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La magia del Ancón


Un día de servicio a la patria, que recuerdo de forma especial, inició aproximadamente a las 8:10 a.m., cuando recibimos el reporte de que la bandera ubicada en el cerro Ancón estaba rasgada por las fuertes lluvias. De inmediato el personal de mantenimiento se preparó para salir a realizar el remplazo de la enseña patria. El equipo estaba conformado por Mario (el conductor), un ayudante (Omar) y yo. Por su puesto, la bandera en la parte posterior del vehículo (recordemos que no es una bandera cualquiera porque alcanza 10 metros de ancho, más o menos como un edificio de tres pisos) .
Avanzamos por el puente que comunica desde la Calzada de Amador hacia la avenida 4 de Julio, y giramos hacia la izquierda donde está la entrada a Mi Pueblito hasta pasar por el Ministerio de Relaciones Exteriores y llegar a la segunda garita de seguridad, donde se nos detiene porque la calle es muy angosta. De inmediato, el seguridad se comunica a través de su radio con su colega que está en la cima del cerro Ancón, y éste último le confirma que está en descenso un vehículo de la ACP; por ello, tenemos que esperar que salga el auto de la vía para entonces nosotros reiniciar el recorrido.
El vehículo de la ACP se acerca y nos saluda amablemente su conductor; el seguridad de la ARI nos da la señal para poder continuar el recorrido. Una vez nos adentramos en el camino, nos damos cuenta de la gran vegetación del lugar, llamándome la atención un árbol de Corotú que por su contextura física demuestra que tiene más de cien años. Sus profundas raíces se hacen gruesas al punto de irrumpir en el pavimento deshaciéndolo y brotan, como quien surge de la arena. Otros árboles sobresalen como el espavé y el guayacán amarillo; también vemos perezosos, ñeques, iguanas, mariposas de colores muy llamativos entre otros animales propios del área que se asoman curiosos a nuestro transitar.
Las calles son muy angostas y se realizan muchos giros cerrados, por lo que se indica con letreros que se debe sonar la bocina. Mi compañero Mario lo hace y se escucha cómo las aves salen de las copas de los altos árboles cuando el ruido interrumpe el silencio del camino que nos guía a la cima. Vemos cómo apenas unos cuantos rayos de sol pueden penetrar el espesor de la vegetación, que asemejan juegos de luces; regalos propios de la madre naturaleza.
Una vez en la cima, el seguridad institucional confirma al que está en las faldas del cerro la llegada segura de las personas. Es allí donde realmente considero que inicia la mejor parte del recorrido, debido a que desde el pick-up podemos observar la magnitud, ya muy cerca, de la bandera, su sorprendente tamaño.
La bandera ondea fuertemente en su baile con el viento; a esa altura se puede escuchar cómo flamea con orgullo en nuestro suelo patrio. Sus colores: rojo, blanco y azul se aprecian muy vivos; pero en el extremo inferior está rasgada por los fuertes vientos a los que está expuesta, que vienen desde el mar.
Mi compañero toma el control manual para realizar el descenso de la bandera y al llegar a nosotros, es soportada fuertemente con nuestras manos, debido a que la brisa la hace ondear. La bandera rota es colocada en la cabina del auto para su reparación y la nueva es izada para una vez más exaltar nuestra insignia patria en el punto natural más alto de nuestra ciudad. El sol está muy fuerte como en verano, a pesar de que el día anterior fue muy lluvioso. Una vez ubicados en la base de la bandera, podemos contemplar el desarrollo urbanístico de la ciudad: el Casco Viejo, El Chorrillo, la Avenida Balboa y apenas el Corredor Sur.
En el otro extremo tenemos la vista hacia las esclusas del Canal, el Puerto de Balboa y el Aeropuerto de Albrook, donde se contempla la fluidez de las avionetas que descienden y ascienden en la conquista de nuestro cielo. Esta tarea es más bien una terapia del día para todos nosotros, debido a que el popular cerro Ancón encierra tanta historia y magia a la vez.
Mientras terminamos de empacar la bandera lesionada; sólo, rejuegan en mi mente los versos de Amelia Denis de Icaza: "...ya no guardas las huellas de mis pasos,/ ya no eres mío, idolatrado Ancón:/ que ya el destino desató los lazos/ que en tus faldas formó mi corazón..." Ella es merecedora de compartir su presencia en la cima de este cerro, donde está ubicado un monumento con su figura que resalta su inspiración alusiva al Ancón. Regreso a la oficina a las 9:15 a.m., realmente lo hacemos muy relajados, producto del gran esparcimiento provocado por el paisaje del área verde y la brisa proveniente de nuestro mar. Más que una misión cumplida, el placer del servicio a la tierra que me vio nacer es lo que me inunda.
En noviembre de 2003 celebramos el tan esperado centenario de nuestra nación, momento preciso para exaltar nuestro gran potencial como país, por lo que invito a toda la familia panameña a realizar una visita a este punto con gran potencial turístico, ubicado en el centro de la ciudad de Panamá. Por último, le pido a Dios que mire con ojos de misericordia a mi país y lo rodee siempre con su gracia, para que las futuras generaciones puedan gozar de la maravilla que mis ojos han podido apreciar bajo la sombra de mi bandera tricolor.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América