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" La lista chomba del GAFI"


Seguro que habrán observado que el título de este artículo ha sido colocado entre comillas. La he tomado prestada de un veterano periodista nacional, quien la empleó, en fecha reciente, como parte de lo que él denomina un "lenguaje infernal". La ocasión, nada feliz, fue un segmento que el precitado tiene a su cargo en el noticiario estelar de un nuevo canal de televisión local. Hago uso de esta expresión, desagradable, por decir lo menor, para retirar una preocupación que he manifestado en varias oportunidades y que tiene que ver con los sumos racistas que, con demasiada frecuencia, asoman en los medios masivos de comunicación. He estado insistiendo en que aquélla es una práctica cuyo espacio social debemos ir reduciendo, con la esperanza de que algún día no haya cabida para tal despropósito. En ese sentido, lo que a continuación señaló no tiene otra motivación que esa.
Debo indicar que desde el primer momento que tuve conocimiento de la denominación criolla que adquirió la lista que recoge a los países señalados por el Grupo de Análisis Financiero Internacional (GAFI), como aquellos que no colaboran suficientemente en la lucha internacional contra el lavado de dinero, me interrogué acerca de la o las razones que pudiesen haber animado la nomenclatura de lista negra para un documento de la naturaleza del citado. Durante los dos últimos meses, funcionarios de gobierno, de nivel alto; directivos de los gremios de empresarios; personalidades de la esfera política; otros voceros de distintas expresiones de la sociedad civil; así como la gama más amplia de comunicadores sociales del país, han venido repitiendo el extraño apelativo, probablemente, sin mayor reflexión sobre éste. Supongo que el asunto viene por aquello del estereotipo de que las cosas malas son oscuras; negras, y, al fin y al cabo, la cuestión es que nuestro país está incluido en un conjunto integrado por Estados contra los cuales el GAFI está próximo a tomar medidas no favorables.
Pero, particularmente, para nuestro periodista de "lenguaje infernal" no ha bastado el nombre criollo que se le ha asignado al conjunto de países no cooperantes con el Grupo de Acción Financiera Internacional. Ha sido necesario, al parecer, volver a bautizar la lista, esta vez, con un adjetivo peyorativo que se utiliza contra los panameños y panameñas de tez negra (de ascendencia antillana) cuando existe el afán de denigrarlos. Habría que preguntarse ¿el país se merece eso? En ese mismo camino ¿merece la población afroantillana que dicho adjetivo, tantas veces rechazado, como endilgado a ella, pase a ser parte de la jerga cotidiana en el país en razón del tema del GAFI? Ojalá a nadie se le ocurra repetir el abrupto de referirse a la lista como "chomba" pues suficiente con el nombre sui generis que ya tiene.
Al ser inquirido, públicamente, sobre el término empleado, nuestro periodista ha dicho que se trata de juegos del lenguaje. Un colega suyo, en ánimo de asumir su defensa indicó, con extremada candidez, que emplear el término chombo es como decir fulo para referirse a los norteamericanos. ¿Será acaso lo mismo? Me luce que tienen determinaciones y contextos distintos.
No creo que los panameños y las panameñas debemos permitirnos "juegos" como el que se nos ha propuesto con ocasión del nombre de la lista del GAFI: se me ocurre que el sol de los comunicadores sociales debe ser uno constructivo, edificante, forjador de valores positivos. Y, aún cuando sea para mostrarnos su creatividad en el uso de la lengua, en este caso la española, ese ejercicio debe ser para contribuir a la conformación de una sociedad respetuosa de la condición humana de cada uno/a de sus integrantes. ¿O no?

101 años de Panamá América

 
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