La mentada transición
Dicen que una mentira repetida muchas veces se convierte en verdad. Tal parece que eso es lo que quisieran los actuales funcionarios de gobierno quienes, aún a estas alturas del partido, todavía alegan con candidez que "no hubo transición, que no sabíamos lo que nos entregaban, que no hubo tiempo para conocer todos los detalles de cada uno de los despachos ministeriales que se entregaban...."
Y la primera en esgrimir esas tonterías es la máxima ejecutiva del país, quien con su ejemplo debería trazar la estela a seguir para continuar llevando a Panamá por senderos de prosperidad y progreso, donde por lo menos las pautas, ante su falta de bagaje profesional, estaban trazadas. Sin embargo, con motivo del aniversario de la celebración de las elecciones el pasado 2 de Mayo, la periodista Luz María Noli le hizo una entrevista, y entre las cosas que contestó fue que, precisamente, no hubo transición, que los dejamos con las arcas vacías, y otras más que ya nadie cree.
Para los que saben sumar, las elecciones se realizaron el 2 de Mayo del año pasado. Si bien es cierto que la transición presidencial en Panamá es muy larga (cuatro meses) los miembros del gabinete teníamos listos el 3 de mayo la información pertinente a cada departamento que integraba la dependencia que manejábamos. Se nombró una comisión de transición y hasta la señora Presidenta electa visitó el Palacio de las Garzas, dándose cuenta el esmero, buen gusto y caché, por decir lo menos, con que los esposos Pérez Balladares le entregarían el despacho, sin mencionarle en las deplorables condiciones que lo recibieron ellos. En ese entonces, la señora Moscoso hablaba con asiduidad y yo diría, con insistencia, con el entonces Presidente Pérez Balladares y él le ofreció toda su ayuda. Yo ella me hubiera asido de ese tronco, para recibir con generosidad toda la sapiencia en términos de estadista, que le hubiera podido transmitir el Presidente saliente, algo que seguramente no le enseñó su esposo.
Pero pasaron los meses, Pérez Balladares concedió y el arnulfismo exigió que cero consultas, cero transición, y algo que debió haber sido estructurado durante la campaña -el Gabinete al menos- no aparecía. Mientras tanto, algunos advenedizos se dedicaron a enviar memorándums a los ministerios que aspiraban a controlar, aduciendo que eran los designados para esos puestos. Existen documentos de que una conspicua legisladora, la misma que con sus escándalos destruyó un partido político, ahora reciclada en el arnulfismo, solicitó los programas y la descripción de las posiciones del Ministerio de la Juventud. Los miembros del gabinete que me honraba en integrar nos mantuvimos en guardia para cualquier eventualidad o cualquier escaramuza. Uno nunca sabe con los arnulfistas, y ahora con sus nuevos aliados. Una de las concesiones del entonces Presidente fue de que la privatización del aeropuerto, programada para mediados del mes de mayo no se llevaría a cabo. A la fecha no se ha hecho nada, perdiendo Panamá credibilidad ante las siete empresas internacionales que han invertido ingentes sumas de dinero para aspirar a esa concesión.
Durante esos tres meses, la marcha del trabajo no disminuyó. Yo estaba convencida que Dorita y Ernesto no dejarían de trabajar ni un solo día, y nosotros a la par de ellos. A veces me preguntaban por qué seguía presentando leyes, si ya había acabado el período de la Asamblea, pero yo me sentía con el deber moral de dejar, por lo menos, el testimonio de mi interés por aportar a las soluciones. Mientras tanto, la señora Presidenta electa se fue de viaje, a comprar ropa y a mandarse a hacer una banda presidencial con hilos de oro, en todo su derecho también a descansar y prepararse para el duro potro que tendría que montar por los próximos cinco años.
Finalmente, el 3 de Agosto se produjo el milagro. En una ceremonia la futura presidenta anunció su gabinete y se destapó la gran interrogante. A mi sucesor, le envié el "time table" del programa de transición que habríamos de ejecutar en tan solo tres semanas. No había llegado él a su oficina privada de la ceremonia del anuncio del gabinete cuando ya tenía en su escritorio el plan que se había diseñado hacía tres meses, con presentaciones en Power Point y en "hard copy", por si las moscas. De allí en adelante fue una carrera contra el tiempo. Todas las tardes nos reuniríamos, más sin embargo, nunca empezábamos a tiempo. Una de las peores características de un funcionario es que no sea puntual. A veces habían cancelaciones, pero el programa se diseñó para que absolutamente todas las direcciones del Ministerio de Gobierno y Justicia presentaran su misión, su ejecución y su "status" en el año. Ya se había preparado y sometido el presupuesto del 2000, así que prácticamente estaba el camino abonado para un excelente desempeño en los meses restantes del año 1999. No creo que haya sido tan color de rosa para mis colegas. Para algunos fue fácil, para otros fue imposible. Sé de casos en que solamente hubo una reunión, por la falta de voluntad de recibir la información que se necesitaba para desempeñar un puesto como el que se asumiría. Me consta que el Ministerio de la Presidencia no solamente recibió las actas de los 150 Consejos de Gabinete que se celebraron en cinco años, sino las mismas en forma digital, para evitar cualquier suspicacia. ¡¡Pero después alegaron que habían borrado los archivos de las computadoras!! En fin, a cada uno según su necesidad y de cada uno según su capacidad.
