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La Mamis


Se le conoce bajo varios nombres: su nombre de bautizo y registro civil, como la tercera de los cinco hijos de Harmodio Arias Madrid y Rosario Guardia Vieto, "Rosario del Carmen Arias Guardia"; su nombre de esposa de Gabriel Galindo Vallarino, con quien tuvo un hijo y dos hijas y quien no le regateó la posibilidad de realizar sus propias ejecutorias y lograr su propia prestancia, "Señora Rosario Arias de Galindo"; su nombre de dama de sociedad, identificable en amplios círculos por su don de gentes y por ser benefactora, muchas veces anónima, de diversas organizaciones, "Doña Rosario"; y el nombre con el que se hizo valer como mujer con criterio propio en el mundo machista en el que ha vivido la mayor parte del tiempo, como luchadora por los derechos humanos y la democracia en el período más represivo de nuestra historia y como corresponsable, junto con su hermano Gilberto, del esfuerzo de veinte años por rescatar los diarios El Panamá América y Crítica, cuya propiedad les fue usurpada por la dictadura, "la Mamis", su "nom de guerre".
La Mamis nació en 1920. Su padre había regresado a Panamá en 1910, a los treintiún años de edad, con el título de Doctor en Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Cambridge. Se casó en 1917 con Rosario Guardia Vieto, de raíz coclesana como la suya. Durante esta década el joven abogado se dedicó a fundar su familia, a desarrollar su profesión en asocio con el Dr. Julio J. Fábrega y a sentar las bases de su fortuna. Recién regresado, ocupó durante unos cortos meses el cargo de Subsecretario de Relaciones Exteriores, pero no fue hasta 1924 cuando comenzó su carrera política, como Diputado por la Provincia de Panamá en oposición al Presidente Rodolfo F. Chiari.
La Mamis tuvo, sin duda, desde niña una relación muy estrecha y muy positiva con su padre. El culto a su memoria y a su obra ha sido uno de los ejes de su vida. Ella ha sido la sucesora familiar de lo más positivo que dejó Harmodio Arias Madrid como legado cívico-político: su sentido de la Nación y de la prioridad de los intereses nacionales sobre los intereses individuales, su convicción de la necesidad de panameñizar el canal, su compromiso con la Universidad de Panamá en cuanto factor indispensable de la educación superior y crisol de nuestra identidad nacional, y su dedicación al ejercicio a través de El Panamá América de un periodismo independiente, que se esfuerza "por presentar ante el público toda la verdad, siempre que ello tienda al bienestar común", como rezaba el editorial inicial de El Panamá América, es decir un periodismo libre y responsable a la vez
Cuando su padre fue electo Presidente en una de las raras elecciones honradas de los primeros años de la República, envió a la Mamis a proseguir sus estudios en el extranjero, sin duda, para evitarle los sinsabores y tentaciones que con frecuencia experimentan los hijos de quienes detentan el poder. Había comenzado sus estudios a nivel primario y secundario en el Colegio San José de Panamá. Los prosiguió en los Colegios de los Sagrados Corazones de Santiago de Chile y del Sagrado Corazón de Bruselas, Bélgica.
Estuvo fuera de Panamá desde 1932 hasta 1939. De regreso, un año más tarde, en 1940, se casó con el ingeniero industrial Gabriel Galindo Vallarino. Consciente de su carencia de estudios universitarios, en varias oportunidades ha tomado cursos universitarios por cuenta propia: en la Universidad de Ginebra de 1938 a 1939, en la Universidad de Panamá en 1965 y en la Universidad Santa María La Antigua de Panamá en 1987. La lectura asidua ha sido también una de sus pasiones.
La Mamis tiene una voluntad decidida a favor de la educación y de la cultura, no sólo como necesarias para la nación y sus ciudadanos en general, sino para ella misma. Por otra parte, ella ha mantenido una impresionante fidelidad a las amistades chilenas que estableció en su juventud y a Chile como país hermano, al punto de que una vez al año pasa un mes de vacaciones en Santiago. Sin duda, el talante chileno de civilizada y austera convivencia ha correspondido a su propio talante, pues no hay en ella nada de lo que los chilenos tildan de tropicalismo, es decir una exagerada e irresponsable emotividad acompañada de bullicio y hasta de vulgaridad. Pero ello no le ha impedido ser cálida y generosa en su amistad, a la vez que firme y expresiva en sus convicciones. La influencia chilena reforzó el ejemplo que le proporcionó su padre, ejemplo de inteligencia, decisión y trabajo, dentro de una economía de gesto y de palabra, y contribuyó a formar la recia personalidad de esta panameña de pura cepa.
Eusebio Morales, la conciencia crítica de la República, argumentaba que al Estado panameño le hacía falta la prueba de la adversidad para forjar definitivamente su personalidad. Algo similar se podía decir de la Mamis antes de su experiencia bajo la dictadura. Sin embargo, la Mamis demostró temprano su sentido del servicio público en tareas retadoras, pues de 1949 a 1956 formó parte del Comité Pro-Hospital Psiquiátrico del Club Interamericano de Mujeres, al que se dedicó con entrega y persistencia ejemplares. No era éste un servicio atractivo por su temática ni uno capaz de suscitar un especial reconocimiento. Más bien requería familiarizarse con la condición humana en alguna de sus situaciones más dramáticas y recabar fondos de parte de quienes muchas veces preferían eludir informarse acerca de esta oscura dimensión de la vida humana, a saber la locura y el trato poco sensitivo de la misma por la sociedad. Cuando le pregunté a la Mamis cuál de sus participaciones en alguna obra benéfica había tenido más significado para ella, identificó ésta inmediatamente.
