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La madurez nacional


ALGUNOS momentos estelares de la historia del país se han caracterizado por la necesidad de resolver encrucijadas. Hay personalidades muy representativas, para quienes no es fácil adoptar decisiones en la discusión nacional. Por ejemplo, pocas personas saben que, en medio de las refriegas del 9 de enero de 1964, entre la dirigencia estudiantil universitaria afloró una controversia de gran intensidad.
Había quienes sostenían que ese movimiento tan abarcador no podía sostener un apoyo al Presidente Roberto F. Chiari. Se le señalaba como el símbolo de agrupaciones políticas desgastadas y sin prestigio, que dirigían la administración pública sin verdadero ánimo de resolver los problemas nacionales.
El respaldo al Presidente Chiari - se decía - solamente podía justificarse si este mantenía, de modo permanente, la ruptura de relaciones diplomáticas con los Estados Unidos, hasta que se concretara un tratado sobre el canal que sustituyera al Hay-Bunau Varilla de 1903.
De otra manera, - se planteaba - con pretexto de una lucha patriótica, lo que se lograba en realidad era consolidar un régimen ajeno a las necesidades de la población y sin capacidad para seguir el pulso de las aspiraciones populares.
Únicamente el desarrollo de la madurez de la dirigencia estudiantil de ese tiempo logró superar las diferencias y encaminar las acciones hacia el fortalecimiento de una actitud de carácter nacional.
Si hubiese prevalecido la tesis de que había que colocar por delante el juicio o la evaluación que los jóvenes hacían de lo que después se denominó "la clase política" o, un poco más concretamente, el Partido en el poder, el sentido de la unidad nacional alrededor de los anhelos de soberanía hubiese sufrido gran desgarradura. Habría sido un verdadero desastre, ni más ni menos.
En 1977 también surgió la encrucijada. Confrontados con los tratados que eliminaban la zona del canal y que le fijaban fecha a la terminación de las instalaciones militares y el inicio de la administración panameña del canal, había de por medio, sin embargo, la mayor o menor simpatía o antipatía a que daba lugar la experiencia política y social - de por sí, polémica - encabezada por Omar Torrijos.
Hubo quienes dejaron de lado su militancia antimilitarista y privilegiaron la circunstancia de que los tratados resolvían un problema histórico en el que estaba puesto el empeño de muchas generaciones.
Otros, no obstante, prefirieron combatir los acuerdos logrados entre Panamá y los Estados Unidos y no hacer lo que consideraban era una concesión infame, de aprobarlos habiendo sido negociados por un gobierno al que no podían reconocer ni legitimar.
En algunos casos se produjo el fenómeno de la racionalización, en el sentido de que se hizo énfasis en algún aspecto discutible de los documentos, señalándole fallas o incongruencias mayores o menores, pero siempre ocultando, hasta donde ello era posible, la circunstancia de que su oposición era más que contra los tratados, contra el gobierno que los proponía. Sin embargo, prevaleció el análisis sereno, el juicio mesurado, la capacidad de distinguir una cosa de la otra, y los tratados fueron aprobados.
Otro ejemplo fue la nueva etapa que se abrió el 31 de diciembre de 1999. Sé de algunas personalidades que aplaudieron con entusiasmo los tratados Torrijos-Carter, que se negaron a participar en los actos de celebración del 99, porque el canal lo recibía la Presidenta Mireya Moscoso, y no un Presidente de orientación torrijista.
No obstante, este criterio no fue compartido por la gran mayoría. La celebración fue todo un éxito, porque se reconoció el gran significado del momento histórico, sin que las consideraciones sobre el partido en el poder obscurecieran la importancia nacional de ese profundo acontecimiento. Hubo madurez, capacidad de comprensión para saber poner distancia entre la coyuntura política y la visión nacional.
Destacadas figuras que actúan con la mayor buena fe se enfrentan en el 2006 a la encrucijada, esta vez referida a la adición de un nuevo carril a las esclusas del canal. La encrucijada consiste en determinar si su posición política frente al gobierno, a los partidos que comparten el poder público o, al sistema económico y social vigente en el país va a ser más poderosa que el análisis sereno de las grandes decisiones que deben adoptarse. Al respecto, la historia enseña que el pueblo deja de lado sus reclamos grandes o pequeños y, con mucha sabiduría e intuición, logra descubrir dónde están los intereses generales de la nación, actuales y futuros.

101 años de Panamá América

 
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