A las finales, no terminamos, por falta de tiempo eso fue, FALTA DE TIEMPO de poder entregar apropiadamente todo el engranaje gubernamental a funcionarios que llegaban a diario con cartitas para nombrar a fulanito en la posición de tal, y que cuánto paga y qué otro espacio se tiene para poder cumplir con tantos compromisos. O como ocurrió con el futuro ministro que llegó preguntando por un documento específico, que me había remitido en forma indirecta la Embajada Americana, y que aparentemente él sabía con precisión qué era, y después adujo que se lo había encontrado en una gaveta, cuando yo personalmente se lo entregué. Eso no fue óbice para que se firmara posteriormente un acuerdo bilateral cuyos términos son cuestionables.
Me hice presente en la transición de la Jefatura de la Policía, para acompañar a mi amigo Pepe Lucho -el futuro Ministro se quedó en la sala de espera, no sé aún por qué razón- y también le entregué, mediante acta, los activos del despacho, ante testigos. Me dicen que una vez salí del despacho, en la tarde del 31 de Agosto, el entonces designado Vice Ministro (que no duró ni dos meses en el puesto) arrancó violentamente de la pared de la entrada de mi despacho una plaquita que decía DESPACHO DE LA MINISTRA (era obvio que yo la había mandado a hacer, si era la primera mujer en ocupar el cargo), con el gesto de ¡hasta cuándo esta vaina aquí! Alguien me la envió, no sé si mis ex escoltas o mis ex secretarias, y tiene una capa de repello gruesa que demuestra la bajeza de la acción.
Esa es la verdad de la transición. Digan lo que digan los actuales funcionarios, se les ofreció información, se les brindó colaboración, se le dio luces. Pero si la cabeza decidió, luego de meses de permanente consulta, irse contra su antecesor, ¿qué se podía esperar del resto del rebaño?.
Y la primera en esgrimir esas tonterías es la máxima ejecutiva del país, quien con su ejemplo debería trazar la estela a seguir para continuar llevando a Panamá por senderos de prosperidad y progreso, donde por lo menos las pautas, ante su falta de bagaje profesional, estaban trazadas. Sin embargo, con motivo del aniversario de la celebración de las elecciones el pasado 2 de Mayo, la periodista Luz María Noli le hizo una entrevista, y entre las cosas que contestó fue que, precisamente, no hubo transición, que los dejamos con las arcas vacías, y otras más que ya nadie cree.
Para los que saben sumar, las elecciones se realizaron el 2 de Mayo del año pasado. Si bien es cierto que la transición presidencial en Panamá es muy larga (cuatro meses) los miembros del gabinete teníamos listos el 3 de mayo la información pertinente a cada departamento que integraba la dependencia que manejábamos. Se nombró una comisión de transición y hasta la señora Presidenta electa visitó el Palacio de las Garzas, dándose cuenta el esmero, buen gusto y caché, por decir lo menos, con que los esposos Pérez Balladares le entregarían el despacho, sin mencionarle en las deplorables condiciones que lo recibieron ellos. En ese entonces, la señora Moscoso hablaba con asiduidad y yo diría, con insistencia, con el entonces Presidente Pérez Balladares y él le ofreció toda su ayuda. Yo ella me hubiera asido de ese tronco, para recibir con generosidad toda la sapiencia en términos de estadista, que le hubiera podido transmitir el Presidente saliente, algo que seguramente no le enseñó su esposo.
Pero pasaron los meses, Pérez Balladares concedió y el arnulfismo exigió que cero consultas, cero transición, y algo que debió haber sido estructurado durante la campaña -el Gabinete al menos- no aparecía. Mientras tanto, algunos advenedizos se dedicaron a enviar memorándums a los ministerios que aspiraban a controlar, aduciendo que eran los designados para esos puestos. Existen documentos de que una conspicua legisladora, la misma que con sus escándalos destruyó un partido político, ahora reciclada en el arnulfismo, solicitó los programas y la descripción de las posiciones del Ministerio de la Juventud. Los miembros del gabinete que me honraba en integrar nos mantuvimos en guardia para cualquier eventualidad o cualquier escaramuza. Uno nunca sabe con los arnulfistas, y ahora con sus nuevos aliados. Una de las concesiones del entonces Presidente fue de que la privatización del aeropuerto, programada para mediados del mes de mayo no se llevaría a cabo. A la fecha no se ha hecho nada, perdiendo Panamá credibilidad ante las siete empresas internacionales que han invertido ingentes sumas de dinero para aspirar a esa concesión.
