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La magia está en el equilibrio


Cuando joven me sentía orgulloso de que era capaz de tomar medidas extremas frente a situaciones difíciles y odiaba a los que se limitaban a adoptar actitudes apáticas y pasivas que rayaban en la cobardía. Me complace saber de que todavía estoy dispuesto a hacer lo que otros no se atreven a hacer y desprecio a los hipócritas que tratan de quedar bien con todo el mundo y evitan cualquier tipo de enfrentamiento; sin embargo, mi carrera (la química) ha moldeado dicha conducta hacia la búsqueda del equilibrio de las cosas.

Todo fenómeno químico espontáneo, sea irreversible o no, termina en un estado energético más bajo, y en ese punto hay un equilibrio entre todas las fuerzas involucradas. Incluso en los procesos no espontáneos (en los que hay que aplicar energía), se concluye con un equilibrio de fuerzas. En otras palabras, toda transformación de la materia termina en un estado más estable, y eso se logra cuando se obtiene un equilibrio de fuerzas.

Irónicamente, en los seres pensantes, para lograr ese estado estable, que traduciremos en paz y felicidad, lo que menos se procura es un equilibrio de fuerzas. En el ámbito político se busca el totalitarismo abierto o disimulado, en lo comercial el monopolio, en lo religioso el adoctrinamiento masivo y en la familia el dominio de uno sobre los otros.

Algunos dicen haber adoptado medidas extremas por una buena causa, al sentirse impotentes frente a algo que consideran injusto. Esa impotencia usualmente está asociada a la ignorancia o incapacidad para buscar otros medios para lograr sus objetivos. El extremismo, aunque difícil de adoptar, es una salida fácil para aquel que no persigue un equilibrio de fuerzas. Ellos buscan el dominio total. Los que prefieren el extremismo saben que arriesgan más pero creen que tienen mucho más que ganar. La dificultad para aquellos que desean el equilibrio está en que saben que en esa búsqueda de correlación de fuerzas se tiene que ceder algo, y es allí donde está el problema. Ello me permite concluir que el extremista podría serlo, no por ignorancia e incapacidad, sino por egoísmo.

El beneficio de esa correlación de fuerzas se aprecia en Panamá, cuando el partido que en una ocasión apoyo una dictadura, el PRD, ahora es la mejor garantía de que el actual gobierno no se convierta en otra. Con la posposición por 5 años de la descentralización del gobierno en los municipios se perdió la oportunidad de que tengamos un equilibrio de fuerzas políticas. Entiendo que dicha descentralización debía depurarse, porque le daba la oportunidad al PRD de convertirse en una “piedra en el zapato” del gobierno. Ello es así porque la ley de descentralización fue aprobada en junio pasado, cuando al gobierno anterior sabía que dominaría los municipios. No obstante, dicha ley le daba al PRD una participación más activa en el arte de gobernar y permitía esa necesaria competencia y balance de fuerzas. El Presidente lo sabe, por eso fue la primera ley que sancionó en su corto mandato.

101 años de Panamá América

 
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