"La máquina humana"
Creemos que somos profesionales de la vida y sólo somos simples aficionados de este arte; no logramos aprender nunca la ciencia de saber vivir y no logramos tampoco acumular experiencia, aun cuando de ella dependa la dicha o desdicha de nuestra existencia. Por mucho que nos especialicemos en una profesión, en un oficio o en un comercio cualquiera, conocemos en verdad muy poco de la máquina humana que guarda el secreto de nuestro verdadero triunfo, porque atendemos menos a nuestro cuerpo que a las máquinas de nuestras industrias.
Nuestra máquina humana se debería mantener en óptimas condiciones todo el tiempo, puesto que es un mecanismo milagroso.
Los planes de educación enseñan muchas materias, pero casi siempre la escuela y la universidad se quedan atrás, pues el progreso y la inventiva de la mente humana dejan obsoletos los sistemas de enseñanza.
La mayoría de los seres humanos ignora la ciencia de la mecánica humana; ésta es el arte de cuidar la máquina del cuerpo para su mejor funcionamiento con el menor de los desgastes y para que todo lo que encuentre en su camino se convierta en material constructivo de la obra maestra de la existencia.
La mejor locomotora sólo alcanza a convertir en energía útil para la propulsión un 20% del poder de los combustibles que emplea, los dinamos no emplean o transforman en energía eléctrica un porcentaje mucho mayor del poder que las mueve. Algo parecido, según los psicólogos, acontece con la máquina humana, pues únicamente rinde un escaso porcentaje de potencial de fuerza psíquica. Si se supiera manejarla sabiamente, podría rendir un enorme caudal de felicidad y agradable bienestar.
Pocos son los seres felices; y sin embargo, todo ser humano se esfuerza para llegar a la felicidad y en realidad, necesita alcanzarla, tiene derecho a ella, y podría desgraciadamente no sabe cómo.
En el corazón y el pensamiento de la gran mayoría se anidan celos, rencores, envidias y prejuicios, que se van enconando hasta intoxicar el alma. La salud es para el cuerpo humano lo que la hora es para el reloj; la salud es la hora exacta de nuestro organismo físico, la relación rítmica, la coordinación de todas las partes, porque la menor imperfección, la menor discordancia alteran el ajuste.
Músculos fuertes, hígado sano, pecho robusto no bastan por sí solos para dar y mantener la salud, la cual es el resultado necesario del perfecto funcionamiento de todos los órganos corporales.
Del mismo modo, la salud moral es el producto de un ejercicio armónico de todas las facultades espirituales. Tampoco el reloj marcará la hora exacta, si alguna de sus piezas principales tiene algún desperfecto.
La dicha, la energía, salud moral y física dependen del funcionamiento armoniosa, sin estorbos y perfecto equilibrio, de toda la máquina humana.
Nuestra máquina humana se debería mantener en óptimas condiciones todo el tiempo, puesto que es un mecanismo milagroso.
Los planes de educación enseñan muchas materias, pero casi siempre la escuela y la universidad se quedan atrás, pues el progreso y la inventiva de la mente humana dejan obsoletos los sistemas de enseñanza.
La mayoría de los seres humanos ignora la ciencia de la mecánica humana; ésta es el arte de cuidar la máquina del cuerpo para su mejor funcionamiento con el menor de los desgastes y para que todo lo que encuentre en su camino se convierta en material constructivo de la obra maestra de la existencia.
La mejor locomotora sólo alcanza a convertir en energía útil para la propulsión un 20% del poder de los combustibles que emplea, los dinamos no emplean o transforman en energía eléctrica un porcentaje mucho mayor del poder que las mueve. Algo parecido, según los psicólogos, acontece con la máquina humana, pues únicamente rinde un escaso porcentaje de potencial de fuerza psíquica. Si se supiera manejarla sabiamente, podría rendir un enorme caudal de felicidad y agradable bienestar.
Pocos son los seres felices; y sin embargo, todo ser humano se esfuerza para llegar a la felicidad y en realidad, necesita alcanzarla, tiene derecho a ella, y podría desgraciadamente no sabe cómo.
En el corazón y el pensamiento de la gran mayoría se anidan celos, rencores, envidias y prejuicios, que se van enconando hasta intoxicar el alma. La salud es para el cuerpo humano lo que la hora es para el reloj; la salud es la hora exacta de nuestro organismo físico, la relación rítmica, la coordinación de todas las partes, porque la menor imperfección, la menor discordancia alteran el ajuste.
Músculos fuertes, hígado sano, pecho robusto no bastan por sí solos para dar y mantener la salud, la cual es el resultado necesario del perfecto funcionamiento de todos los órganos corporales.
Del mismo modo, la salud moral es el producto de un ejercicio armónico de todas las facultades espirituales. Tampoco el reloj marcará la hora exacta, si alguna de sus piezas principales tiene algún desperfecto.
La dicha, la energía, salud moral y física dependen del funcionamiento armoniosa, sin estorbos y perfecto equilibrio, de toda la máquina humana.