La libertad en México
Es la libertad de los consumidores la que logra el funcionamiento óptimo de los mercados. Para que esa libertad pueda ejercerse a plenitud se requiere diversidad de competidores e información pública y transparente.
Desde 1983, con tropiezos y contra marchas, con aciertos y errores, los mexicanos hemos recuperado gradualmente espacios de libertad, en la medida que se han incrementado las opciones para elegir y que ha aumentado la información pública.
El período 1970-1982 fue de constantes retrocesos para la libertad de ciudadanos y consumidores mexicanos. El crecimiento del Estado, la intromisión de los gobiernos en la vida económica, cultural, educativa, artística y social fue estrechando los márgenes de libertad de los mexicanos.
Ese avance del Estado, en detrimento de las libertades de los individuos, se hizo en nombre de modelos y utopías colectivistas, bajo la consigna de un igualitarismo a la vez salvaje e imposible (el de la igualdad en los resultados) y como un ataque directo a la libertad de los mexicanos.
Cuando el primer día de septiembre de 1982 José López Portillo expropia la banca comercial y decreta el control de cambios -en uno de los episodios más grotescos del populismo mexicano- parece coronarse el proyecto alternativo de país estatista y socialista.
En sólo tres meses, de septiembre a diciembre, la banca se descapitaliza con una política voluntarista y delirante que disminuye por decreto las tasas activas e incrementa, también por decreto, las tasas pasivas.
El resultado: se esfuma el margen de intermediación de las instituciones de crédito, se desalienta el ahorro y la banca se convierte en caja chica del despilfarro gubernamental.
Hay, a fines de 1982, más de mil empresas y organismos paraestatales que no sólo succionan recursos públicos a velocidad vertiginosa sino que impiden la libertad de elección de los consumidores al obstaculizar la inversión privada y la competencia en los mercados. No hay crédito para el consumo, para construir o adquirir vivienda, para comprar bienes de capital, para emprender. Sólo unos cuantos, beneficiados directa o indirectamente por el delirio estatizante, pueden obtener recursos endeudándose en dólares o adquiriendo a precios de ganga empresas descapitalizadas.
Algunas de las más grandes fortunas del México de hoy se forjaron entonces a la sombra de este delirio socializante, no gracias al satanizado y fantasmal "neoliberalismo".
Los asalariados y los pensionados, junto con los ahorradores, son objeto de un fraude mayúsculo, cuando el valor de la moneda se desvanece a causa de la inflación y de las consecuentes devaluaciones.
El mercado financiero se manipula desde el gobierno sin cortapisas: se fijan precios del dólar artificiales y voluntaristas, se impide la libertad de cambios, se busca deliberadamente licuar las deudas mediante la desvalorización inflacionaria en detrimento de los tenedores de moneda nacional, tales como los: trabajadores, ahorradores, jubilados y pensionados.
Cuando hoy se habla, pomposamente, de proyectos alternativos de país, habrá que exigir precisiones: ¿Se propone regresar a ese modelo empobrecedor y enemigo de las libertades personales?
*Analista político mexicano.
© www.aipenet.com
Desde 1983, con tropiezos y contra marchas, con aciertos y errores, los mexicanos hemos recuperado gradualmente espacios de libertad, en la medida que se han incrementado las opciones para elegir y que ha aumentado la información pública.
El período 1970-1982 fue de constantes retrocesos para la libertad de ciudadanos y consumidores mexicanos. El crecimiento del Estado, la intromisión de los gobiernos en la vida económica, cultural, educativa, artística y social fue estrechando los márgenes de libertad de los mexicanos.
Ese avance del Estado, en detrimento de las libertades de los individuos, se hizo en nombre de modelos y utopías colectivistas, bajo la consigna de un igualitarismo a la vez salvaje e imposible (el de la igualdad en los resultados) y como un ataque directo a la libertad de los mexicanos.
Cuando el primer día de septiembre de 1982 José López Portillo expropia la banca comercial y decreta el control de cambios -en uno de los episodios más grotescos del populismo mexicano- parece coronarse el proyecto alternativo de país estatista y socialista.
En sólo tres meses, de septiembre a diciembre, la banca se descapitaliza con una política voluntarista y delirante que disminuye por decreto las tasas activas e incrementa, también por decreto, las tasas pasivas.
El resultado: se esfuma el margen de intermediación de las instituciones de crédito, se desalienta el ahorro y la banca se convierte en caja chica del despilfarro gubernamental.
Hay, a fines de 1982, más de mil empresas y organismos paraestatales que no sólo succionan recursos públicos a velocidad vertiginosa sino que impiden la libertad de elección de los consumidores al obstaculizar la inversión privada y la competencia en los mercados. No hay crédito para el consumo, para construir o adquirir vivienda, para comprar bienes de capital, para emprender. Sólo unos cuantos, beneficiados directa o indirectamente por el delirio estatizante, pueden obtener recursos endeudándose en dólares o adquiriendo a precios de ganga empresas descapitalizadas.
Algunas de las más grandes fortunas del México de hoy se forjaron entonces a la sombra de este delirio socializante, no gracias al satanizado y fantasmal "neoliberalismo".
Los asalariados y los pensionados, junto con los ahorradores, son objeto de un fraude mayúsculo, cuando el valor de la moneda se desvanece a causa de la inflación y de las consecuentes devaluaciones.
El mercado financiero se manipula desde el gobierno sin cortapisas: se fijan precios del dólar artificiales y voluntaristas, se impide la libertad de cambios, se busca deliberadamente licuar las deudas mediante la desvalorización inflacionaria en detrimento de los tenedores de moneda nacional, tales como los: trabajadores, ahorradores, jubilados y pensionados.
Cuando hoy se habla, pomposamente, de proyectos alternativos de país, habrá que exigir precisiones: ¿Se propone regresar a ese modelo empobrecedor y enemigo de las libertades personales?
*Analista político mexicano.
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