Durante esos tres meses, la marcha del trabajo no disminuyó. Yo estaba convencida que Dorita y Ernesto no dejarían de trabajar ni un solo día, y nosotros a la par de ellos. A veces me preguntaban por qué seguía presentando leyes, si ya había acabado el período de la Asamblea, pero yo me sentía con el deber moral de dejar, por lo menos, el testimonio de mi interés por aportar a las soluciones. Mientras tanto, la señora Presidenta electa se fue de viaje, a comprar ropa y a mandarse a hacer una banda presidencial con hilos de oro, en todo su derecho también a descansar y prepararse para el duro potro que tendría que montar por los próximos cinco años.
Finalmente, el 3 de Agosto se produjo el milagro. En una ceremonia la futura presidenta anunció su gabinete y se destapó la gran interrogante. A mi sucesor, le envié el "time table" del programa de transición que habríamos de ejecutar en tan solo tres semanas. No había llegado él a su oficina privada de la ceremonia del anuncio del gabinete cuando ya tenía en su escritorio el plan que se había diseñado hacía tres meses, con presentaciones en Power Point y en "hard copy", por si las moscas. De allí en adelante fue una carrera contra el tiempo. Todas las tardes nos reuniríamos, más sin embargo, nunca empezábamos a tiempo. Una de las peores características de un funcionario es que no sea puntual. A veces habían cancelaciones, pero el programa se diseñó para que absolutamente todas las direcciones del Ministerio de Gobierno y Justicia presentaran su misión, su ejecución y su "status" en el año. Ya se había preparado y sometido el presupuesto del 2000, así que prácticamente estaba el camino abonado para un excelente desempeño en los meses restantes del año 1999. No creo que haya sido tan color de rosa para mis colegas. Para algunos fue fácil, para otros fue imposible. Sé de casos en que solamente hubo una reunión, por la falta de voluntad de recibir la información que se necesitaba para desempeñar un puesto como el que se asumiría. Me consta que el Ministerio de la Presidencia no solamente recibió las actas de los 150 Consejos de Gabinete que se celebraron en cinco años, sino las mismas en forma digital, para evitar cualquier suspicacia. ¡¡Pero después alegaron que habían borrado los archivos de las computadoras!! En fin, a cada uno según su necesidad y de cada uno según su capacidad.
A las finales, no terminamos, por falta de tiempo eso fue, FALTA DE TIEMPO de poder entregar apropiadamente todo el engranaje gubernamental a funcionarios que llegaban a diario con cartitas para nombrar a fulanito en la posición de tal, y que cuánto paga y qué otro espacio se tiene para poder cumplir con tantos compromisos. O como ocurrió con el futuro ministro que llegó preguntando por un documento específico, que me había remitido en forma indirecta la Embajada Americana, y que aparentemente él sabía con precisión qué era, y después adujo que se lo había encontrado en una gaveta, cuando yo personalmente se lo entregué. Eso no fue óbice para que se firmara posteriormente un acuerdo bilateral cuyos términos son cuestionables.
Me hice presente en la transición de la Jefatura de la Policía, para acompañar a mi amigo Pepe Lucho -el futuro Ministro se quedó en la sala de espera, no sé aún por qué razón- y también le entregué, mediante acta, los activos del despacho, ante testigos. Me dicen que una vez salí del despacho, en la tarde del 31 de Agosto, el entonces designado Vice Ministro (que no duró ni dos meses en el puesto) arrancó violentamente de la pared de la entrada de mi despacho una plaquita que decía DESPACHO DE LA MINISTRA (era obvio que yo la había mandado a hacer, si era la primera mujer en ocupar el cargo), con el gesto de ¡hasta cuándo esta vaina aquí! Alguien me la envió, no sé si mis ex escoltas o mis ex secretarias, y tiene una capa de repello gruesa que demuestra la bajeza de la acción.
Esa es la verdad de la transición. Digan lo que digan los actuales funcionarios, se les ofreció información, se les brindó colaboración, se le dio luces. Pero si la cabeza decidió, luego de meses de permanente consulta, irse contra su antecesor, ¿qué se podía esperar del resto del rebaño?.