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La mano en el bolsillo



Hace tiempo que se ha comprobado que el dinero en las manos de los ciudadanos rinde más que en los cofres del gobierno. Esto, sin entrar en el campo de la corrupción que tantas veces aqueja la gestión pública. De los miles de millones de dólares que se dedican a programas sociales en los Estados Unidos, sólo un 12% le llega a los pobres, el resto se queda en el camino, ¿será distinto por acá abajo?
Panamá está en una situación financiera muy distinta a la de hace unos años. La deuda pública ha aumentado en cifras absolutas -aunque el Gobierno insista que ha "disminuido" en términos relativos-, los ingresos tributarios son tan altos que han producido excedentes presupuestarios de cientos de millones de dólares, los excedentes del Canal son mayores que lo previsto y la economía sigue creciendo a un saludable 8%. Sin embargo, el Gobierno le sigue metiendo la mano en el bolsillo a la clase media asalariada y profesional, sin ninguna clemencia.
Un gobierno prudente y responsable hace tiempo hubiera presentado un proyecto de ley para bajar el porcentaje del Impuesto sobre la Renta y para corregir el abrupto asalto tributario después de los 850 balboas de ingreso mensual; además, hubiera establecido todo gasto dedicado a educación como cien por ciento deducible del Impuesto Sobre la Renta. Sólo con mayor capacidad de ahorro y mayor acceso a mejor educación, nuestras capas medias podrán prosperar y halar de la pobreza a sus allegados.
Las clases medias no sólo son las grandes estabilizadoras de los conflictos sociales, sino que son mucho más efectivas en sacar de la pobreza a los menos favorecidos que todos los programas gubernamentales. Una familia de clase media -a quien no se le ha metido tan profundamente la mano en los bolsillos- desahoga los servicios públicos de salud y educación, porque a pesar de pagar sus tributos completos, sufraga sus propios seguros privados y sus colegios particulares; además, crea por lo menos dos plazas de trabajo directos de tiempo completo y otros tantos indirectos y de tiempo parcial, sin contar las ayudas que brinda a familiares y conocidos menos favorecidos. Repartir 35 balboas a los más pobres puede producir satisfacción a quien lo da y alivio a quien lo recibe; pero las grandes revoluciones no las hicieron los desposeídos cansados de su pobreza, sino las capas medias hartas de los abusos.

101 años de Panamá América

 
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