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La mayor necesidad de nuestros niños y niñas


Cuando veo casos como el que transmitieron en las noticias hace algunos días atrás, de cinco hermanitas que se encontraban solas en una casa (a simple vista se podía palpar la pobreza a su máxima expresión) me causa mucho dolor el imaginarme las condiciones tan difíciles que muchos de nuestros niños y niñas viven a diario. La verdad es que no podemos juzgar a la madre de esas niñas, pues desconocemos en detalle las razones, motivos o circunstancias que la llevaron a esa situación extrema de abandono.

Por otra parte, cuando medito en aquellas parejas de esposos que llevan años tratando de tener un bebé y a pesar de todos los esfuerzos realizados (tratamientos especiales, muy costosos dentro y/o fuera del país) se encuentran con la triste y frustrante realidad de ver correr el tiempo y no tener un hijo a quien amar, cuidar y ver crecer... y qué decir de aquellos padres y madres que han perdido a un hijo, por enfermedad, por accidente… o producto de la maldad de aquellas personas que “roban” lo más valioso para un padre: su hijo, su hija… no me queda más que dar gracias a Dios por darme la oportunidad de tener a mis dos hijos y poder satisfacer sus necesidades básicas con el principal propósito de que logren la felicidad que todo ser humano anhela. Deseo ver a mis hijos vivir a plenitud… ¡que lleguen a ser un hombre y una mujer de bien!

En este mes de julio, donde recordamos de manera especial a todos los niños y niñas de nuestro país, deseo compartir las siguientes líneas:

1- Como padres y madres esforcémonos por darle a nuestros hijos e hijas la mejor vida posible, en donde sus necesidades básicas estén cubiertas, por ejemplo: alimentación sana, atención médica, oportunidad de recreación, educación, es decir todo lo que contribuya a su óptimo desarrollo y crecimiento.

2- Dediquemos tiempo de calidad a nuestros hijos. Conversemos de cualquier tema. Seamos realmente amigos de ellos. Preguntémonos: ¿Cuándo fue la última vez que jugamos con nuestro hijo?, ¿Hace cuánto tiempo que no los llevamos al parque?, ¿Sabemos realmente cómo va su rendimiento en el colegio?

3- Impartamos disciplina con amor. Nuestros niños y niñas requieren límites para su comportamiento, deben conocer qué es lo correcto y lo incorrecto, qué está permitido y qué no. Recordemos que como personas debemos aprender que nacemos libres para decidir qué hacer, sin embargo, esa libertad no es igual a “libertinaje”, pues esta última consiste en hacer lo que queremos sin importar las consecuencias, mientras que la libertad radica en hacer lo que se debe.

4- Aprovechemos cada segundo de vida que nos regala Dios para demostrarles a nuestros niños y niñas el amor que les tenemos. Recordemos que la necesidad más grande de todo ser humano es el amor. Ayudemos a nuestros niños, mediante el ejemplo, a dar y recibir afecto. No hay nada más bello que poder amar y ser amado. Cuando educamos en amor, estamos formando los futuros hombres y mujeres capaces de servir a la humanidad a través de valores como la solidaridad, la lealtad, la compasión, la empatía, el respeto, la tolerancia, la paciencia, entre otros. De nosotros los adultos depende que nuestros niños y niñas tengan los más gratos recuerdos de una infancia feliz.

101 años de Panamá América

 
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