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La mejor integración: libertad de fronteras


Son las personas y no los gobiernos los mejores agentes de integración internacional.
La opinión pública continental sigue con atención las elecciones que se llevan a cabo en los países de la región. Quiénes resulten elegidos será fundamental para las relaciones internacionales. Chávez amenaza con retirarse del Pacto Andino y genera preocupación. Los líderes del Mercosur discuten un posible anillo energético y la opinión pública debate sobre la propuesta.
Son los presidentes quienes deciden el qué y cómo de las relaciones internacionales. Poco se habla, en cambio, del rol de los propios ciudadanos en materia de integración. A tal punto tenemos asumida dicha realidad, que hasta suponemos que el gobierno siempre decidirá "lo correcto" a la hora de relacionarnos con otros países y que nuestros intereses personales están siempre bien protegidos al alero del presidente de turno.
Sin embargo, la historia ha mostrado que son las personas y no los gobiernos los mejores agentes de integración internacional. La pregunta entonces es ¿por qué hoy damos por sentado que la mejor forma de relacionarnos con nuestros vecinos es a través del Estado? La verdadera integración es aquella en que los propios ciudadanos de distintos países interactúan directamente unos con otros, intercambiando conocimientos, comerciando, desarrollando proyectos conjuntos, etc. Entonces hay verdaderas relaciones internacionales.
¿Cuál es el camino? Avanzar hacia una mayor libertad de fronteras. Mucho se habla del libre comercio y de las facilidades para la inversión extranjera (fundamentales, por cierto), pero poco se discute de una libertad mucho más esencial: el derecho a elegir dónde vivir o trabajar.
Los beneficios de un sistema de fronteras más libre son muchos: mejora la distribución del capital humano, favoreciendo la eficiencia; se facilita la "exportación" de experiencias que requieren activa participación de personas; se abren oportunidades para un mayor intercambio cultural y académico; se moderan los nacionalismos; se multiplican las oportunidades para el emprendimiento internacional de las PYMES; se moderan las políticas al interior de cada país.
Algunos temen que esto pudiera significar una "invasión" de inmigrantes a determinados países. Es difícil que ello ocurra (las restricciones para migrar son muchas, especialmente familiares y culturales), pero bien puede resguardarse dicha posibilidad mediante una apertura gradual y multilateral de fronteras (como se hizo en Europa), que contribuya a balancear las migraciones.
Esta libertad no debe asimilarse exclusivamente a inmigración. Una de las principales ventajas de fronteras más abiertas es la gran movilidad que permite a las personas trasladarse temporalmente a otro país para desarrollar alguna iniciativa sin limitaciones especiales. Se facilitan las prácticas laborales, el intercambio de estudiantes, proyectos profesionales temporales. Una auténtica integración, con ciudadanos que van y vienen. Tal como ocurre en Europa, donde un español puede estudiar en Inglaterra, hacer práctica en Alemania y luego trabajar en Italia.
Habrá quienes señalen que en Sudamérica no es posible una política de este tipo, por las marcadas diferencias de ingreso entre los países. Algo parecido se decía en los años 60 para proteger la industria nacional frente a la competencia extranjera; sin embargo la historia nos mostró que bajar los aranceles y abrir el comercio a todo el mundo era beneficioso. Con las personas no es diferente.
La principal tarea internacional para las autoridades de la región exige abandonar el tradicional monopolio de las relaciones internacionales y facilitar el espacio para la interacción directa entre habitantes de distintos países. Eso incluye no sólo el comercio y las inversiones, sino mayor libertad de fronteras para las personas.

(* Director, Programa Sociedad y Política del Instituto Libertad y Desarrollo, Chile. www.aipenet.com )
Exigían el pago de 55 millones de dólares, cantidad que cubriría parte de la sentencia dictada por la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).
Por 36 horas permanecieron en las alturas del puente. El pasado martes 2 de mayo abandonaron su protesta y dialogaron con las autoridades.

Desde su inauguración el 12 de octubre de 1962, grandes historias han transcurrido por estas estructuras, cuya elevación es de 118 metros sobre el nivel de mar.
Más de cuatro han intentado acabar con su vida lanzándose desde lo alto del puente, mientras otros han roto un récord con esta hazaña.
El Puente de las Américas cuenta con una garita de seguridad previa a la estructura y una después; sin embargo, los que han querido suicidarse han burlado a las unidades policiales.

Desde el año 1979, el Ministerio de Obras Públicas (MOP) está a cargo del mantenimiento del Puente de las Américas.
El puente ocupa la misma ubicación aproximada del antigua barcaza de trasbordo o "ferry", al que reemplazó. Durante 30 años éste fue el principal medio de transporte entre la riveras Este y Oeste.

101 años de Panamá América

 
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