas primarias o solicitando que deseaba el voto secreto de los convencionales. Sin embargo, comprendo el riesgo y las consecuencias hubieran desembocado en un posible cambio hacia Juliao, ya que sólo Ameglio pensó que él iba a ser candidato del arnulfismo. Pero el disentir lo ven como sinónimo de traición y esa palabra revive pasados no tan lejanos que es mejor no evocar para el candidato favorecido con el método en comento. De aquí en adelante, a esa candidatura le será más difícil su realidad política, misma que de por sí no le viene fácil desde hace tiempo.
Decidido, por ahora, el escenario oficialista, vendrán las alianzas, voluntarias o forzadas, como las que le veo venir al MOLIRENA y al Liberal Nacional, este último en una posición mejor; ya que no parece perseguir un rol protagónico en esta campaña, aunque sí le debe preocupar su supervivencia. Ya he escuchado voces de ambos anticipando divisiones si los dirigentes formales de esos partidos adoptan una u otra decisión, sobre todo, respecto de un eventual apoyo a Endara, que sería la decisión a debatir, pues no veo a ninguno, salvo sorpresas, aliándose con el PRD.
Veremos nuevamente la búsqueda de las típicas alianzas electoreras, perseguidoras del triunfo y del acomodo a toda costa, sin tener muy en cuenta la necesidad impostergable que tiene el país de ser gobernado basado en programas coherentes. En esto, Guillermo Endara, ha hecho mucho énfasis. Los programas son fundamentales y sobre ellos deben hacerse las alianzas, precisamente para evitar confrontaciones después cuando llegue la hora de hacer realidad las promesas. La improvisación nos ha llevado lejos y es vital reversar sus efectos.
Esperaré, como muchos, las encuestas de julio. No creo que el escenario varíe mucho. Es natural que el oficialismo remonte algo, pero es imposible que alcance techos muy altos o que su repunte afecte a Guillermo Endara, quien avanza al ritmo apropiado para una campaña tan larga como la presente.
En estas elecciones hay una sola realidad y ésta es la imposibilidad de que el oficialismo alcance una victoria electoral. Los que no ven o no quieren ver eso, viven lejos de Panamá, salvo que la estrategia sea otra, que no deseo ni mencionar. El desgaste ha sido bárbaro y la percepción es tremendamente negativa. ¿Cambiarán el estilo de gobierno para aliviarle la carga a su candidato? Lo veo difícil a estas alturas en que es cuando el juego se inicia y en el que el gobierno dejará la imparcialidad, como dije en mi artículo anterior, para que la recuerden otros.

101 años de Panamá América

 
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