La lucha contra la corrupción
La noticia sobre un desfalco en el Programa de Apoyo Rápido para Viviendas de Interés Social (PARVIS) no ha tomado por sorpresa a la mayor parte de la población. Por desgracia la corrupción constituye una enfermedad social tan frecuente que ya se asume con indiferencia como si se tratara de un mal imposible de erradicar. Han sido tan frecuentes los casos que hemos desarrollado una especie de resignación ciudadana frente a la pérdida de los valores morales, situación sumamente peligrosa porque pone en tela de duda la legitimidad de todo el sistema político.
Muchos partidos políticos llevan el virus de la corrupción en sus genes. Los miembros se inscriben de manera obligada, generalmente asociada a la promesa de concederles un cargo público; carecen de base ideológica y ética; son financiados de modo cuestionable; y escogen arbitrariamente a sus dirigentes. Una vez en el poder, otorgan los llamados espacios políticos como premio electoral a los adherentes, y practican el nepotismo nombrando en posiciones claves a familiares cercanos sin la capacidad requerida para el puesto.
Hay que reconocer que en los últimos años se percibe una reacción por parte de gobiernos que, en gran medida presionados por la sociedad civil, han iniciado acciones contra los dirigentes involucrados en actos de corrupción. Un numeroso grupo de expresidentes como Fernando Collor de Melo de Brasil, Carlos Andrés Pérez y Jaime Lusinchi de Venezuela, Jorge Blanco de República Dominicana, Richard Nixon de Estados Unidos y Carlos Salinas de Gortari de México, por mencionar algunos, van engrosando la lista negra de los procesados por diversos actos de corrupción.
Por ello ha hecho muy bien el ministro de Vivienda en denunciar lo ocurrido. Solamente la sanción moral que recibe el delincuente frente a la ciudadanía al conocerse públicamente lo sucedido, produce un efecto positivo en la lucha contra la co- rrupción. Pero esto no es suficiente si queremos realmente transformar la sociedad. El próximo paso debería ser realizar una investigación transparente y castigar con firmeza a los culpables haciendo valer la justicia.
Por nuestra parte, los medios de comunicación responsables continuaremos llevando ante la opinión pública la información veraz sobre los casos de corrupción con la intención de despertar en la ciudadanía una reacción decidida contra este mal social que deteriora los fundamentos de nuestra sociedad.
Muchos partidos políticos llevan el virus de la corrupción en sus genes. Los miembros se inscriben de manera obligada, generalmente asociada a la promesa de concederles un cargo público; carecen de base ideológica y ética; son financiados de modo cuestionable; y escogen arbitrariamente a sus dirigentes. Una vez en el poder, otorgan los llamados espacios políticos como premio electoral a los adherentes, y practican el nepotismo nombrando en posiciones claves a familiares cercanos sin la capacidad requerida para el puesto.
Hay que reconocer que en los últimos años se percibe una reacción por parte de gobiernos que, en gran medida presionados por la sociedad civil, han iniciado acciones contra los dirigentes involucrados en actos de corrupción. Un numeroso grupo de expresidentes como Fernando Collor de Melo de Brasil, Carlos Andrés Pérez y Jaime Lusinchi de Venezuela, Jorge Blanco de República Dominicana, Richard Nixon de Estados Unidos y Carlos Salinas de Gortari de México, por mencionar algunos, van engrosando la lista negra de los procesados por diversos actos de corrupción.
Por ello ha hecho muy bien el ministro de Vivienda en denunciar lo ocurrido. Solamente la sanción moral que recibe el delincuente frente a la ciudadanía al conocerse públicamente lo sucedido, produce un efecto positivo en la lucha contra la co- rrupción. Pero esto no es suficiente si queremos realmente transformar la sociedad. El próximo paso debería ser realizar una investigación transparente y castigar con firmeza a los culpables haciendo valer la justicia.
Por nuestra parte, los medios de comunicación responsables continuaremos llevando ante la opinión pública la información veraz sobre los casos de corrupción con la intención de despertar en la ciudadanía una reacción decidida contra este mal social que deteriora los fundamentos de nuestra sociedad.