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La menopausia de la Tierra


El planeta sufre el climaterio. Calores súbitos, sequías prolongadas, el cese del ciclo hidrológico de fertilización y nuevas vidas se mezclan con series anuales de lluvias fuera de tiempo e inundaciones sin explicación ni control. Panamá, al igual que otras extensas zonas, sufre este desajuste climático que alterna nombres disímiles y desgracias similares: El Niño, La Niña, calentamiento global, el Efecto Invernadero, tormentas, huracanes, monzones.
El planeta se viene recalentando. La temperatura promedio actual es de 15 grados centígrados, recordando que éste es un promedio de todas las temperaturas alrededor del mundo. El cambio natural más rápido en el planeta sucedió hace 15,000 años al finalizar la Edad de Hielo cuando el planeta aumentó su temperatura en un (1) grado centígrado cada 500 años. Desde hace 10,000 años hasta el presente siglo hubo muy poca variación en las temperaturas promedios de toda la Tierra, manteniéndose ésta en un rango de más menos un (1) grado centígrado. Los climatólogos predicen un aumento de tres grados centígrados sobre el promedio mundial actual de temperaturas en un plazo inquietantemente breve, para el año 2050, generándose lo que se conoce eufemísticamente en la jerga ambiental como El Gran Calor. Es importante para la ciudadanía entender con claridad las causas y consecuencias de este fenómeno y qué podemos hacer colectivamente, como sociedad organizada y como nación, para enfrentarlo.
El aire que respiramos es básicamente una mezcla de nitrógeno y oxígeno que se encuentra presente en la atmósfera hasta una altura aproximada de 15 kilómetros desde la superficie terrestre. La capa siguiente llamada estratosfera contiene aire menos denso, contiene el gas llamado ozono y gases naturales llamados gases de invernadero, que estaban presentes mucho antes de la existencia de los seres humanos y producidos naturalmente por los animales, plantas y volcanes. Estos gases son el dióxido de carbono, el vapor de agua y otros. Sus cantidades en la atmósfera no son muy grandes, pero atrapan el calor, se calientan más que el aire que los rodea y regulan el clima en el planeta. Sin ellos, la vida tal cual la conocemos hoy, no sería posible.
Además de esto, la atmósfera es saturada de gases de invernadero artificiales; es decir, fabricados por el hombre directamente o como subproductos de las actividades productivas del ser humano. Entre estos gases artificiales está nuevamente el dióxido de carbono que sale de los tubos de escape de los automóviles, de la boca de los altos hornos industriales, de las plantas térmicas y de toda la energía de máquinas de combustión interna en el mundo.
Tenemos los compuestos clorofluorocarbonados ( CFCs) que proceden de aerosoles, fluidos refrigerantes utilizados en aires acondicionados, solventes químicos y otros. Esto produce una sobreabundancia de gases de invernadero en la atmósfera.
Los rayos solares atraviesan la atmósfera y calientan el planeta. A su vez, la tierra absorbe esta energía calórica y después de tomar este aumento de temperatura empieza a irradiar calor. Es lo que vemos que sucede cuando en días muy calurosos las carreteras de asfalto se calientan y viene una pequeña lluvia que genera vapor en la carretera, producto del calor almacenado por la misma. Es un fenómeno que todos conocemos. Exactamente así sucede con el planeta. La tierra irradia calor en forma de radiación infrarroja hacia el espacio. Esta radiación no puede liberarse hacia el espacio porque los gases de invernadero artificiales atrapan el exceso de radiación y el calor no puede salir, calentando todo el planeta. Exactamente como sucede en los pequeños invernaderos donde los vidrios traslúcidos del techo dejan entrar el sol y no dejan salir el calor resultante, creando un microclima más cálido que el que lo rodea. De ahí viene el nombre de esta amenaza, Efecto de Invernadero.
¿Qué hacer, pues, en Panamá? Como ciudadanos debemos exigir una política de Estado ambientalmente correcta y esperar de los servidores públicos claridad meridiana y veracidad en estos temas. La tecnología de máquinas movidas por combustibles fósiles (petróleo y sus derivados) no cambiará en décadas, y al respecto es poco lo que podemos influir. Sólo hay que ver las proyecciones de venta de autos para los próximos años para entender que las emisiones de dióxido de carbono aumentarán progresivamente.
Hoy, cerca de dos tercios de la energía mundial es aportada por el petróleo y el carbón, y sólo cerca del 6 % de la energía la produce la hidroelectricidad. Aunque parezca paradójico es mucho lo que un país pequeño y en vías de desarrollo puede hacer. Verbigracia nuestros vecinos costarricenses generan prácticamente el 100 % de su energía con centrales hidráulicas; Costa Rica es el único país en América con tasa de deforestación cero, alrededor de un tercio de esa nación está protegida por un eficiente sistema de parques naturales y reservas biológicas. Tiene un interesante programa de venta de oxígeno de bosques y selvas a cambio de cuotas de emisiones tóxicas requeridas por países industrializados, y cuyo producto es utilizado en la preservación de los bosques y fuentes de agua del país. Es un plan simple que en Panamá podemos abordar: aumentar los parques nacionales, avanzar hacia la hidroelectricidad, detener la deforestación, hacer cumplir las leyes y trabajar con los niños desde las escuelas en materia ambiental.
Lo único que se requiere es visión y sentir a la Patria con el corazón y no con los bolsillos.

101 años de Panamá América

 
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