El Dr. Harmodio Arias Madrid murió en 1962. Seis años más tarde, el golpe militar de 1968 representó tanto para el país como para la Mamis su prueba de adversidad. En efecto ese mismo día alrededor de las 11:45 p.m. el edificio de El Panamá América fue allanado por la Guardia Nacional. Así comenzó un proceso de cruda arbitrariedad, que conduciría gracias a un Órgano Judicial supeditado al poder militar primero a la liquidación de la Sociedad Editora Panamá América S.A. el 19 de diciembre de 1969 y luego a la constitución de Editora Renovación S.A. el 22 de junio de 1972. De esta manera se despojó a los legítimos propietarios, tanto de su empresa impresora como de sus diarios, a favor de amigos íntimos del General Torrijos, quienes los convirtieron en instrumentos de injuria y calumnia, demagogia y mentira.
Esta circunstancia se constituyó en la adversidad que sometió a prueba la entereza de la Mamis. La Mamis fue una de las luchadoras más sistemáticas, arriesgadas y consistente contra la dictadura. Comprendió que la lucha para rescatar la democracia panameña y con ella las propiedades de Editora Panamá América no podía darse individualmente ni sobre la base de la defensa de derechos de algunos individuos solamente. Por ello, se integró a la Comisión de Derechos Humanos desde 1979 hasta 1990, para trabajar por la plena vigencia de los derechos humanos de todos los panameños. Y se activó como miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa para trabajar por el respeto a la libertad de toda la prensa de nuestro continente, llegando a ser miembro de su Junta de Directores. El régimen llegó a advertirle que de continuar sus actividades la exiliaría, pero no la pudo amedrentar.
Un hecho nos revela la actitud de la Mamis durante este período de prueba. En 1970 cumplió cincuenta años. El regalo que ella se dio a sí misma en esta oportunidad fue pagarse su participación en un curso de cinco días de supervivencia en la selva del Darién, similar al curso que se le ofrecía a los militares norteamericanos. El hecho tuvo un valor simbólico. La vida en Panamá se había convertido cívica y políticamente en una vida en la selva, pero la Mamis estaba decidida a sobrevivir, lo que significaba para ella lograr democracia para su país y lograr el rescate de los periódicos de su familia.
Con este propósito la Mamis participó en toda suerte de actividades. Redactó y repartió hojas sueltas, tomó parte en manifestaciones, marchas, cadenas humanas, desde los tiempos en que sólo una pocas personas asistían hasta los tiempos de asistencia multitudinaria, hablaba por radio o publicaba escritos cuando podía, participaba en toda suerte de reuniones tendientes a unificar las fuerzas democratizadores, cabildeaba nacional e internacionalmente, contribuía generosamente a los costos de estas actividades, fue una de las fundadoras de la Unión Nacional Independiente de Acción Democrática (UNIDAD), la cual congregó a mujeres que contribuyeron extraordinariamente a la lucha contra la dictadura y por la democracia. Y mientras tanto mantenía una acción judicial incansable por el rescate de los periódicos de EPASA. Nunca mostraba desánimo, ni pesimismo, ni cansancio. Fue una de las personas a quienes por su activismo se les debe la democratización del país.
Por ello fue incomprensible y hasta doloroso para ella que una vez establecida la democracia, el Presidente de la República obstaculizara la formalización legal de la devolución de los diarios de su familia (puesto que su recuperación física se efectuó de hecho en los primeros días del nuevo régimen democrático previo aviso al entonces Ministro de Gobierno y Justicia). La Mamis continuó, junto con su hermano Gilberto, la lucha hasta que con el voto de los legisladores demócratas cristianos y de otros legisladores se logró aprobar las dos leyes que fueron necesarias para esta formalización y superar el veto presidencial. Esta devolución de El Panamá América a los herederos de Harmodio Arias Madrid y muy especialmente a su heredera espiritual, la Mamis, fue un acto de justicia elemental.
Si El Panamá América ha vuelto a ser uno de nuestros mejores diarios, como en los días de Harmodio Arias Madrid, y si muchos pensamos que es el más serio, se debe en gran parte a una mujer excepcional. Al traspasar la dirección ejecutiva de EPASA a las siguientes generaciones de su familia, la Mamis deja un ejemplo que se integra al patrimonio moral de El Panamá América, del periodismo nacional y de la democracia panameña.
La Fundación para la Promoción de la Mujer, de cuya Junta de Síndicos ha formado parte desde su inicio, tiene en la Mamis un modelo de mujer que ofrecerle a las jóvenes mujeres de hoy y una modelo de persona que proponerle a todos los panameños.
(ariyan@sinfo.net)

101 años de Panamá América

 
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